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Fallece a los 79 años Felicity Lott, la gran dama del canto
La gran soprano británica murió el pasado viernes 15 de mayo, después de anunciar en la radio de la BBC que padecía un cáncer terminal
“Hay gente que no tendría que morir nunca” es lo primero que se le pasa a uno por la cabeza cuando se entera de la muerte de alguien como Felicity Lott. Por tópico que sea este pensamiento es genuinamente cierto. Aunque de ella, por suerte, nos quedará siempre su voz y sus interpretaciones musicales que, lejos de manierismos o efectismos, llegaban a lo más profundo del alma, y con tan solo un hilo de voz conseguía llegar también al final de los teatros para causar una emoción generalizada. Ella fue, sin duda la Grande Dame del canto, del canto en general, pues se paseó con la misma elegancia por la ópera, la opereta o el Lied.
Quienes tuvimos la gran suerte de conocer y tratar a Felicity Lott (Cheltenham, Reino Unido, 8 de mayo de 1947 – Sussex, 15 de mayo de 2026) consideramos ese encuentro como un privilegio de esos que atesoras para toda la vida. Pudimos comprobar que vivió de la misma manera que cantó, con una elegancia y adecuación fuera de lo normal. Si había alguien demasiado humilde en este mundo, esta era Felicity. Había cantado en todos los teatros principales del mundo –y cuando digo todos, no es una frase hecha, porque son todos– pero la manera en que lo explicaba era de una naturalidad tremenda, sin aspavientos, y cuando alguien, tal vez un artista joven, le recordaba sus grandes éxitos y cuán referencial era, se veía el fondo de los ojos de Flott –como la llamaban sus amigos– un ápice de susto, como de vértigo de todo lo que había llegado a hacer y trabajar.
Francia y Glyndebourne
Nacida en Cheltenham, Reino Unido, pronto se sintió atraída por la cultura francesa, y por eso estudió francés y latín en la Universidad de Londres. Cuando se trasladó a Francia un año para enseñar en una escuela de niños, se apuntó a estudiar música y allí nació la gran soprano, con ese chic francés que ya nunca la abandonaría.
Su carrera debería estudiarse en los conservatorios por cómo, manteniéndose fiel a sus gustos y a lo que se adaptaba a su personalidad y a su voz, se puede hacer una carrera internacional rutilante, siempre basada en la verdad. Muy vinculada al Festival de Glyndebourne –ella misma residía en Sussex–, debutó allí en 1975 como Pamina de Die Zauberflöte y ofreció en el Festival la mayoría de sus roles, exquisitos siempre, como Madeleine de Capriccio o Anne Truelove de The Rake’s progress.
Se paseó por todos los principales teatros del mundo, destacando en sus interpretaciones de las óperas de Mozart como Condesa en Le nozze di Figaro o Fiordiligi en Così fan tutte, y de Richard Strauss, como Arabella o la infrecuente Intermezzo. Pero si en un rol sobresalió por encima de todos haciendo una creación inigualable es la Mariscala de Der Rosenkavalier que interpretó en teatros de tanta importancia como la Metropolitan Opera House de Nueva York, el Teatro Real de Madrid o para la reapertura de La Monnaie-De Munt de Bruselas. Por suerte su interpretación antológica quedó grabada en vídeo en la Wiener Staatsoper junto a Anne Sophie von Otter y Barbara Bonney y dirigida por Carlos Kleiber.
Hacia los años noventa, con su gran inteligencia y buen gusto, sorprendió ofreciendo casi una segunda carrera interpretando opereta de manera hilarante, quedando así grabada ya para siempre en nuestras retinas interpretando “Ah, que j’aime les militaires» en La grande-duchesse de Gérolstein en el Théatre des Champs-Élysées dirigida escénicamente por Laurent Pélly y musicalmente por Marc Minkowski, en La viuda alegre de Franz Léhar o en La belle Hélène de Jacques Offenbach.
Capítulo aparte merece su interpretación de La voix humaine de Poulenc, que dejó filmada junto a Graham Johnson, su pianista inseparable de recitales. Precisamente en el campo de la canción excedió al mismo nivel con interpretaciones exquisitas de Strauss, Schubert, Poulenc o Hahn, que son una auténtica referencia en el género, pero también en el repertorio inglés o cantando Cole Porter. Ella supo impregnar las palabras con su significado musical, tal vez por sus estudios en francés, como pocas. Como liederista se presentó en distintas ocasiones en el reconstruido Gran Teatre del Liceu en la década de los 2000.
Felicity y el Life Victoria
Tuve la suerte de conocer bien a Felicity estos últimos años desde que vino por primera vez al Life Victoria para unas masterclasses en abril de 2022 en el Museo de la Música de Barcelona con jóvenes becados de la Fundación Victoria de los Ángeles. En esa ocasión se prestó a cantar con los jóvenes y después del recital se organizó una gran cena el Sant Pau Recinte Modernista. “¿Todo esto por mí?” dijo al ver el despliegue de la cena. Ella era así, elegante sin pretenderlo y sofisticada como pocas de manera natural.
Ofreció con nosotros distintas masterclass en Barcelona y en Madrid, pero lo que recordaremos siempre fue el espectáculo creado por Vincent Huguet sobre la relación amorosa entre Hahn y Proust que ofrecimos en 2023. En él, Flott leía la correspondencia de Marcel Proust a Reynado Hahn y Mercedes Gancedo e Irene Mas Salom le daban respuesta con las canciones de Hahn en una dramaturgia creada por Vincent Huguet con Julius Drake al piano. La experiencia de esa única función nos marcó a todos y tanto los ensayos como la función estuvieron cargados de emoción y alguna lágrima. A Huguet precisamente le dijo “Ojalá fuera más joven para que me llevases por el mundo a hacer cosas juntos”. “I loved every minute” (“He amado cada minuto”) me escribió a mí dentro de un libro de David Hockney –quien hizo la escenografía para The Rake’s progress en Glyndebourne en 1975– y que me regaló. Teníamos la sensación de estar creando una tercera carrera para la vital Flott. Al final del espectáculo ella abandonaba el escenario y Mas Salom y Gancedo se quedaban acostadas cantando ‘À Chloris’. Se la veía más Mariscala que nunca. Ahora lo pienso y tal vez fue la última vez en que actuó un teatro donde se representaba escena.
Y es que ella era como el personaje de Strauss: elegante en toda ocasión, con ese punto de travesura de cuando has vivido una gran vida, tremendamente vital y sonriente pero con ese punto de nostalgia en el que siempre parecía estar a punto de decir el último “ja, ja” de la ópera de Strauss. Por esa vitalidad tremenda, humildad y generosidad enormes, nos quedamos todos con ganas de un poco más de Felicity. Aunque creo que con ella nunca hubiésemos tenido suficiente.
Night and day, you are the one…
* Marc BUSQUETS FIGUEROLA, director artístico de la Fundación Victoria de los Ángeles y ex corresponsal en Nueva York de ÓPERA ACTUAL
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