Benjamin Britten y su 'Requiem', a escena en el Liceu

Los oratorios escenificados forman parte ya del repertorio de los teatros de ópera en Europa y el Gran Teatre del Liceu se suma a ellos

15 / 10 / 2021 - Lourdes MORGADES - Tiempo de lectura: 5 min

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El 'War Requiem' escenificado que se verá en el curso liceísta © Englidsh National Opera / Richard HUBERT SMITH

Barcelona

Gran Teatre del Liceu
Britten: WAR REQUIEM
21, 23, 25, 27, 29, 31_10

Soprano: Tatiana Pavlovskaya. Tenor: Mark Padmore. Barítono: Matthias Goerne. O. Simfònica del G. T. del Liceu. Cor del Liceu (Dirección: Pablo Assante). Cor Infantil VEUS-Amics de la Unió de Granollers (Dirección: Josep Vila i Jover). Dirección musical: Josep Pons. Dirección de escena: Daniel Kramer.

 

Telemann: ORPHEUS
30_10

Orpheus: Kresimir Strazanac. Orasia: Kateryna Kasper. Eurydice: Mirella Hagen. Eurimedes: David Fischer. Ismene / Priesterin: Salomé Haller. Pluto: Christian Immler. Ascalax: Benno Schachtner. Cephisa: Gunta Smirnova. B’Rock Orchestra. Dirección: René Jacobs.

 

Los oratorios escenificados forman parte ya del repertorio de los teatros de ópera en Europa y el Gran Teatre del Liceu se suma a ellos con un War Requiem con dirección de escena del estadounidense Daniel Kramer y musical de Josep Pons. Además, el coliseo barcelonés presentará por primera vez este mes una ópera de Telemann sobre el mito de Orfeo estrenada hace casi 300 años en Hamburgo, perdida y recuperada hace cuatro décadas que se ofrecerá en versión semi-escenificada bajo la dirección musical de René Jacobs.

La Iglesia católica, tan poco interesada en alfabetizar a feligreses como ávida por captar a pecadores para la oración, alentó a finales del siglo XVI la creación en Roma del género del oratorio y permitió representaciones de breves dramas sacros musicales como dulce engaño para penitentes. La representación de textos sacros no es un invento contemporáneo. Desde el inicio estuvo claro el potencial dramático del oratorio, una técnica compositiva que se aplicó también a textos religiosos de la liturgia, como misas, salmos, vísperas… Desde mediados de la década de 1980, los teatros de ópera en Europa se han interesado por representar oratorios y a esta estela se suma el Gran Teatre del Liceu con una versión escenificada del War Requiem de Benjamin Britten, una obra encargada para ser estrenada en mayo de 1962 con motivo de la consagración de la nueva catedral de Coventry, levantada junto a las ruinas del templo medieval destruido el 14 de noviembre de 1940 por los bombardeos de la Luftwaffe.

Britten tituló la obra War Requiem en octubre de 1961, con anterioridad se refería a ella como Misa de Requiem. Su plan fue usar el texto en latín de la misa de difuntos intercalando nueve poemas que había seleccionado de Wilfred Owen, un poeta y soldado que murió en el campo de batalla el 4 de noviembre de 1918, una semana antes de la firma del armisticio de la Primera Guerra Mundial, y cuya poesía antimilitarista resume la esencia de la guerra.

El mismo espíritu

Josep Pons, director musical del Liceu, conoce bien el War Requiem, obra que ha dirigido en diversas ocasiones, pero a la que se enfrenta por primera vez en una versión escenificada. «El espíritu de la partitura no cambia, la diferencia es que estará escenificada y cuando en escena hay movimiento todo se complica un poco. Hay más distancia y la energía del coro, centrada en la interpretación en el concierto, debe repartirse entre la parte musical y la actoral«, explica Pons a ÓPERA ACTUAL. Asegura que en ópera, «la partitura contiene en sí misma el teatro, pero en el caso del War Requiem, al ser un oratorio, no existe esa teatralidad; hay una religiosidad propia de la misa de difuntos, aquí trufada por los poemas de Owen, que son comentarios sobre los desastres de la guerra y sus consecuencias«.

“La producción que presenta el Liceu se estrenó en la English National Opera en 2018 en el centenario del final de la Primera Guerra Mundial”

Escrito para gran orquestra, coro mixto, coro infantil y tres solistas, soprano, tenor y barítono, la obra es, en palabras de Josep Pons, «un réquiem muy original«, un clamor contra el horror de la guerra, en el cual la gran orquestra, el coro mixto y la soprano cantan la misa de réquiem; el tenor y el barítono, acompañados por 12 instrumentos, interpretan los poemas de Owen; el coro infantil, que representa la pureza y la inocencia, canta acompañado del órgano; y una enigmática campana toca siempre la misma nota, un Fa sostenido. Como símbolo de unidad, se eligió para el estreno a un tenor británico, Peter Pears; un barítono alemán, Dietrich Fischer-Dieskau; y una soprano rusa, Galina Vishnévskaya, aunque finalmente fue sustituida por la británica Heather Harper, porque la URSS no le permitió a Vishnévskaya viajar a Gran Bretaña. El guiño a las tres naciones se mantendrá en el Liceu con Tatiana Pavlovskaya, Mark Padmore y Matthias Goerne.

La producción que se verá en Barcelona, estrenada en la English National Opera en noviembre de 2018 con motivo del centenario del final de la Primera Guerra Mundial, está dirigida escénicamente por Daniel Kramer con diseño de escenografía del fotógrafo Wolfgang Tillmans, quien sitúa como único decorado tres pantallas gigantes en las que se proyectan imágenes de cadáveres, disturbios callejeros, alusiones a Scebrenica, catedrales destruidas, paisajes, flores y un conmovedor final bajo la nieve.


 

Telemann y su 'Orpheus' de gusto mixto

Considerado el compositor más prolífico de la historia de la música, Georg Philipp Telemann cuenta con un catálogo de más de 3.000 obras, muchas de ellas perdidas. Su fama traspasó fronteras y perduró décadas tras su muerte, sin embargo, hoy es un compositor poco conocido, especialmente en el mundo de la ópera pese a haber compuesto una cuarentena de títulos, la mayoría durante los años que dirigió la Ópera de Hamburgo –Oper am Gänsemarkt–, entre 1722 y 1738. Allí estrenó Orpheus oder Die wunderbare Beständigkeit der Liebe (Orfeo o La maravillosa constancia del amor) en 1726 en una versión de concierto debido a los problemas económicos por los que pasaba el teatro. La primera representación escénica tuvo lugar en 1728 en Karlsruhe, y en Hamburgo en 1736 con algunas modificaciones y un nuevo título, Orasia, reina viuda de Tracia. Telemann poseía la habilidad de complacer al público con su gusto mixto, síntesis de los estilos italiano y francés con toques del alemán del que Orpheus es un ejemplo. Cuenta con un libreto anónimo basado en el Orphée del poeta francés Michel du Boulay, musicado por Louis Lully, hijo de Jean-Baptiste Lully. La trama difiere de las numerosas óperas sobre el mito de Orfeo. Aquí es Orasia, la reina viuda de Tracia, quien por celos asesina a Euridice, pero no consigue que Orfeo la ame y decide vengarse. La ópera mezcla idiomas: los recitativos están en alemán y las arias en alemán, francés e italiano. Orpheus estuvo años perdida y fue identificada por el musicólogo Martin Ruhnke y presentada en 1978 durante un simposio con motivo del 300º aniversario de la fundación de la Ópera de Hamburgo. -ÓA

René Jacobs