Historia de la Ópera / Zarzuela

ÓA 239. Historia de la Ópera XLV. Un nuevo sonido nace en Europa

Alemania se convierte en centro de experimentación musical, un laboratorio capitaneado por tres nombres fundamentales: Weill, Hindemith y Dessau

01 / 10 / 2020 - Verónica MAYNÉS* - Tiempo de lectura: 8 min

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'Die Dreigroschenoper', de Weill, en la Duesseldorfer Schauspielhaus © Duesseldorfer Schauspielhaus
'Cardillac', de Hindemith, en una producción de la Latvian National Opera © Latvian National Opera
La ópera de Dessau 'Lanzelot', basada en un libreto de Heiner Müller, recuperada en noviembre de 2019 en Weimar en un montaje de Peter Konwitschny © Theater Erfurt / Candy WELZ

El siglo XX se inauguró con un clima político de incertidumbre que se agravó con la Primera Guerra Mundial y la crisis económica de 1929. En el plano musical, el Romanticismo había llevado a los artistas a un callejón sin salida, antes de la renovación estética que cuestionó la tradición.

Europa se servirá del arte para criticar el caos en el que se hallaba sumida en los primeros años del siglo XX, y Alemania se convertirá en centro de experimentación musical, un laboratorio capitaneado principalmente por tres nombres fundamentales: Weill, Hindemith y Dessau.
Kurt Weill (Dessau, 1900-Nueva York, 1950) absorbió diferentes estilos musicales, creando un género revolucionario cuyo fin no era solo el entretenimiento, sino la educación y la denuncia social. Dicho cometido fue posible gracias a la colaboración con el dramaturgo Bertolt Brecht (Augsburgo, 1898-Berlín, 1956), con quien trabajó de 1927 a 1930, año en el que se separaron debido a sus diferencias. Weill concilió la música popular y la culta, dando mayor reconocimiento a la música de entretenimiento y despojando a la clásica de su rigidez. Esto lo logró al incluir el jazz, el cabaret y la música popular en la ópera, accediendo así a un público nuevo.

"La primera obra maestra del binomio Weill-­Brecht fue 'Die Dreigroschenoper', testimonio musical de la atmósfera que dio lugar al nazismo durante la República de Weimar"

Entre las 16 piezas líricas compuestas por Kurt Weill destaca Der Zar lässt sich photographieren (El zar se deja fotografiar), ópera bufa estrenada en 1928, en un acto y con libreto de Georg Kaiser. Pertenece al subgénero de la Zeitoper, vigente durante la República de Weimar y caracterizado por situar la acción en el presente, en plena actualidad, con personajes populares y formas musicales modernas de fácil accesibilidad, todo en un marco cómico y satírico que entroncaba con la gráfica crítica que imponían los artistas plásticos de la época. Weill incluye estilos como el blues, el swing o el foxtrot, con elementos procedentes del cabaret. La primera obra maestra del binomio Weill-­Brecht fue Die Dreigroschenoper, La ópera de los tres peniques, traducida también como La ópera de los tres centavos o La ópera de los cuatro cuartos, testimonio musical de la atmósfera que dio lugar al nazismo durante la República de Weimar.

Ambos creadores habían causado un gran revuelo en 1927 con la cantata escénica Mahagonny Songspiel, una ópera breve –que se convertiría después en obra de gran formato– definida como Songspiel. Se trataba de un género inventado por ambos, en alusión al tradicional Singspiel alemán y como ataque a la tradición, llevando al escenario el espíritu de la canción ligera interpretada de manera espontánea. Según Brecht Die Dreigroschenoper –que inauguró el Theater am Schiffbauerdamm con éxito arrollador– era un intento para contrarrestar la total idiotez de la ópera, más estúpida que la opereta y más divorciada de la realidad. En el prólogo, se anunciaba que el título se debía a que debería ser tan barata para que los mendigos pudiesen pagarla. La obra se inspiraba en The Beggar’s Opera de Johann Pepusch y John Gay (1728), parodia inglesa de la ópera seria protagonizada por delincuentes, mendigos y prostitutas.

Kurt Weill

Die Dreigroschenoper se inicia con la popular «Die Moritat von Mackie Messer»La balada de Mackie Navaja») una de las piezas más famosas y versionadas del género. En el Londres victoriano, Macheath, jefe de los ladrones conocido como Mackie Navaja –y caricatura del primer ministro británico– se casa a escondidas con Polly, hija de Peachum, rey de los mendigos, que desaprueba la unión. Ambos son personajes sin escrúpulos que monopolizan la actividad criminal de la ciudad.

Macheath es condenado por sus crímenes pero la reina le indulta, regalándole un palacio, un título nobiliario y una renta vitalicia. El texto de Brecht equipara la vida burguesa con la de los delincuentes callejeros, en clara alusión a la corrupción de las clases poderosas y mostrando que el capitalismo es también un delito organizado. Nacía así un género revolucionario, con actores en lugar de cantantes líricos profesionales que comentan la acción para lograr el efecto didáctico planificado por Brecht, y con carteles que aparecían en escena con los títulos de las piezas para crear un distanciamiento emocional entre acción y espectador. La instrumentación se inspira en las orquestas de cabaret berlinesas, con instrumentos típicos del jazz y ritmos populares en boga en la Europa de entreguerras.

El cinismo del mensaje se aprecia ya desde la obertura –con una banda de jazz con bandoneón, trompeta, banjo, saxo, guitarra y trombón–, con fragmentos exquisitos como «Polly’s Lied»La canción de Polly»), el tango Zuhälterballade (Balada del chulo), la canción «Seeräuberjenny»La pirata Jenny» o «Jenny, la de los piratas»), o la Kanonensong, un ragtime en forma de foxtrot, sátira de la guerra. En cinco años Die Dreigroschen­oper alcanzó las diez mil representaciones en Europa y se había traducido a dieciocho idiomas, además de tener una adaptación cinematográfica en 1931.

Otra aportación importante de Weill y Brecht es Aufstieg und Fall der Stadt Mahagonny (Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny), ópera en tres actos estrenada en Leipzig en 1930, la cual nuevamente cuestiona los privilegios de la sociedad burguesa. Weill resumía su credo estético afirmando que la música no debía expresar emociones exacerbadas, sino sentimientos reales provocados por los acontecimientos contemporáneos. Esto suponía renovar el género operístico con un lenguaje musical sencillo, transparente y comprensible. Weill nuevamente incluyó música de jazz, blues, ragtimes y elementos del music hall, combinados con otros más clásicos como el contrapunto y la fuga, con momentos memorables como la chispeante «Alabama Song», pieza icónica versionada incluso por David Bowie o el grupo The Doors. El estreno fue saboteado por simpatizantes del partido nazi y la ópera fue vetada en 1933. El nazismo prohibió la música de Weill, de ascendencia judía, que pasó a engrosar la lista de Entartete Musik o música degenerada. En 1935 se estableció en Estados Unidos, donde compuso cerca de diez piezas de teatro musical para Broadway, hasta su muerte en Nueva York en 1950.

Artista y sociedad

Paul Hindemith (Hanau, 1895-Frankfurt, 1963) fue uno de los más claros representantes de la vanguardia musical de la República de Weimar. Aunque en sus inicios estuvo ligado a corrientes expresionistas influenciadas por Wagner, pronto se adhirió a la Neue Sachlichkeit, (nueva objetividad), movimiento artístico que rechazaba el sentimentalismo, y defendió la Gebrauchsmusik, música utilitaria con una finalidad principalmente educativa. Sus primeras óperas escandalizaron al público: Sancta Susanna, estrenada en 1922, provocó protestas por sus alusiones eróticas y sexuales en un contexto religioso.

Paul Hindemith

Hindemith se interesó también por la música antigua, especialmente renacentista y barroca, que no dudaba en fusionar con elementos del jazz y el cabaret. Una de sus óperas más logradas es Cardillac, en tres actos y con libreto de Ferdinand Lion basado en un relato de E.T.A Hoffmann, estrenada en 1926. Cardillac, el protagonista –representado por un saxo tenor–, es un orfebre extraordinario capaz de crear piezas exquisitas. Su fascinación por la belleza es tal, que asesina para recuperar sus joyas. Hindemith utiliza el contrapunto bachiano y elementos contemporáneos, con formas cerradas tradicionales como arias, dúos, coros, y una bellísima instrumentación de gran eficacia dramática en la que los vientos cobran protagonismo.

Cardillac plantea la relación entre el artista y la sociedad, un tema que Hindemith tratará también en Mathis der Maler y Die Harmonie der Welt. La elección de personajes históricos le sirve para confrontar el mundo musical antiguo y el moderno, o la eterna dialéctica sobre la relación entre autor y obra y su atemporalidad. Mathis der Maler (Mathis el pintor), ópera en siete escenas y libreto propio, está inspirada en la vida del artista Matthias Grünewald y se estrenó en 1938. La situación por la que pasaba Alemania obligó a que la première se realizara en Suiza. El conflicto de Mathis no es otro que el del artista y su entorno, un escenario convulso cuyos desastres condicionan la labor del genio, víctima también del sistema político. El Tercer Reich prohibió su representación en Alemania y Hindemith se exilió inmediatamente en Suiza, estableciéndose dos años después en Estados Unidos.

Paul Dessau, sentado, junto a Bertolt Brecht

Paul Dessau (Hamburgo, 1894-Berlín, 1979) conoció a Brecht durante su exilio en Estados Unidos. La ópera fue uno de los numerosos géneros cultivados por el compositor, quien fue director de teatros operísticos como el de Hamburgo, Berlín o Bremen, entre otros. Die Verurteilung des Lukullus (La condena de Lúculo) es una de las más destacadas colaboraciones entre Brecht y Dessau, ópera en doce escenas estrenada en 1951. El libreto parte de una obra radiofónica de Brecht: en el reino de los muertos se celebra un juicio imaginario al cónsul romano Lúculo, general de numerosas batallas entregado a una vida de lujo y despilfarro. El tribunal no llega a un acuerdo y se llama a declarar a los personajes que aparecen en el friso de su tumba. La ópera denuncia los crímenes de guerra y todo tipo de explotación a través de una simbiótica unión entre texto y música. Lúculo es descrito con una línea vocal inquietante, entrecortada y acompañada con una instrumentación militar.

En lugar de una orquesta de arcos y maderas, Dessau utiliza diferentes combinaciones tímbricas que brindan un sonido áspero, con la orquesta dividida en pequeños grupos de cámara y destacando la participación mayoritaria de la percusión, o de rarezas como el trautonium, instrumento electrónico utilizado en la película Los pájaros de Hitchcock. Las escenas son comentadas por los cantantes para que el público se forme su propio juicio.

Brecht y su teatro épico

Bertolt Brecht es uno de los autores teatrales más destacados de la historia moderna. Tendió puentes estéticos entre Weill, Hindemith y Dessau y revolucionó el libreto operístico. En la obra de los tres compositores hay más de treinta piezas con textos del dramaturgo, entre canciones, obras corales, cantatas y óperas. Su contribución al género lírico se concretó en un nuevo teatro musical, arriesgado, comprometido con los acontecimientos y crítico con la situación política.

Brecht experimentó un giro radical en 1926, cuando leyó El capital de Karl Marx, cambio que se acrecentó al ingresar en 1929 en el Partido Comunista Alemán. Desarrolló una actividad teatral y periodística frenética, que culminó en un nuevo realismo que criticaba al sistema capitalista y a la superficialidad del teatro burgués de entretenimiento. Así nació su teatro épico, con el que pretendía educar a la sociedad y hacerle reflexionar sobre su hipocresía: el espectador despierta su conciencia crítica, convirtiéndose en parte activa del teatro de la vida.

Brecht utiliza expresiones populares y favorece la libertad e irregularidad métrica, con actores que interpelan al público e interrumpen la actuación provocando diversas reacciones. Sus personajes se expresan con cinismo, amarga ironía, humor sarcástico y gestualidad grotesca. En 1933, tras la ascensión de Hitler al poder, la obra La toma de medidas fue abortada por la policía en plena representación, y Brecht inició su exilio en Svendborg, donde escribirá el poema Malos tiempos para la lírica: «En los tiempos sombríos ¿se cantará también? Se cantará también. En los tiempos sombríos». Después huyó a Praga, Viena, Zúrich, París, Helsinki y Estados Unidos, y a través de los medios de comunicación intentó educar a las masas, ganando en 1955 el Premio Stalin de la Paz. Curiosamente, la sociedad acomodada, superficial e insensible que Brecht criticaba en los escenarios, era la misma que lo veneró sin reconocerse reflejada en su cínico espejo teatral.– ÓA

* Verónica MAYNÉS es musicóloga, pianista, profesora y crítica musical