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Bayreuth 2023 entre gafas, crisis y laureles
Crónica de la primera semana de la edición 2023 del festival wagneriano inaugurado por el español Pablo Heras-Casado
El Festival inició el pasado 25 de julio una edición marcada por el escándalo. La introducción de la realidad aumentada en la producción inaugural de Parsifal, dirigida musicalmente por el español Pablo Heras-Casado y por Jay Scheib en lo teatral, una tecnología que es nueva en el campo de la ópera pero nada moderna, se ha apoderado de todos los titulares. Es una pena que el producto final no haya sido lo suficientemente potente para hacer olvidar el choque inicial y provocar la discusión sobre lo verdaderamente excepcional de esta innovación.
El Festival wagneriano de Bayreuth (Alemania), en próximas ediciones, tendrá que arreglárselas para poner a disposición gafas de realidad aumentada para todos quienes asistan a la producción de Parsifal, el título inaugural de este año, una osadía que también conllevaba una oportunidad de modificar, alterar, y hasta negar el espacio del Festspielhaus, más relevante para Parsifal que para cualquier otra obra de Wagner, tal y como explicaba el maestro Pablo Heras-Casado en una entrevista para ÓPERA ACTUAL. Todavía se está lejos de la utópica situación, propuesta por el regista Jay Scheib que firma la puesta en escena de la última ópera de Wagner en declaraciones a la Radio de Bavaria, «en la que cada uno tendrá sus propias gafas en casa» para que todos los asistentes puedan ver cómo se derrumba el teatro al final del segundo acto de su propuesta escénica.
Hay que decir, más allá de toda crítica, que ante el montaje el Festival se mostró comprensivo y que todo funcionó tal y como tenía que funcionar. El caos pronosticado simplemente no se ha dado.
Un acierto el de los programadores el de empezar, por segundo año consecutivo, con un concierto gratuito al aire libre protagonizado por los músicos titulares de la casa. El barítono Olafur Sigurdarson y la soprano Daniela Köhler cantando a dúo Dream On de Aerosmith, con la orquesta del Festspielhaus, fue definitivamente uno de los hits de la primera semana. El mismo día del estreno de Parsifal volvió, por cierto –la covid la había arrinconado– la tradicional cantata-homenaje a Richard Wagner en la Villa Wahnfried. Los laureles hoy vuelven a adornar su tumba, que, por cierto, él quiso siempre completamente fría y despojada.
Otro de los escándalos de esta saison que han sacudido sobre todo la prensa alemana es el hecho de que, por primera vez en la historia del Festival, no se han agotado las entradas para diversos espectáculos. Auténtica perla para el sensacionalismo, que quiere ver en él un síntoma de la supuesta debacle de Bayreuth, este hecho se explica muy fácilmente dentro del contexto de crisis de público que sufre el panorama teatral alemán. Bayreuth, cabe siempre destacarlo, sigue sin hacer ningún tipo de marketing ni publicidad más allá de lo que publica en su página web.
Disponibilidad para el 'Anillo'
Especialmente para el Anillo de los jovencísimos Pietari Inkinen (en el podio) y Valentin Schwarz (regia) sigue habiendo entradas. El primer ciclo ya pasó y se repitió el abucheo demoledor a Schwarz. Parece que los interesantísimos resúmenes del argumento de cada acto que ha escrito en el programa de mano, a modo de descripciones de capítulos de una serie de Netflix, no han hecho efecto. Sin embargo, hay que seguir defendiendo la propuesta de Schwarz por atrevida, estéticamente complaciente e inteligente, esto último sobre todo en el diálogo con el texto wagneriano.
Un casting excelente se llevó cada tarde la ovación que le correspondía. Catherine Foster convence, aun y sus migradas dotes para la interpretación, como Brünnhilde, y su vibrato amplio casa perfectamente con el de Andreas Schager, que es el héroe absoluto de este Ring. De alguna manera, el tenor austríaco consiguió producir su versión más brillante en Götterdämmerung, después de haber cantado el rol protagonista, las dos noches anteriores, en Siegfried y Parsifal.
Mención especial también para la dirección del maestro Inkinen, en un crescendo evidente; el director finés tuvo su mejor momento en el tercer acto de Siegfried, gracias a unos descomunales Tomasz Konieczny en el papel de Wotan y Daniela Köhler en el de Brünnhilde.– ÓA





