Celso Albelo llevó la tuna al Teatro de La Zarzuela

El tenor canario ofreció un concierto anoche en Madrid junto a la Orquesta de Pulso y Púa de la Universidad Complutense

01 / 04 / 2023 - Gema PAJARES - Tiempo de lectura: 3 min

Albelo Serenata Española Celso Albelo junto a la Orquesta de Pulso y Púa de la Complutense dirigida por Enrique García Requena © Teatro de La Zarzuela / Elena DEL REAL
Albelo Serenata Española Celso Albelo junto a la Orquesta de Pulso y Púa de la Complutense dirigida por Enrique García Requena © Teatro de La Zarzuela / Elena DEL REAL
Albelo Serenata Española Celso Albelo © Teatro de La Zarzuela / Elena DEL REAL

El tenor canario Celso Albelo regresó anoche al Teatro de La Zarzuela para presentar su último disco, Serenata Española, y lo hizo en un precioso concierto en que se escucharon pasodobles, jotas, rancheras, canciones mexicanas y romanzas de zarzuela. El aclamado intérprete actuó junto a la Orquesta de Pulso y Púa de la Universidad Complutense de Madrid, dirigida por Enrique García Requena.

Ganas de pasar una tarde con amigos. Eso era lo que desprendía el ambiente en la plaza de Teresa Berganza poco antes de las 19 horas de ayer. Muchos corrillos y mucha sonrisa. Y todas las ganas del mundo para escuchar a Celso Albelo, queridísimo en Madrid, que volvía al Teatro de La Zarzuela con este concierto en el que presentaba su último disco, Serenata Española, cuya reseña adelantó ÓPERA ACTUAL en exclusiva el pasado mes de noviembre a su lectores de la edición en papel. Junto al tenor, a su lado, la fantástica Orquesta de Pulso y Púa de la Universidad Complutense de Madrid, una sorprendente formación amateur (quién lo diría) con tantas canas como experiencia. Y eso se nota. Cuarenta años de vida que Enrique García Requena, su director, supo llevar al mejor puerto en esta convocatoria que había agotado las localidades con semanas de antelación.

La Serenata Española, un proyecto que, como tantos, fue interrumpido por la pandemia, arrancó ya fuerte con una versión de Suspiros de España con arreglo de la Rondalla Lírica de Madrid. Se notaban las ganas. Y se lo pusieron en bandeja, que tampoco hacía falta mucho, al tenor canario para que abriera la velada de canto con la habanera Noche madrileña. Albelo vestía traje oscuro, camisa blanca y asomaba por el bolsillo de la americana el pico de un pañuelo rojo. Los ochenta profesores y el coro dieron lo mejor, aunque en alguna ocasión pareció que les iba la marcha, la marcha rápida. Ver los rostros de tanto músico satisfecho, dando las gracias, agarrando cada bandurria y cada guitarra como el tesoro que es no tuvo precio. El director los hizo levantarse en varias ocasiones porque el público lo pedía con palmas y bravos.

Ojalá se pueda escuchar más a partir de ahora a esta magnífica formación que destila en cada cuerda un sonido de otro tiempo. La versión de la obertura de Il barbiere di Siviglia, de Rossini fue de lujo, por no señalar la de El amor brujo, que hubiera dejado bien satisfecho a Falla. En la mazurca y seguidillas de La verbena de la Paloma al respetable se le iban los pies. Y a la señora que tenía delante, las manos, no dejó de dirigir a su manera durante los 80 minutos de concierto, señal de que lo disfrutó como una niña. Pero con Las bodas de Luis Alonso llegó el delirio. El patio de butacas en el bolsillo.

"Cerró con la romanza 'No puede ser' de 'La tabernera del puerto', otro pleno que dejaba el ambiente preparado para los bises"

Y Celso Albelo, Premio ÓPERA ACTUAL 2008, solo tuvo que dar lo mejor. Solo, como si eso fuera tarea sencilla y los agudos salieran solos. Su versión de Corazón corazón del grandísimo José Alfredo Jiménez, preciosa. Y llevó Valencia, como si fuera de la tierra, a lo más alto e hizo suya la jota «Te quiero, morena» de El trust de los tenorios, con un arreglazo de la orquesta. O esos ecos de Luis Mario en Violeta para ti, tan dulce y susurrada en algunos pasajes. Cerró con la romanza «No puede ser» de La tabernera del puerto, otro pleno que dejaba el ambiente preparado para los bises. Arreciaban los aplausos y el tenor hizo a un lado el atril con la partitura y preguntó: “¿Eso significa otra? Como no domino los idiomas…” Y se pidieron tres. Y tres regalos hubo. “El pasodoble más famoso de mi tierra”, un Islas Canarias cantado desde el alma. Desde luego que no hay tierra como la suya, no.

Acto seguido volvió a conversar con el público: “Imagino que será otra…”, dijo con una sonrisa ladeada. “Nos pueden acompañar cantando”. Y volvió La verbena de la Paloma. Y fue agosto en La Zarzuela y se echaba de menos la limonada y al barquillero. Y para cerrar el triángulo, el muy tuno de Celso Albelo, que un día lo fue en la universidad en que estudió y que ya no lo ha dejado de ser nunca, cerró con Clavelitos, guitarra en mano, con los móviles en acción grabando el momento para que corriera como la pólvora y las gargantas volviendo a los años de la facultad.– ÓA

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