El Liceu revisita 'Don Pasquale' de la mano de Damiano Michieletto

El gran Carlos Chausson explica las claves de su referencial protagonista con el que el Liceu inaugura su temporada, una obra maestra de la 'opera buffa'

12 / 09 / 2022 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 4 min

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donpasquale-operaactual-liceu Un momento del 'Don Pasquale' de Damiano Michieletto que se verá en el Liceu © The Royal Opera House / Clive BARDA

Barcelona

Gran Teatre del Liceu
Donizetti: DON PASQUALE
18, 19, 21, 22, 24, 25, 26, 27, 28, 30, 31_07

Don Pasquale: Carlos Chausson / Alessandro Corbelli. Norina: Sara Blanch / Serena Sáenz. Ernesto: Xabier Anduaga / Santiago Ballerini. Dottore Malatesta: Andrzej Filonczyk / Carles Pachón. Un notaio: David Cervera. Orquestra Simfònica del Gran Teatre del Liceu. Cor del Liceu (Dir.: Pablo Assante). Dirección musical: Josep Pons. Dirección de escena: Damiano Michieletto.

 

El Liceu inaugura su temporada con una de las grandes creaciones de un Donizetti en plena madurez, obra maestra indiscutible de la opera buffa. Será en la producción de Damiano Michieletto y con Josep Pons en el podio, pero no cabe duda de que el gran aliciente de estas funciones estará en el escenario. La veteranía de dos gigantes como Carlos Chausson (que más abajo brinda las claves para enfrentar a su personaje) y Alessandro Corbelli, junto a la juventud y el talento de Sara Blanch, Serena Sáenz, Xabier Anduaga y Carles Pachón, parecen encarnar la combinación perfecta para unas representaciones de alto voltaje.

Estrenada en 1843 en el parisino Théatre des Italiens, Don Pasquale constituye la última expresión de una larga e ininterrumpida tradición, el melancólico canto del cisne de un género: la opera buffa. Las posteriores Falstaff (1893) y Gianni Schicchi (1918), de Verdi y Puccini respectivamente, indiscutibles obras maestras, son creaciones ya desconectadas de los años de efervescencia de un género al que, en gran medida, le rinden tributo. Con la opera buffa una tipología específica de personajes sube al escenario representando la sociedad de una época en la que la burguesía comienza a reinar, aquí mezclados con arquetipos de la commedia dell’arte, adquieriendo una entidad dramática muy definida.

Así pues, Don Pasquale es el último heredero de Pantaleón, el viejo burlado por pretender a una joven contraviniendo las leyes de la naturaleza y finalmente castigado por ello. Pero Donizetti, con refinamiento extremo, otorga al personaje una complejidad y un patetismo absolutamente novedoso. Este complejo equilibrio entre comicidad y humanidad que requiere el personaje protagonista de esta delicia de obra lo han conseguido muy pocos cantantes, y dos de ellos, Alessandro Corbelli y Carlos Chausson, son distinguidos herederos de la mejor tradición del basso buffo. En el caso del barítono zaragozano, además, estas funciones en el Liceu, teatro en el que ha cantado tanto y tan bien, tendrán un sabor especial pues interpretará por fin en Barcelona probablemente la más grande de sus creaciones.

Carles Pachón: "tendré la oportunidad de compartir escenario tanto con Chausson como con Corbelli, algo muy especial para mí pues les considero dos gigantes del género y dos referentes"

También para Carles Pachón estas representaciones serán inolvidables. Por un lado, con Malatesta asumirá su primer papel protagonista en el Gran Teatre y, por otro, lo hará junto a “dos de los cantantes que más admiro”, según afirma. El joven barítono catalán se muestra emocionado al comentar estas funciones de Don Pasquale porque, dice, “tendré la oportunidad de compartir escenario tanto con Chausson como con Corbelli, algo muy especial para mí pues les considero dos gigantes del género y dos referentes”. Será la primera vez que lo haga con Alessandro Corbelli, pero no con Chausson, con quien ya interpretó en Valencia La Cenerentola. “Cantar el dúo entre Magnifico y Dandini con él fue inolvidable y estoy seguro de de que el de Don Pasquale y Malatesta no va a ser menos”.- ÓA

Carlos Chausson como Don Pasquale en la producción de Laurent Pelly

"Yo, Don Pasquale". Por Carlos CHAUSSON

Don Pasquale, un personaje bufo arquetípico derivado del Pantalón y de la commedia de l’arte, representa la cima del repertorio de la ópera cómica, no solo por ser el protagonista de la que cronológicamente es la última representante del género, sino también por conseguir la perfecta comunión entre tragedia y comedia, digna del mejor Mozart-Da Ponte.

El rol constituye un desafío importante para cualquier intérprete que se haya especializado en el género. La partitura de Don Pasquale es algo más grave que, por ejemplo, la de Dulcamara de L’elisir d’amore del mismo compositor o de los personajes de Rossini del género Bufo, como el Dr. Bartolo, por ejemplo. Todos estos roles transitan por una tesitura cuasi baritonal y muchos cantantes los pueden abordar sin problemas.

Sin embargo, Don Pasquale está diseñado por Donizetti para bajo o bajo-barítono, capaz de cubrir las necesidades tímbricas y dramáticas que requiere el compositor y que varían en muchos momentos de la ópera. Esto, unido a la utilización de una orquesta numerosa y densa, hace que el cantante que asuma el papel posea una buena técnica de proyección vocal para hacerse oír por encima de la orquesta.

Las dificultades típicas del repertorio están presentes en Don Pasquale: canto sillabato, trabalenguas, agilidad, uso del falsete, precisión rítmica, dicción clara, colores expresivos y, por supuesto, la habilidad actoral para dar la enorme dimensión teatral que tiene el personaje.

No olvidemos que Donizetti denomina la obra como dramma buffo, es decir, no todo son carcajadas. Es un personaje que, como se dice en el texto, tiene más de 70 años. Entender la psicología de una persona de esa edad, sometida a manipulaciones, provocaciones e incluso agresiones físicas –no olvidemos la bofetada que le sueltan en el tercer acto– no es nada fácil. Y aunque el libreto de Giovanni Ruffini, muy retocado por Donizetti, ayuda a explicar lo que Don Pasquale va experimentando emocionalmente en toda la obra, igualmente es muy necesario un análisis psicológico profundo del rol.

Es obvio que la labor del director de orquesta es vital para crear un personaje creíble, divertido y no esperpéntico. Mayor, pero no decrépito, ni tampoco demasiado energético. En definitiva, exige encontrar un equilibrio teatral y también, por supuesto, musical, que exprese la grandeza de esta obra maestra. * Carlos CHAUSSON