Joan Matabosch expone en Barcelona su ideario operístico

El director artístico del Teatro Real mantuvo un diálogo en CaixaForum con Llucià Homs dentro del ciclo de conferencias 'Construir escenarios'

03 / 12 / 2020 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 5 min

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Joan Matabosch Joan Matabosch © Teatro Real / Javier DEL REAL

El director artístico del Teatro Real de Madrid, Joan Matabosch, quien también liderara el apartado artístico del Gran Teatre del Liceu de Barcelona durante 16 años, participó el miércoles 2 de diciembre en CaixaForum Barcelona en una conversación con Llucià Homs, consultor cultural, comisario de exposiciones y codirector de Hänsel* i Gretel*, exponiendo su visión del género operístico en todas sus facetas, tanto desde el plano artístico y de la gestión como ante la problemática actual del sector.

Es uno de los directores artísticos más respetados de Europa. Joan Matabosch comenzó su vinculación profesional con el sector como crítico y, en 1993 se unió a la dirección artística del Gran Teatre del Liceu como adjunto del titular de entonces, Albin Hänseroth. En 1996 asumió el cargo en solitario liderando una etapa de renovación tan necesaria como no exenta de polémicas. En 2013 pasó al Teatro Real de Madrid, siempre como responsable del apartado artístico. En esta conversación abierta al público, Matabosch incidió en la importancia de mantener los teatros abiertos en estos momentos tan críticos para la sociedad. «Cerrar debe ser siempre la última opción. Hay que hacer todo lo posible para estar abiertos y mantener el contacto con el público y con los patrocinadores. Y también con los artistas que, al final, son los grandes damnificados de esta situación. Los teatros que estén cerrados durante un largo período tendrán muchas dificultades para volver a abrir. No será nada fácil».

"La ópera, como cualquier expresión artística, nos sirve para contemplarnos a nosotros mismos desde fuera"

Sobre la vigencia del lenguaje operístico y la polémica de ciertas puestas en escena, comentó que la ópera, «como cualquier expresión artística, nos sirve para contemplarnos a nosotros mismos desde fuera. En este sentido, La Traviata, el título que estrenará estos días el Liceu, es un ejemplo paradigmático que muestra la hipocresía de una sociedad, y por eso fue tan escandalosa en su estreno. Por eso, cuando se habla de una puesta en escena tradicional no puedo evitar reír. Lo que debe hacer un director de escena no es seguir las instrucciones escritas en un libreto o en la partitura, sino conseguir transmitir al público actual el mismo efecto que sintió el público del día del estreno».

Preguntado por Llucià Homs sobre la importancia de la base literaria en la ópera subrayó que «un buen texto literario no es necesariamente un buen texto operístico. Un buen libreto es el que permite al compositor un margen para expresarse a través de la música. Si el texto es demasiado rico en referencias este margen no es suficientemente amplio. Hay excelentes libretos operísticos que simplemente leídos no tienen el más mínimo interés».

Una de las grandes leyendas de la ópera es la dificultad de tratar con los llamados divos. «El famoso divismo de los cantantes en realidad se trata de inseguridad. Los cantantes tienen una gran responsabilidad y puede que un día no estén en perfectas condiciones o tengan problemas personales y eso provoca que, en algún momento, puedan tener reacciones extrañas que hay que saber reconducir. Pero hoy en día los cantantes son muy profesionales y están muy acostumbrados a trabajar en equipo».

Sobre la calidad de las voces en la actualidad y la duración de sus carreras, Joan Matabosch argumentó que «no es que haya una crisis de voces. Los cantantes hoy en día están mejor preparados que nunca a nivel musical, teatral y técnicamente. El problema es que cantan mucho y demasiado temprano. Ahora es posible cantar un día en Barcelona y el siguiente en Nueva York, lo cual es perjudicial, mientras que hace unos años los desplazamientos eran más complicados y los cantantes descansaban más entre una producción y otra, lo cual repercutía en su forma vocal. Por otra parte, aparecen en escenarios importantes siendo demasiado jóvenes. Ganan un concurso y al año siguiente están cantando Don Ottavio en el Festival de Salzburgo. En el pasado un tenor, antes de ir a Salzburgo, había interpretado ese rol en muchos pequeños y medianos teatros y tenía la base y la experiencia necesarias. Eso provoca que las carreras que antes duraban 40 años ahora apenas duren diez».

Durante casi 90 minutos hubo espacio para hablar también de los coliseos líricos más importantes de Europa, sus diferentes modelos de financiación y de los presupuestos de los grandes teatros españoles. También se tocaron temas como el de la renovación del repertorio en el país en las últimas tres décadas, de la importancia de atraer a nuevo público infantil y juvenil tomando como referencias principales tanto al Teatro Real como al Gran Teatre del Liceu.- ÓA