Historia de la Ópera

ÓA 250. Historia de la Ópera LVI. Ópera en Estados Unidos (II)

Expresarse con lenguaje americano en un género europeo era un reto peligroso. Bernstein y Barber lo aceptaron y lo superaron

01 / 10 / 2021 - Verónica MAYNÉS* - Tiempo de lectura: 5 min

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Candide Argentino La Plata / operaactual.com Un momento del estreno en Argentina de 'Candide', en 2018, con motivo del centenario de Bernstein y con la soprano Oriana Favaro como Cunegonde en un montaje con dirección de escena de Rubén Szuchmacher © Teatro Argentino / Pérez de Eulate

En el siglo XX, escribir una ópera en Estados Unidos era un acto de fe. Expresarse con lenguaje americano en un género europeo, sometido a rígidas convenciones y a la tiranía del público, era un reto peligroso. Bernstein y Barber fueron genios a contracorriente, que alzaron la voz con un idioma propio, autóctono y novedoso en un momento dominado por las luchas estéticas y la intransigencia de los defensores de la vanguardia.

El compositor estadounidense Leonard Bernstein (Massachuset­ts, 1918-Nueva York, 1990) fue una de las personalidades más emblemáticas y cosmopolitas de la historia musical. Artista polifacético, destacó en la composición y en la dirección orquestal, siendo un excelente pianista y pedagogo que estableció puentes entre la música clásica y la popular. Con 25 años se dio a conocer cuando subió al podio del Carnegie Hall al reemplazar a un enfermo Bruno Walter, alcanzando un gran éxito. Rápidamente fue requerida su batuta en diferentes países, siendo el primer norteamericano, en 1953, que dirigió una ópera en el Teatro alla Scala, Medea de Cherubini, y con Maria Callas. Su talento como director influyó notablemente en la carrera compositiva, forjándose su estilo a partir de Gershwin, e influenciado por el jazz, el pop, el rock y los ritmos latinos.

Bernstein fue además un músico comprometido por la paz mundial: en 1967 dirigió un concierto para conmemorar la reunificación de Jerusalén, y en 1989 la Novena Sinfonía de Beethoven para celebrar la caída del muro de Berlín, llegando a más de cien millones de espectadores. Autor de piezas orquestales, vocales, de cámara, óperas, operetas, musicals y bandas sonoras cinematográficas, en 1956 estrenó en Nueva York Candide, un musical con libreto de Lillian Hellman basado en la novela de Voltaire. La comedia no tuvo demasiado éxito y sufrió varias revisiones hasta que en 1982 pasó a ser una opereta en dos actos. En 1989 Bernstein retocó la orquestación y las escenas, y Candide se convirtió en una mezcla de comedia musical y ópera tradicional.

Candide, joven ingenuo y optimista, cree vivir en la mejor de las sociedades. Solo al viajar por el mundo y sufrir calamidades descubrirá que la felicidad es una utopía. La sarcástica ironía de Voltaire se aprecia desde los primeros compases, en una chispeante historia con grandes dosis de crítica social. La obertura presenta la rígida forma sonata clásica, pero con ritmos vertiginosos y códigos musicales variopintos que describen con humor las peripecias del protagonista dejando espacio para el lirismo ensoñador de su mundo idealizado. Si Voltaire criticaba la forma en que la nobleza y la iglesia manipulaban a la población, Bernstein –espiado por el FBI por comunista y bisexual– denunciaba la caza de brujas de McCarthy. Bertolt Brecht huyó a Europa y Thomas Mann, Kirk Douglas, Katharine Hepburn, Orson Welles y otros artistas criticaron abiertamente esa persecución. Bernstein y Hellman fueron amenazados y estigmatizados por su Candide y el compositor publicó un artículo en el New York Times denunciando la injusticia. Tales circunstancias hacen de Candide una pieza extraordinaria que el autor definió como opereta, con formas clásicas –como la gavota, el vals o la mazurca– y una dificultad vocal considerable.

Uno de los momentos más deliciosos es el dúo entre Candide y Cunegonde, «Oh, Happy We», inicialmente escrito para West Side Story, su otro magistral y triunfal musical –inspirado en el drama de Romeo y Julieta y compuesto en esa misma época–, el cual ha vivido varias versiones a cargo de cantantes líricos siendo también representado en teatros operísticos, incluyendo La Scala de Milán. En Candide Bernstein combina el lirismo con ritmos complejos y una orquestación típica de musical. La simbología del compás 7/4 –alternancia de ritmo ternario y cuaternario– revela las divergentes aspiraciones de los protagonistas: mientras Cunegonde sueña con el lujo, Candide aspira a una vida austera. Otra escena clave es «What A Day», un auto de fe que no incluyó Voltaire y que denuncia sarcásticamente los tribunales de McCarthy. Los efectos dramáticos son extraordinarios gracias a la orquestación, al impactante contraste de dinámicas y ritmos, y al inquietante diálogo entre solistas y coro. La virtuosística aria de Cunegonde «Glitter and Be Gay» es una parodia de «Ah, je ris de me voir si belle», el aria de las joyas de Faust de Gounod. Bernstein aleccionó a Barbara Cook, primera intérprete de Cunegonde, para que afrontase la pieza con aparente facilidad, y sin perder su ironía.

Continúa…*

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