Adiós a mi amigo Gerhard

Adelita Rocha, quien fuera jefa de prensa del Gran Teatre del Liceu de Barcelona, recuerda la figura de Gerhard Ottinger, corresponsal de ÓPERA ACTUAL en Viena desde 2007 hasta su muerte, el pasado mes de abril.

27 / 05 / 2019 - Adelita ROCHA BARRAL - Tiempo de lectura: 3 min

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Adelita Rocha junto a Gerhard y Maria Ottinger en el Castillo de Peralada

Gerhard Ottinger (1944-2019) colaboró con ÓPERA ACTUAL desde julio de 2007 hasta su muerte, el pasado 3 de abril, poco después de haber asistido a la presentación de la próxima temporada de su querida Staatsoper vienesa. Adelita Rocha, quien fuera durante años responsable de prensa internacional del Gran Teatre del Liceu de Barcelona, fue, precisamente, quien nos sugirió a Gerhard como colaborador. Durante más de una década sus reseñas, tanto de Viena como de Salzburgo, enriquecieron estas páginas.

De verdad: ¡cómo le echo de menos! Nos íbamos a encontrar el pasado 15 de abril para ver La gioconda en el Liceu, en la Küntslereingang –la entrada de artistas–, como era costumbre cuando no teníamos tiempo para ir a comer al Café de la Opera. Este ritual se sucedía desde mediados de la década de 1980 hasta que su corazón se lo ha impedido. Asistía regularmente al Liceu y en nuestro peregrinaje durante la reconstrucción del teatro no nos abandonó nunca. Amaba el Liceu con locura –siempre le fue fiel– y a sus grandes artistas los idolatraba.

"Gran conocedor de voces, su criterio musical amplio y a la vez muy conciso le permitía poseer una percepción global de la ópera como espectáculo"

Gerhard me traía discos con Raritäten maravillosas y nunca faltaba un pequeño y suculento Sacher, a los que llamaba “regalitos”. En mis fechas importantes no faltaban sus felicitaciones. Era entrañable y su acento vienés, tan contagioso, venía siempre acompañado de su inseparable y deteriorado Langenscheidt en español (que, por cierto, lo hablaba cuando quería); era también un gran conversador, capaz de animar discusiones que siempre llegaban a buen puerto. Era mi maestro. Imposible olvidar todo lo que de él he aprendido. Su memoria prodigiosa le permitía recordar todo lo que había visto –dónde, cuándo, cantado por, dirigido por– que recitaba seguido y a mí me sonaba a poesía. Su memoria me apasionaba. Gran conocedor de voces, su criterio musical amplio y a la vez muy conciso le permitía poseer una percepción global de la ópera como espectáculo. No tenía ni un atisbo de soberbia, no la necesitaba: ¡sus conocimientos eran tan seguros y exactos que no precisaban envoltorios! Anotaba poco durante la representación, y siempre lo hacía en el programa de mano, que garabateaba con sus ideas.

Sus ojos azules tras las gafas redondas miraban interrogantes y sonrientes; ¡qué fácil era reírse con él! No veía la ópera como un artificio, sino como un arte completo. Cuando un cantante fallaba, si era bueno y adecuado para rol –tema soberano en nuestras conversaciones–, solía decir: “Ach, ja…”, acompañado de un gesto muy suyo, en plan “un fallo lo tiene cualquiera”. Él valoraba la musicalidad y la interpretación, más allá de detalles del momento. ¡Había ocasiones en los que estallaba maravillado con un expresivo ‘Aufgezeichnet’”.

Desde la temporada 2015-16 había asistido, él y Maria, su mujer y buena amiga mía, al Festival Castell de Peralada, del que era fans absolutos. Ahora Maria se queda sola en Viena, acompañada de recuerdos imborrables, de los miles de discos y de programas de mano firmados por artistas que Gerhard fue recopilando a lo largo de una vida no exenta de problemas y vivida con optimismo sereno.

Vienés, peregrino incansable por teatros y camerinos… Somos muchos los amigos, jefes de prensa y redactores los que te echaremos de menos. Herzlichen Dank!