El Emplazado y la maldición de los Carvajal

El Teatro Real de Madrid recupera la ópera 'Don Fernando, el emplazado', de Valentín de Zubiaurre, dirigida por José Miguel Pérez-Sierra

10 / 05 / 2021 - Gema PAJARES - Tiempo de lectura: 2 min

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Unicef José Bros © Javier DEL REAL
Pérez Sierra José Miguel Pérez-Sierra dirigiendo a la ONE en el Auditorio Nacional © OCNE / Rafa MARTÍN
Cristina Faus
Musika Música Miren Urbieta-Vega © Michal NOVAK

Madrid

Teatro Real
Zubiaurre: DON FERNANDO, EL EMPLAZADO

15, 17_05 (V. C.)

Estrella: Miren Urbieta-Vega. Violante: Cristina Faus. Fernando IV: Damián del Castillo. Don Pedro de Carvajal: José Bros. Don Juan de Carvajal: Fernando Radó. Don Rodrigo: Gerardo López. Paje: Vicenç Esteve. Pregonero: Gerardo Bullón. Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real (Coro Intermezzo. Dirección: Andrés Máspero / O. S. de Madrid). Dirección: José Miguel Pérez-Sierra.

 

El Teatro Real recupera en dos sesiones en versión concierto el drama de Valentín de Zubiaurre Don Fernando, el Emplazado, una brillante ópera perdida del compositor vasco que nació para hacer realidad el sueño de una ópera española que, sin embargo, también suena a Verdi.

El director artístico del Teatro Real de Madrid, Joan Matabosch, ayuda a situar esta pieza del hoy poco divulgado compositor vasco Valentín de Zubiaurre (ver este enlace) que tiene como materia prima la misteriosa muerte del rey Fernando de Castilla en el siglo XIV. «Zubiaurre fue discípulo de Eslava y se trasladó a Roma cuando fue nombrado primer Pensionado de Mérito. A su regreso, tras una etapa nómada en la que vivió en diversos países europeos, compuso dos óperas estrenadas en el Teatro Real: Don Fernando, el Emplazado y Ledia, de tema vasco. La primera tuvo un gran éxito y fue interpretada por grandes cantantes de la época como Enrico Tamberlick. Como era habitual en esos tiempos, se compuso en italiano y posteriormente se tradujo al castellano para poder ser presentada a un certamen del Centro Artístico y Literario que exigía este idioma. Se estrenó en 1871 en el Teatro Alhambra de Madrid con gran éxito y llegó al Real en 1874 en su versión original italiana. Es una de las obras más importantes del compositor, y sin duda imprescindible para reivindicar su figura y colocarla junto a la de sus contemporáneos Chapí, Bretón, Chueca y Pedrell».

"El Real ha programado dos audiciones en versión concierto los días 15 y 17 de mayo, dirigidas por el maestro José Miguel Pérez-Sierra"

Para devolverla a la vida, el Real ha programado dos audiciones en versión concierto los días 15 y 17 de mayo, dirigidas por el maestro José Miguel Pérez-Sierra, quien destaca la importancia de la puesta en valor total de una obra de la que, afirma, «no había quedado nada. Se ha recuperado la partitura», explica. El coliseo empezó a hablar del proyecto y se le confió al director de orquesta madrileño: «Es apasionante trabajar sobre obras del pasado que han acabado olvidadas en un cajón. Hechos como este nos deben motivar a seguir descubriendo», remata.

No fue ópera de una temporada sola, sino que aguantó tres años y después pasó a mejor vida, perdiéndose de vista una partitura que resulta sumamente interesante: «Está escrita en un estilo belcantista verdiano que recuerda al Verdi joven, dramático», continúa Pérez-Sierra. «El papel del barítono se asemeja, por ejemplo, al de Conte di Luna de Il Trovatore. A pesar de que no destaque su originalidad, técnicamente es impecable, con melodías realmente bellas. Si la escuchas sin saber quién es el autor podrías pensar que es de un Verdi temprano. No olvidemos que el repertorio internacional está lleno de libretos que no son excelsos», explica el director de orquesta, a lo que Matabosch añade la misma idea: «Desde el punto de vista teatral y dramático es débil, y es difícil imaginar cómo ponerla en escena. Pero musicalmente merece conocerse. Tiene, eso sí, todos los clichés de la época: mezcla de lo religioso con lo fantástico y lo macabro, grandes escenas de masas, irrupción de fenómenos naturales, presencia de lo sobrenatural. Era una obra muy del gusto de la época, y como ha sucedido con los grandes títulos de Meyerbeer, que en su época fueron representados sin cesar, ha acabado fuera de los escenarios».

Entonar el ‘mea culpa’

Devolver a la vida una obra de este calibre es un hecho destacable, «una operación de recuperación de patrimonio operístico español que tiene todo el sentido. Es imprescindible que la programación artística ponga el acento en las lagunas culturales del repertorio de la institución, también cuando tienen que ver con el propio patrimonio«, asegura Matabosch, quien no duda en entonar el mea culpa y asegurar que «la recuperación patrimonial siempre será una asignatura pendiente, haga lo que haga la institución. Se trata de un objetivo que debe estar siempre presente. Esta operación, de una notable complejidad, es una realidad gracias al liderazgo de Francesco Izzo en la revisión del material musical y a la colaboración del Instituto Complutense de Ciencias Musicales que dirige Álvaro Torrente. Junto a ellos ha sido clave la implicación del maestro Pérez-Sierra y la labor del estupendo equipo de cantantes«, que encabezan José Bros, Miren Urbieta-Vega, Cristina Faus, Damián del Castillo, Fernando Radó, Gerardo López, Vicenç Esteve y Gerardo Bullón, entre otros.

El tenor José Bros dará vida a Don Pedro de Carvajal, uno de los hermanos que sucumbirá bajo la ira real. Muere despeñado. Y es que el rey Fernando manda. «La obra tiene mucho punta a nivel dramático y en el plano musical está muy bien tratada. Tengo páginas bellísimas, como la cavatina o el dúo». Bros vuelve al coliseo con una ópera después de unos años de ausencia: «Lo necesitaba. Tenía muchísimas ganas. Este paréntesis tan largo se me ha hecho extraño», comenta. Y confía en que estas dos funciones que saben, a qué negarlo, a poco, puedan constituir «un punto de partida para dar a conocer la obra. No hay que ser tímidos a la hora de programar piezas que sean desconocidas para el público. Por algo se empieza».- ÓA