Historia de la Ópera / Zarzuela

ÓA 243. Historia de la Ópera XLIX. El raro milagro inglés, Benjamin Britten (I)

Casi 200 años separan a Purcell de Britten, los dos autores británicos cuyas obras líricas forman parte del repertorio internacional

01 / 02 / 2021 - Verónica MAYNÉS* - Tiempo de lectura: 6 min

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Britten 'Peter Grimes' en una espectacular producción del Festival de Aldeburgh en 2013, en el centenario del nacimiento de Britten © Aldeburgh Festival
Britten Una escena de 'Peter Grimes' en el Palau de Les Arts de Valencia © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO-Mikel PONCE
Britten 'Billy Budd' en el Teatro Real de Madrid © Teatro Real / Javier DEL REAL
Britten Una escena de 'Peter Grimes' en el Palau de Les Arts de Valencia © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO-Mikel PONCE

La muerte de Purcell dejó un vacío de más de 200 años en la escuela inglesa, representada mayoritariamente por autores extranjeros. La llegada de Britten, el mayor compositor británico del siglo XX, supuso el renacer y florecimiento de la tradición a través de un estilo ecléctico que aprovechaba las particularidades idiomáticas y culturales propias y miraba al futuro sin olvidar el pasado.

Tres acontecimientos dejarían una huella indeleble en la vida y en la trayectoria creativa de Benjamin Britten (Lowestoft, 1913-Aldeburgh, 1976): el conocimiento de la obra de Arnold Schoenberg y Alban Berg –en especial de su ópera Wozzeck–, el contacto con el poeta Wystan Hugh Auden (York, 1907-Viena, 1973), y su larga relación junto al tenor Peter Pears (Farnham, 1910-Aldeburgh, 1986), quien se convertiría en su inspiración musical, consejero artístico, protagonista de sus óperas y mucho más que su pareja sentimental. Auden, pacifista consumado, había criticado los regímenes totalitarios y ejerció una importante influencia en la evolución estética de Britten, despertando su interés por el teatro musical y contagiándole su antibelicismo radical. En 1935 comenzaron una serie de colaboraciones entre ambos, como el ciclo para voz y orquesta Our hunting Fathers y las piezas vocales On this Island o Cabaret Songs. Cuatro años después, Wystan Hugh Auden se estableció en Estados Unidos, hecho que causó gran impacto en Britten, trasladándose meses después al país norteamericano junto a Peter Pears.

Su interés por el teatro se tradujo en su primera ópera en 1941, cuando estrena Paul Bunyan, opereta en dos actos con libreto de Auden inspirado en una leyenda estadounidense sobre un leñador gigante. Debido a la dificultad de llevar a escena un montaje con un protagonista de tan grandes proporciones, Bunyan resultó ser un papel hablado a quien se le oye sin ser visto. Esta primera incursión de Britten en el género –y a pesar del poco éxito que tuvo en su momento–, anuncia ya algunos elementos que caracterizarán las futuras creaciones: personajes mayoritariamente masculinos, participación del coro en el estilo de la antigua tragedia griega y una extraordinaria unión entre música y texto mediante el estudio detallado de la rítmica y métrica poéticas. La música, de cierta inspiración folclórica americana, incluye momentos deliciosos –como el blues Quartet of the Defeated–, y presenta la maestría de Britten para la orquestación.
Curiosamente, en ciertos momentos de Paul Bunyan aparecen referencias al mundo sonoro oriental, para describir lo misterioso de la historia. Este escenario musical exótico de su primera ópera, tornará nuevamente en la última que escribió, Death in Venice, también ligado a lo desconocido y representando la enigmática figura de Tadzio.

La nueva ópera inglesa

El primer golpe maestro llegó con Peter Grimes, (1945) ópera en un prólogo y tres actos con libreto de Montagu Slater inspirado en el poema The Borough de George Crabbe (Aldeburgh, 1754-Trowbridge, 1832). No sería exagerado afirmar que Britten creó con Peter Grimes la ópera inglesa moderna, y lo hizo teniendo como protagonista a un personaje peculiar, de los muchos que escogería el compositor: un antihéroe solitario que se enfrenta al rechazo de una sociedad arcaica y opresiva. En 1941, Britten y Pears, declaradamente pacifistas, habían dejado Inglaterra instalándose en California desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial. En la revista The Listener, se hacía referencia a los poemas de Crab­be, y Britten se interesó por sus obras, empezando por The Borough. La historia se basa en un caso real ocurrido en Aldeburgh hacia la mitad del XVIII. Tom Brown, un pescador, fue apartado de la sociedad por ser sospechoso de la muerte de tres aprendices. Llevado a la locura por las acusaciones y el rechazo social, se dejó morir. La obra criticaba la práctica de vender huérfanos para ser explotados en el negocio de la pesca, en condiciones miserables.

Britten: "Escribiendo 'Peter Grimes' he querido manifestar mi conciencia de la perpetua lucha de hombres y mujeres cuya existencia depende del mar"

En la obra de Crabbe, Grimes ha matado a su padre y a varios aprendices llegados de Londres; sus almas se le aparecen clamando venganza y provocando su locura. El recuerdo del mar salvaje de la costa británica que le vio nacer y la fuerza dramática del personaje, animaron a Britten para escribir la ópera. «He pasado casi toda mi vida en contacto con el mar… Escribiendo Peter Grimes he querido manifestar mi conciencia de la perpetua lucha de hombres y mujeres cuya existencia depende del mar», declarará el músico al respecto. Compositor y libretista adaptaron la obra a sus intereses dramáticos, tanto en lo teatral como en lo musical. Grimes pasó a ser un personaje enigmático, complejo e inquietante, que daba lugar a diferentes interpretaciones psicoanalíticas y permitía, sobre todo, una lectura ambigua, aspecto este último presente en muchos de los personajes operísticos de Britten.

El clima belicista que se vivía en el mundo en ese momento no podía sino potenciar los temas tratados en la obra de Crabbe, de carácter universal: el perdón, el sentido de culpa, la violencia física y psicológica, los abusos y la lucha del individuo contra la masa que lo margina. En otro plano de lectura, la exclusión social de Grimes –del que no se sabe si es o no culpable–, aludía a los problemas que Britten y Pears habían tenido en Inglaterra por su homosexualidad.

En el prólogo de la obra, al igual que en la tragedia griega, se introduce al espectador en lo que acontecerá después. Britten incluyó seis interludios sinfónicos –al inicio y mitad de cada acto– protagonizados por la naturaleza, que describen el estado anímico de Grimes y completan el desarrollo de la acción: el alba, con sonidos delicadamente sutiles; la tempestad, con ritmos jazzísticos del Nuevo Mundo; el sol sobre el mar en un día festivo, de ritmos sincopados; el claro de luna y su brillo en las aguas marinas; la niebla; y el famoso passacaglia, un homenaje al del Wozzeck de Alban Berg que refleja la creciente inquietud del protagonista. De esta manera, Grimes está presente en escena incluso en los momentos en que no aparece físicamente.

La ambigüedad del personaje se corresponde con una música y dramaturgia aparentemente tradicionales, pero modernizadas desde diferentes planos, con las escenas ordenadas con simetría especular. Peter y el mar son los dos auténticos protagonistas de la tragedia, el hombre excluido y la naturaleza salvaje que lo acoge cuando es expulsado de la sociedad. Magnífico es el tratamiento del coro, protagonista colectivo que ejerce de puente entre público y acción teatral; como representante de la cultura ancestral, presenta melodías arcaicas y ecos populares, siempre tratados con la exquisita sensibilidad de Britten en el arco de fraseo y en las modulaciones armónicas.

© The boston Globe

Benjamin Britten

Destaca en este creador, ya desde sus primeras obras, su extraordinario sentido del teatro, la caracterización psicológica de los personajes y su respectiva descripción a través de la orquesta. El compositor amalgamó elementos tradicionales con otros nuevos, además de lograr una unión perfecta entre música y texto a partir de la prosodia inglesa. En el original de Crabbe, Grimes es un ser despiadado que se gana el rechazo por su falta de arrepentimiento. Britten lo convierte en héroe trágico –interpretado por Peter Pears–, un personaje diferente que provoca desasosiego en la colectividad, tan amenazante como el propio mar, y que va más allá, porque se autocondena empujando su barca hacia la nada.

Para la reapertura del Festival de Glyndebourne después de la guerra, Britten compuso en 1946 The Rape of Lucretia, su primera ópera de cámara, una de las pocas protagonizadas por una heroína femenina, y dedicada a la cantante Kathleen Ferrier, que servía como reflexión sobre los estragos de la contienda. En 1947 fundó junto al pintor y escenógrafo John Piper el English Opera Group; un año más tarde, inauguró junto a Pears el Aldeburgh Festival of Music and the Arts, en el cual se estrenarían varias de sus obras y se rescatarían otras del pasado.

Otra obra maestra de Britten en el género lírico es Billy Budd, nuevamente un drama de ambiente marino que escribió a petición del Covent Garden, estrenada en 1951 con libreto de Edward Morgan Forster y Eric Crozier. La historia parte de la novela homónima del autor de Moby Dick, Herman Melville, ambientada en 1797 e inspirada en un suceso real de la marina militar inglesa, acontecido durante la guerra contra Francia. En el prólogo operístico, el capitán Vere –papel destinado también a Peter Pears– recuerda los sucesos ocurridos en el verano de 1797. Billy Budd es un joven atractivo y bondadoso, cuyos méritos despiertan los celos del capitán Claggart, quien lo acusa injustamente de provocar un motín. Billy golpea a Claggart causando accidentalmente su muerte; a pesar de su inocencia, el joven es ajusticiado por las leyes marinas. Britten denunciaba con Billy Budd todo tipo de militarismo y acto de injusticia procedente del abuso de poder, aquí excelentemente retratado en una nave de ambiente claustrofóbico, del que el protagonista no puede escapar.

Aunque la obra se estrenó en cuatro actos, Britten la revisó reduciéndola a dos, siendo esta versión la que se representa habitualmente, estrenada en 1964. La ópera está protagonizada por personajes masculinos y describe magistralmente la atmósfera sofocante de la nave, con el trasfondo musical del mar como metáfora del destino. Billy, expresión de la inocencia destinada a la destrucción, representa la lucha entre el bien y el mal. Desde los primeros compases, Britten traduce la oposición entre uno y otro mediante el diálogo de dos planos sonoros irreconciliables desde el punto de vista tradicional, con los instrumentos de arco. El impacto sonoro que provoca este mar de emociones tiene la función de transportar al oyente al ambiente opresivo de una nave a la deriva, tan descontrolada como los propios sentimientos. Nuevamente Britten destaca por la fantasía en la orquestación y su trasfondo psicológico para describir los estados anímicos: como muestra, el aria de Vere, «I accept their Verdict». La versión de Billy Budd grabada para la televisión en 1966 es una joya histórica que todo melómano debería conocer.- ÓA

* Verónica MAYNÉS es musicóloga, pianista, profesora y crítica musical