Fallece a los 97 años la soprano Virginia Zeani

La legendaria cantante nacida en Transilvania llevaba semanas en un delicado estado de salud en su residencia de Florida, Estados Unidos

21 / 03 / 2023 - Mario HAMLET-METZ - Tiempo de lectura: 4 min

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Virginia-Zeani-Traviata-operaactual Virginia Zeani en una de las 650 funciones de 'La Traviata' que cantó en su carrera © Colección M. H.-M.
Zeani Como Elvira de I Puritani Como Elvira de 'I Puritani', uno de sus roles preferidos. Lo debutó en Florencia en 1952 © Colección M. H.-M.
Zeani Como Alzira de Verdi Como Alzira de Verdi, ópera que exhumó (Roma, 1967) © Colección M. H.-M.
Virginia Zeani como Manon Lescaut Liceu Virginia Zeani como Manon Lescaut, personaje que conmovió al público del Gran Teatre del Liceu de Barcelona en 1971 © Colección M. H.-M.
Virginia Zeani Virginia Zeani en su casa de Palm Beach, celebrando su 85º cumpleaños © Colección M. H.-M.

Reconocida como una de las grandes cantantes-actrices de su tiempo, el personaje de Violetta Valéry fue sin duda su preferido. Virgina Zeani lo paseó por medio mundo desde que lo debutara en Bolonia en 1948 interpretándolo unas 650 veces. Con una trayectoria prodigiosa, hacia mediados de la década de 1960 ya se había convertido en una cantante de culto para después ser reconocida como leyenda. Fue una de las primeras cantantes que en Los cuentos de Hoffmann asumió los cuatro roles femeninos y participó activamente en la bel canto renaissance.

Nacida un pequeño pueblo en Transilvania el 21 de octubre de 1925, Virginia Zehan emigró a Italia apenas había cumplido 21 años en 1947 con el apoyo de sus padres, autoridades locales y diplomáticas, deseosa de triunfar en la lírica. En su país de adopción cambió su apellido por el de Zeani, con el que construiría una carrera legendaria. La admirada cantante y, posteriormente, maestra de canto, falleció anoche, el 20 de marzo, en Florida (Estados Unidos) donde se encontraba ingresada desde el pasado verano debido a diversos problemas de salud asociados a su avanzada edad.

La Zeani, al instalarse con su familia en Italia tuvo la buena fortuna de caer en las manos de Aureliano Pertile y Lydia Lipkowska, dos excelentes maestros que, conscientes del talento que tenían delante, le hicieron trabajar duro dejándola muy bien preparada al año de haber comenzado con sus clases para vivir el enorme éxito que tuvo en su debut en el Teatro Duse de Bolonia el 16 de mayo de 1948, como Violetta Valéry, el rol que la marcó, con el cual dio la vuelta a la península itálica y al mundo entero, que cantó unas 650 veces y que sin duda fue siempre su preferido.

"Hacia mediados de la década de 1960 ya había llegado a ser una cantante de culto, para luego pasar a ser reconocida como leyenda"

Alta y esbelta, elegante, su belleza física llamaba tanto la atención como la hermosura del timbre su voz voluminosa, con tres octavas de extensión, fácilmente reconocible y que además tenía un pigmento que se prestaba a las mil maravillas para la expresividad, condición indispensable para los roles belcantistas que ocuparon toda la primera etapa de su carrera y que le sirvieron enormemente una vez que la técnica había llegado a la perfección y que la voz comenzaba a tomar más cuerpo y le pedía que se aventurase en otros repertorios (verismo y post-verismo), lo que hizo en forma natural, sin trucos y sin perder el brillo en el registro agudo. Su seriedad y dedicación eran totales. Como si todo eso fuera poco, Virginia Zeani estaba dotada de una personalidad fuerte, pero optimista, jovial, cariñosa, amable, acogedora con sus colegas y fans, casi todos incondicionales, lo que le valió el respeto y la admiración de todos ellos, sin excepción. En otras palabras, el carácter típico de una persona de gran humanidad y de una artista que no ha conocido fracasos. Así fue como hacia mediados de la década de 1960 ya había llegado a ser una cantante de culto, para después pasar a ser reconocida como leyenda.

Una vez expandido, su repertorio fue vastísimo y abarcaba desde la Cleopatra de Händel a la Tamara de Rubinstein, de la Serpina de Pergolesi a la Maria Vetzera de Giuranna, de la Carolina de Cimarosa a la Irene de Rossellini, de la Novena Sinfonía a la Condesa Tersky de Zafred, en fin, de las Aminas, Lucias y Adinas a la Turandot de Busoni, a las Fioras de Montemezzi, Alissas de De Banfield, Katiushas de Alfano, Elles de Poulenc… A su haber están también las dos Zelmiras (Gluck y Rossini), las dos Magdas (Puccini y Menotti), las dos Desdemonas (Rossini y Verdi), las dos Margaritas (Gounod y Boito), las dos Manones (Massenet y Puccini)… Con Wagner obtuvo grandes aplausos como Elsa (Palermo 1966) y Senta (Roma, 1970), y lo mismo sucedió con Tatiana (Roma, 1965). Al menos dos roles, Blanche de la Force (Dialogues des carmélites) y Alissa (de la ópera homónima escrita por Raffaello de Banfield), fueron compuestos para ella. También fue una de las primeras cantantes que en Los cuentos de Hoffmann asumió los cuatro roles femeninos (Roma, 1960). Pero eso no fue todo. Virginia Zeani participó activamente en la así llamada bel canto renaissance con sus inolvidables prestaciones en Maria di Rohan (Nápoles, 1962), Zelmira (Nápoles, 1965) y Alzira (Roma, 1967), óperas que ayudó a exhumar sacándolas del olvido parcial o total en que habían caído durante más de un siglo.

En enero de 1952, en las funciones de I Puritani en Florencia, uno de sus colegas era Nicola Rossi-Lemeni, pero el contacto entre los dos fue solamente profesional. Cuatro años más tarde, cuando se volvieron a encontrar para la histórica función de Julio César en La Scala de Milán, se enamoraron perdidamente y a los pocos meses contrajeron matrimonio. Desde entonces, y hasta el fallecimiento del famosísimo bajo en 1991, cantaron y viajaron juntos en la medida de lo posible, y tuvieron una vida matrimonial feliz y armoniosa en compañía de Alessandro, hijo único, nacido en enero de 1958.

En Italia, no hubo teatro donde no cantase a lo largo de una carrera de casi 30 años en ese país, pero su fama, que había cruzado las fronteras muy pronto, la llevó a teatros de todo el mundo. Viena, París, Londres, Dublín, Bucarest, Suiza, Montecarlo, Múnich o El Cairo, celebraron su presencia al igual que algunos escenarios españoles y del Nuevo Mundo.

"En Barcelona fue una figura idolatrada desde que pisó por primera vez el escenario del Liceu en diciembre de 1963"

En España debutó en San Sebastián y Oviedo, cantando Mimì, Micaëla, Nedda y Violetta (septiembre 1949). En Madrid fue Adina y Violetta (abril 1958) y luego Cio-Cio San (junio 1965). Y en Barcelona, donde fue figura idolatrada desde que pisó por primera vez el escenario del Liceu en diciembre de 1963 (La Traviata e Il piccolo Marat), regresando al año siguiente en La Bohème y en 1965 en Madama Butterfly, antes de que en 1967 volviera como Mimì, Alissa y Suor Angelica. Después de eso, las veces que volvió le significaron triunfos apoteósicos, en sus actuaciones como Manon Lescaut, (1971), Tosca (1975), Fedora (1977), las tres con un flamante Plácido Domingo, quien se transformó en uno de sus tenores predilectos, junto con Alfredo Kraus, con quien cantó tantas funciones de Traviata en los inicios de su carrera y que también fuera frecuentemente su Werther, desde su debut en la ópera de Massenet (Bari, 1972). Las funciones de Manon Lescaut en el Liceu barcelonés de 1971, con ella perfecta en su ejecución vocal y teatral, despertaron vivas emociones en el público a tal punto que las manos de muchos de los asistentes pasaban del aplauso al refriegue de los ojos humedecidos.

© Ópera de Miami

A la izquierda, junto a Ramón Tebar durante los ensayos de 'La rondine' en Miami, acompañada de Renata Scotto, Nadine Sierra y Sebastian Spren

En el Nuevo Mundo la Zeani debutó como Lucia di Lammermoor en São Paulo (noviembre 1955), regresó en 1958 para unas funciones de La Traviata y nuevamente en 1968, para Aida y Traviata. En Santiago de Chile se celebraba el centenario del Teatro Municipal en 1957 y la soprano, en plena forma vocal, fue la sensación de la temporada brindando memorables rendiciones de Violetta, Manon y Margarita (Gounod). En el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de Mexico se vistió de Violetta y Zerlina en 1958. En Rio de Janeiro, fue Amina y Violetta en 1959. En Montreal (octubre de 1965), otra pica en Flandes, esta vez como Aida, un rol que Zubin Mehta la había convencido que asumiese. Y, por supuesto, Nueva York, donde se le escuchó como Violetta (noviembre de1972), la Desdemona rossiniana durante la gira de la Ópera de Roma (junio 1968) y en un Concierto de Gala en memoria de Richard Tucker (Carnegie Hall, 1980), cuando su carrera en los escenarios estaba finalizando. De hecho su última función fue en San Francisco, donde participó en Diálogos de carmelitas, ya no como Blanche de la Force, sino como Sor María (octubre de 1982).

Durante ese mismo año, el matrimonio Rossi-Lemeni / Zeani se mudó de la hermosa villa en las afueras de Roma para instalarse en Bloomington (Indiana, USA) donde ambos se dedicaron a la enseñanza. Ya viuda, Virginia Zeani cambió su residencia en Indiana por otra, en Florida, donde vivió hasta el final de sus días trabajando como maestra de canto, en compañía del hijo y su familia y gracias a su memoria privilegiada, gozando de sus innumerables recuerdos y especialmente del cariño y admiración de todos quienes le conocieron como artista, maestra y amiga ejemplar.– ÓA