El horror del mal de 'Les bienveillantes', la nueva ópera de Hèctor Parra

La Ópera de Flandes estrena la versión operística de la controvertida novela de Jonathan Littell sobre el Holocausto con dirección de escena de Calixto Bieito

23 / 04 / 2019 - Lourdes MORGADES - Tiempo de lectura: 7 min

Print Friendly, PDF & Email
'Les Bienveillantes', de Hèctor Parra y con dirección de escena de Calixto Bieito, se estrenó con gran éxito en la Ópera de Flandes © Opera Ballet Vlaanderen / Annemie AUGUSTIJNS
'Les Bienveillantes', de Hèctor Parra y con dirección de escena de Calixto Bieito, se estrenó con gran éxito en la Ópera de Flandes © Opera Ballet Vlaanderen / Annemie AUGUSTIJNS
'Les Bienveillantes', de Hèctor Parra y con dirección de escena de Calixto Bieito, se estrenó con gran éxito en la Ópera de Flandes © Opera Ballet Vlaanderen / Annemie AUGUSTIJNS
'Les Bienveillantes', de Hèctor Parra y con dirección de escena de Calixto Bieito, se estrenó con gran éxito en la Ópera de Flandes © Opera Ballet Vlaanderen / Annemie AUGUSTIJNS
'Les Bienveillantes', de Hèctor Parra y con dirección de escena de Calixto Bieito, se estrenó con gran éxito en la Ópera de Flandes © Opera Ballet Vlaanderen / Annemie AUGUSTIJNS

El compositor Hèctor Parra convierte en ópera la controvertida novela de Jonathan Littell que narra el Holocausto desde la perspectiva de un oficial de las s, que se estrena este mes en la Ópera de Flandes en una coproducción con la de Núremberg y el Teatro Real de Madrid con dirección de escena de Calixto Bieito.

Calificada como una de las mejores novelas de los últimos 50 años, Les bienveillantes (Las benévolas) de Jonathan Littell es uno de los más estremecedores viajes a las entrañas del Mal a través de un frío, cultivado e inteligente oficial de las SS, Max Aue que ha sobrevivido a su pasado nazi y, 30 años después convertido en próspero industrial en Francia con nombre falso, cuenta de forma exhaustiva y sin atisbo de remordimiento su pasado, su eficiente participación en las matanzas de judíos en Ucrania y en los campos de extermino que le llevaron a conseguir antes de cumplir 30 años el grado de teniente coronel y la máxima condecoración, la Cruz de Hierro, por su intervención en el sitio de Stalingrado, y también su amor incestuoso por su hermana gemela, con la que tuvo mellizos, su homosexualidad y como asesinó a su madre y a su padrastro. El compositor catalán Hector Parra (Barcelona, 1976) y el Iibretista austríaco Hándl Klaus (Rum,Tírol, 1969) han convertido la monumental novela en una ópera de cuatro horas que la Ópera de Flandes, en coproducción con la de Núremberg y el Teatro Real de Madrid, estrena el 24 de abril en Amberes con dirección de escena de Calixto Bieito y musical de Peter Rundel. La nueva ópera se representará en mayo en Gante, el próximo año se verá en Núremberg y está previsto que llegue al Real la temporada 2021-22.

Hèctor Parra. / Elisabeth SCHNEIDER

El proyecto, una idea del director artístico de la Ópera de Flandes, Aviel Cahn, y del director de escena Calixto Bieito, se ha realizado con gran rapidez desde que Líttell diera el permiso para que su novela se convirtiera en ópera, a finales del verano de 2016. Cahn no quería dejar la Ópera de Flandes —la próxima temporada asume la dirección artística del Gran Theatre de Genéve— sin estrenar la obra. Händl Klaus dedicó un intenso año a condensar las más de mil páginas de la novela en un libreto en alemán y francés que sigue, por voluntad de Bieito, las siete partes con títulos de suite barroca en las que Líttell divide el li Iibro, y Hector Parra ha tardado otro año para componer la que es su cuarta ópera, una obra de dimensiones wagnerianas. “No se puede abordar un libro de mil páginas que repasa todo el exterminio judío en una hora y media sería un insulto», se justifica sobre las cuatro horas de música que ha compuesto.

Libretista y compositor no han dudado en sumergirse en la barbarie para hacer la ópera. Händl Klaus había leído la novela cuando se publicó en 2006 y volvió sobre ella hasta cuatro veces para convertirla en un libreto. “La releía de rodillas porque es una gran obra, pero a la vez odiándola porque era la única manera que tenía de protegerme. Lo más duro fue tener que identificarme con el protagonista, ya que debíamos verlo todo a través de sus ojos. Escribir con la voz de Max Aue constantemente hablándome al oido me llevó al borde del abismo”, cuenta el libretista, quien afirma que el resultado se divide en unos hechos históricos y el drama griego de la vida personal del protagonista y todo ello forma una cruz.

 

Hèctor Parra: “Este proyecto me asustó, incluso dudé de la ética de componer la ópera porque significa encarnar a un SS con toda su brutalidad”

Hèctor Parra hizo su propio recorrido añadiendo a la lectura de la novela otras 15.000 páginas sobre el Holocausto, el nazismo y otros genocidios, así como una visita al campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau. “Este proyecto me asustó, incluso dude de la ética de componer la ópera, porque significa encarnar a un SS con toda su brutalidad, ya que la de Littell es una de las pocas novelas junto a La mort est mon métier de Robert Merle explicadas desde el punto de vista de un nazi», recuerda el compositor. “Siempre necesito fusionarme con los personajes de las óperas que escribo, pero en esta me he introducido en la cara más oscura del ser humano. Si algo he descubierto componiendo esta obra y con los libros que he leído que los crímenes de los nazis eran peores de lo que había imaginado. La barbarie que he descubierto es inimaginable. Es bastante brutal la experiencia que me impuse emocionalmente fue casi destructora, necesitaba de alguna manera destruirme psíquicamente para darle el tono necesario a la ópera».

El compositor se cuestionó cómo poner voz lírica a toda la brutalidad que hay en el libreto y la novela. ¿Cómo poner en música toda esa barbarie? “Era impensable que lo hiciera en sentido clásico», señala Parra. “Debía haber algo a la vez ritual y lleno de connotaciones, de citas que hicieran vibrar toda la historia de la música, por eso la ópera está llena de citas; las hay a Shostakovich, la Sinfonía Nº 13, en las masacres de judíos y bolcheviques de Babí Yar, en Kiev; a Bruckner, a quien se cita en el libreto y cuya Sinfonía Nº 7 sabemos que fue usada por la radio alemana para anunciar la derrota del frente del Este; a la Pasión según san Juan de Bach, que está en la base de la ópera y aparece por todos lados. La Pasión se caracteriza por la redención, por hacer ver que Cristo se sacrifica por todos, y por tanto todos estamos en deuda perpetua por este sacrificio. EI nazismo, de alguna manera, también es redentor, clama el sacrificio de millones de personas para salvar a la misma Humanidad. Una barbaridad, pero mantengo ese sentido redentor en la obra. Creo que no se puede abordar este tema sin sentir tu propia culpabilidad por ello, hacer entrar las escenas de barbarie en vibración con siglos de historia musical ha sido una forma de no sentirme tan culpable, de no banalizar lo que cuenta la historia».

Händl Klaus. /Sonia NEUFELD-ORF.AT

Hèctor Parra ha tenido como referentes para componer Les bienveillantes dos óperas, Lulu y Die Soldaten, pero ha obviado el brutalismo musical presente en ambas. “En la voz soy partidario del lirismo desenfrenado, estoy en contra de la manera de vocalizar tan generalizada actualmente que bebe de un wagnerianismo mal entendido… Pero, ¿cómo dar voz lírica a alguien que consideramos inhumano? Pues siendo consciente de que pertenece a nuestra especie, la humana, porque el Holocausto fue obra de humanos».

El libreto mantiene los principales personajes de la novela: Max Aue, el protagonista (tenor); su hermana Una (soprano); Thomas (barítono), su mejor amigo, a quien Max asesina al final de la novela; su madre, Héloïse (soprano dramática); y su padrastro, Aristide (tenor ligero). De nazis históricos el libreto solo mantiene a Paul Blobel, el superior de Max Aue en Ucrania y principal responsable de la masacre de judíos de Babí Yar,y Ernst Kaltenbrunner, condenado a muerte en los juicios de Núremberg. “Respecto a la novela, la novedad es un cuarteto vocal que es el segundo papel más importante de la ópera después de Max», explica el compositor. “El cuarteto es la voz de las víctimas. Era importante encarnarlas de una manera muy humana y no con el coro como masa informe asesinada por unos pocos. Es por ello que las partes del cuarteto son las más virtuosas de toda la ópera. Es una manera de honrar a las víctimas, de que no se olviden». ÓA

 

Sin simbología nazi

Calixto Bieito. / Teatro Argentino/ Pérez de EULATE

Les bienveillantes es la historia de un SS que repasa exhaustivamente los horrores cometidos por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, pero en su estreno como ópera subirá a escena sin la estética ni simbología nazi. “Para mí la novela de Jonathan Líttell es una disección extremadamente profunda del Mal, de la otra cara de Ia Humanidad», afirma Calixto Bieito a ÓPERA ACTUAL. “Pensé que era un buen material para recrear más que el siglo XX, una parte de la Humanidad del siglo XXI. La Humanidad tiene dos caras, una formidable que es el arte, la creación, la cultura, la solidaridad, y otra terrorífica. EI Holocausto fue un clímax de terror que ya se había repetido cientos de años antes, pero el siglo XXI está recogiendo toda esta maldad a nivel personal y colectivo. Hay mucha gente que se reafirma en el Mal como una manera de ser y hacer y que no tiene inconveniente en hacer pú- blicos comentarios terroríficos sobre otras personas. Creo que esta historia es un gran espejo sí no te quedas con las esvásticas. Si te quedas con las esvásticas, solo te quedas con algo histórico”.

El decorado ideado por la escenógrafa Rebecca Ringst es una suerte de patio blanco con puertas por donde entran y salen los personajes que a cada pisada lo ensucian todo. “Cuando leí la novela lo que más me sorprendió es la enorme carga de sensualidad con la que Littell lo describe todo. Como marchan los soldados bajo la lluvia que lo enfanga y ensucia todo, la sangre que corre, la nieve que cae, los excrementos… La presencia de líquido en la novela es constante y todos debían estar en el escenario con la carga sensual del mundo que describe el novelista», explica la escenógrafa. ÓA