Herrera y Torres Pardo: zarzuela en femenino

La mezzosoprano y la pianista ofrecieron un recital en el madrileño Teatro de La Zarzuela

06 / 04 / 2022 - Gema PAJARES - Tiempo de lectura: 3 min

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nuevesurtesdemujer-operaactual-fabiola-zarzuela (1) Una escena de 'Nueve suertes de mujer', con textos de Juan Marchán © Teatro de La Zarzuela / Elena DEL REAL
nuevesurtesdemujer-operaactual-fabiola-zarzuela (1) Nancy Fabiolla Herrera y Silvia Abascal © Teatro de La Zarzuela / Elena DEL REAL
nuevesurtesdemujer-operaactual-fabiola-zarzuela (1) La mezzosoprano Nancy Fabiola Herrera con Rosa Torres Pardo al piano © Teatro de La Zarzuela / Elena DEL REAL

El Teatro de La Zarzuela de Madrid vibró el pasado martes con el recital Nueve suertes de mujer a cargo de la mezzosoprano Nancy Fabiola Herrera con Rosa Torres Pardo al piano, un viaje a través de grandes fragmentos del género que unieron los textos de Juan Marchán declamados por Silvia Abascal

En tiempos de ruido, de tanto ruido terrible y lleno de sangre la música, dice el escritor, “es una respiración. Existe. Tiene cuerpo y habita en el aire”. El autor era Juan Marchán, quien firmó cada uno de los textos que ayer hilaron dando forma a un todo las Nueve suertes de mujer que se escucharon en el Teatro de La Zarzuela de Madrid. Con música de Luna, Serrano Chapí, Chueca, Valverde y Lleó cantó la mezzo Nancy Fabiola Herrera. Al piano, Rosa Torres Pardo, que bordó y vibró con sus dos intervenciones en solitario, El pelele, de Goyescas de Granados, y una apertura de programa con la Danza Nº 1 de La vida breve de Falla. Al dúo se unió la actriz Silvia Abascal, narradora de las palabras escritas en honor de Zarzuela, de una dama principal, de un pedazo de señora que interpretó la artista canaria con voz, gracia y sensualidad.

Abrió la velada “De España vengo”, aludiendo a la zarzuela viajera, a la música que une sin necesidad de llevar el pasaporte en la mano, y ya el ambiente se empezó a caldear. El teatro estaba lleno y el público ovacionó una y otra vez los chispazos del género castizo, espléndidamente cantado por la intérprete canaria. Fue un viaje que llevó a los presentes “hasta donde nunca habíamos imaginado”, según algún comentario, con un piano que habló para decir que Zarzuela fue una mujer.

Herrera, galardonada con el Premio ÓPERA ACTUAL 2018, vistió de fucsia y mantón en gris y con flores bordadas en el mismo tono que el vestido. Se acercó al piano, avanzó por el escenario, llegó casi a las lágrimas, se expresó con todo su cuerpo, miró al público con sus ojos negros, muy negros y dio lo mejor de una artista que ha demostrado todo (o casi) sobre las tablas. A través de esa cartografía sentimental en forma de textos que hizo suyos Abascal, dando sentido, sensibilidad y hondura a cada palabra, Zarzuela, que hay que escribir en mayúscula por todo, cruzó océanos, danzó y sintió el amor y la pasión. Llegó a Andalucía, donde “la luz es un apellido”, según los textos de Marchán, escritor y divulgador que, además, es el jefe de prensa del coliseo madrileño, para quien el sur es una tierra que “guarda el sol en el pañuelo rojo de los geranios y en los besos”, en los días de amor y calor, de recuerdos de “madrugadas en que fuimos felices”.

En línea recta

La mezzo y la pianista formaron un dúo estupendo, se miraron, se jalearon con los gestos y se adecuaron la una la otra. Torres Pardo disfrutó e hizo gozar al público con Granados, tan suyo, tan querido. La levita marrón que lucía, preciosa por sencilla, le daba aire y empaque. Casi besó el teclado, casi se levantó, casi se desespera con el mechón de cabello que se le descolgaba. Precioso. En “Qué te importa que no venga” de Los claveles, Herrera casi dejó escapar las lágrimas, cerca, muy cerca del piano. Y los aplausos llovieron. Se lo merecía.

El viaje de Zarzuela ayer solo se detuvo, no ha acabado. Continuará. “Seguimos avanzando en línea recta. Siempre hacia delante”, se escuchó, mientras la cantante aprendía a sisar con gracia y se cubría totalmente con el mantón. “Que venga lo que sea, pero que nos sorprenda amando”, dice Marchán cuando daba paso a “Son las mujeres de Babilonia” de La corte del faraón, que protagonizó una pícara Nancy Fabiola.

El viaje acababa. De momento solo. Tras recibir los aplausos llegó la propina también con nombre de mujer, “Mulata infeliz” de María la O, bellísimo tema donde los haya (Ernesto Lecuona es su artífice) y que recientemente se pudo escuchar en la voz dce Lisette Oropesa en la misma casa. Y el público, feliz, dejó el teatro dispuesto a emprender ese “viaje al futuro de brazos abiertos que nos espera”. Ojalá sea así, por la Zarzuela.– ÓA