Arteta regresó, emocionó y no se rompió

La soprano guipuzcoana se mostró en plena forma en su recital junto a Ramón Vargas en el Teatro de La Zarzuela

28 / 02 / 2022 - Gema PAJARES - Tiempo de lectura: 2 min

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arteta-vargas-zarzuela-operaactual (1) Ainhoa Arteta y Ramón Vargas, en un momento del recital © Teatro de La Zarzuela / Elena DEL REAL
arteta-vargas-zarzuela-operaactual (1) Ainhoa Arteta, Ramón Vargas y el pianista Javier Carmena, aplaudidos por el público madrileño © Teatro de La Zarzuela / Elena DEL REAL

La soprano regresó anoche a los escenarios después de su inesperado retiro debido a una dura convalecencia. Su vuelta al ruedo la hizo con un recital en el madrileño Teatro de La Zarzuela junto a un también aplaudidísimo Ramón Vargas y al pianista Javier Carmena.

Tenía miedo de quebrarse. Lo había dicho en La Zarzuela horas antes de volver a pisar el escenario después de meses –muchos para ella y para quienes la quieren– de retiro forzado y de recuperación. Quería que la vuelta a su vida artística fuera en “su” casa. Y a eso de las ocho de la tarde de ayer, minuto de más, que no de menos, Ainhoa ArtetaPremio ÓPERA ACTUAL 2017– salía a escena sonriendo, emocionada. Detrás, el pianista Javier Carmena, que tan bien la conoce, y figura clave en este regreso. Vestía de levísimo azul, con un cuerpo brillante que se transformaba en un abrigo con portentosas mangas. El público, que llenaba el patio de butacas y que tenía ganas, la recibió con cariño. No era una tarde fácil porque la garganta corría el riesgo de nublarse ante tanta emoción; sin embargo, la soprano superó la prueba y se midió consigo misma. Empezó con nervios y con una emoción que le desbordaba y poco a poco se fue soltando. La lengua portuguesa hizo los honores de inaugurar el recital con dos bellos temas de Jayme Ovalle, Azulao y Modinha.

"El tenor mexicano Ramón Vargas arrancó con canciones italianas y ya dejó notar que lo iba a dar todo junto a su amiga querida"

No deseaba Arteta estar sola y no pudo elegir a mejor compañero que a su amigo del alma, el mexicano Ramón Vargas, un tenor hecho y curtido, dulce, grandote de corazón, que llevó este regreso a lo más alto. Arrancó con canciones italianas y ya dejó notar que lo iba a dar todo junto a su amiga querida. Para ello el aplaudido tenor se valió de Tosti y Mascagni, casi nada. Y se metió al público del Teatro de La Zarzuela en el bolsillo ipso facto. Le llegó de nuevo el turno a la soprano con Cuatro canciones vascas de Félix Lavilla, que disfrutó sin separarse un momento del piano, un asidero al que se agarraba con fuerza. Los aplausos se sucedían entre canción y canción como queriendo demostrar a la artista que su vuelta merecía todo el cariño. Vargas, que no soltaba un pañuelo blanco que le empapaba el sudor, dio paso a un corte de canciones napolitanas que cantó con gusto, Passione y Parlami d’amore, Mariú!, que llevaron al público a agradecerlo con aplausos largos. Y dejaron el ambiente caldeado para que se escucharan el precioso Tríptico de García Abril que entonó la cantante con especial emoción, sobre todo «A pie van mis suspiros».

Calor en el patio de butacas y miradas de los cantantes, de los dos, hacia arriba, a lo más alto, como en un gesto de agradecimiento celestial. Ambos cerraron los ojos, se llevaron la mano al pecho y unieron sus palmas en un gesto de agradecimiento eterno. Y necesario. Un calor y una fuerza que hizo olvidar por una hora y media más o menos, el atronador sonido de las bombas. Para Ucrania hubo también palabras de apoyo, para pedir la paz.

Robar un beso

Ramón Vargas casi solicitó permiso para emplearse con temas de su tierra, de los de siempre. Y empezó por el principio, como debe de ser, con Agustín Lara, tan querido por su padre “que tenía todos sus discos” del que interpretó Amor de mis amores. Con Júrame llegó el delirio, que cerró un recuerdo bonito a Armando Manzanero.

Las Siete canciones populares españolas de Falla pusieron el broche al recital. Arteta disfrutó la «Seguidilla murciana» y se embelesó con la «Nana». Se había acabado el concierto oficial y después de que la soprano recibiera un enorme ramo de rosas rojas, llegó el momento de los bises. Arteta, sin abandonar un segundo la emoción, se rompió cuando escuchó que la querían Madrid y toda España. Como para contener las lágrimas… El hombro de Vargas le sirvió de mucha ayuda. Cómplices ambos regalaron un par de temas y ahí fue cuando ella, que se había contenido, se soltó la melena (y eso que se había recogido el cabello), y ofreció su lado todoterreno, su cara más desenfadada con el dueto cómico de Los claveles entre Jacinta y Goro, beso robado incluido.

Vargas, Arteta y Carmena, que estuvo soberbio, agradecieron la lluvia de aplausos y saludaron varias veces. Arteta había dado su primer paso y respiraba tranquila. Afuera la vida volvía a ser casi casi la de siempre.– ÓA