Historia de la Ópera / Zarzuela

ÓA 276. Historia de la zarzuela VI. Triunfa la tonadilla escénica

ÓPERA ACTUAL revisa la historia del género zarzuelístico y se detiene en la tonadilla, espectáculo favorito en la España del siglo XVIII

01 / 07 / 2024 - Verónica MAYNÉS - Tiempo de lectura: 5 min

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Historia zarzuela Espectáculo 'Fandangos y Tonadillas', de la Compañía Nacional de Danza © CND
Historia zarzuela 'Trilogía de tonadillas de Blas de Laserna', una coproducción de la Fundación Juan March y el Teatro de La Zarzuela de Madrid con Ruth Iniesta, Manuel Mas y Juan Manuel Padrón © Fundación Juan March

Se erige en el siglo XVIII como un espectáculo que triunfa en la España de la época. La tonadilla escénica disfruta de una gran acogida por parte de las clases populares, acostumbradas a las propuestas teatrales y musicales de los ancestrales corrales de comedias. Este subgénero, en muchos casos, llega a alcanzar niveles de calidad indiscutible.

A partir de la segunda mitad del siglo XVIII, un nuevo género convive y rivaliza con la zarzuela: la tonadilla escénica. El formato breve, su función de entretenimiento popular y su capacidad para satisfacer todo tipo de expectativas, en las que la crítica, la sátira y la comicidad se daban la mano, hicieron de este subgénero un fenómeno social. Luis Misón, Pau Esteve, Jacinto Valledor, Blas de Laserna o Antonio Rosales fueron algunos de los compositores interesados por este formato que causaba furor. Los ilustrados la censuraron y el pueblo la veneró. Sin pretenderlo, la tonadilla se convirtió en el punto de encuentro entre ambos y dispares mundos.

"Uno de los intelectuales más críticos con la tonadilla fue Leandro Fernández de Moratín, que escribió 'La comedia nueva' (1792)"

Uno de los literatos que más criticó la tonadilla fue Leandro Fernández de Moratín (Madrid, 1760-París, 1828). En La comedia nueva (1792), reclamaba el respeto de las tres unidades requeridas en el teatro, acción, espacio y tiempo, la sencillez argumental y la descripción psicológica de los personajes, una llamada a la estética clasicista que dejaba atrás la concepción barroca. En un fragmento, un personaje de Moratín se refiere así a la tonadilla: “¿Qué dificultad? Ocho o diez versos de introducción diciendo que callen y atiendan y chitito… Luego se concluye con seguidillas de la tempestad, el canario, la pastorcilla y el arroyito. La música, ya se sabe cuál ha de ser: la que se pone en todas; se añade o se quita un par de gorgoritos, y estamos al cabo de la calle”. Moratín y otros ilustrados, no se sentían identificados con el género, considerando que se apartaba de los ideales clasicistas y condenándolo por su vulgaridad.

 

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