Historia de la Ópera

ÓA 231. Historia de la Ópera (XXXVIII). El genio de Shostakóvich

La historia y los protagonistas del género

01 / 01 / 2020 - Verónica MAYNÉS* - Tiempo de lectura: 8 min

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Dmitri Shostakóvich en 1958 © Wikipedia
La surrealista 'La nariz' de Shostakóvich en la producción de Peter Stein para la Ópera de Zúrich, producción que también viajó a la Ópera Nacional de Finlandia y a la de Roma © Finnish National Opera / Opernhaus Zürich / Suzanne SCHWIERTZ
'Lady Macbeth de Mtsensk' en una reciente producción de Krzysztof Warlikowski para la Opéra National de París © Opéra National de París / Bernd UHLIG

La llegada de Stalin al poder fue un golpe mortal para la libertad de toda la sociedad rusa, pero también para los artistas y creadores. Rusia cerró sus fronteras y se aisló de las corrientes musicales extranjeras, prohibiéndose todo tipo de contacto con la vanguardia. El régimen dictatorial condicionó a sus artistas, obligados a enaltecer a sus líderes y a exaltar las virtudes de las clases trabajadoras. El calvario que vivió Shostakóvich es el ejemplo perfecto.

Bajo amenazas –censura, encarcelamiento, ejecución–, los artistas de la nueva órbita soviética adaptaron sus obras ideológicamente a la doctrina socialista ante el nuevo régimen que agrupó a Rusia y a las repúblicas adscritas al régimen. Dmitri Shostakóvich (San Petersburgo, 1906-Moscú, 1975), inicialmente inscrito en el Partido Comunista, pronto se dio cuenta de la manipulación a la que estaba siendo sometido el pueblo ruso bajo el disfraz de un sistema político que en nada se diferenciaba de la atmósfera de terror del tiempo de los zares.
Aunque Shostakóvich sintió una especial predilección por la ópera, muchos de sus proyectos quedaron inconclusos. Además, las amenazas proferidas por Stalin tras condenar Lady Macbeth del distrito de Mtsensk condicionaron al compositor, quien nunca más se sintió tranquilo en un género en el que demostró ser un genio. Su primera obra maestra fue La nariz, una ópera experimental escrita a los veinte años y basada en un cuento de Nikolai Gogol. Shostakóvich colaboró en la redacción del libreto, junto a otros autores, y aprovechó el surrealista argumento de Gogol para satirizar la Rusia de Alejandro I. Estrenada en 1930 en San Petersburgo, entonces Leningrado, narra la historia de Kovalev, quien se despierta un día sin su nariz y descubre que ésta ha adquirido vida propia. La primera escena se desarrolla en una barbería, en declarado homenaje al Wozzeck de Alban Berg, autor a quien Shostakóvich admiraba. La ópera fue concebida en secuencias escénicas cambiantes, a modo cinematográfico, influenciadas por la labor de Shostakóvich como pianista acompañante del cine mudo, con los personajes que se mueven como piezas de un engranaje musical.

"'La nariz' es una farsa surrealista y grotesca de la vida, particularidad que Shostakóvich supo aprovechar con numerosos recursos musicales, sin olvidar el doble sentido sexual del apéndice nasal"

La nariz es una farsa surrealista y grotesca de la vida, particularidad que Shostakóvich supo aprovechar con numerosos recursos musicales, sin olvidar el doble sentido sexual del apéndice nasal. El músico creó una ópera ecléctica que incluye danzas de corte clásico –como el vals, el galop o la polca–, con una orquestación colorística muy particular. La profusión de elementos grotescos y el uso de la parodia en los fragmentos dramáticos, con episodios atonales y otros neoclásicos, la convierten en una ópera originalísima. No faltan citas a la música popular, o parodias de autores de la tradición rusa –como Musorgsky o Chaikovsky–, alcanzando la obra un eclecticismo sonoro que será la marca del autor, y con un tratamiento extremo de la voz.

La nariz cuenta con momentos excepcionales, como la fuga para percusión o el canon de la escena de la redacción de anuncios, donde ocho voces cantan sendos textos diferentes creando una enorme confusión sonora. La Asociación Rusa de Músicos Proletarios la acusó de formalista –que era el apelativo con el que se condenaba el estilo experimental y vanguardístico– y la obra fue definida como ópera decadente burguesa, cayendo en el olvido.
Sin embargo, y a pesar de los terribles acontecimientos vividos por el compositor –la detención y el envío a campos de concentración de su hermana, cuñado y suegra–, Shostakóvich persistió con el género lírico. Lady Macbeth del distrito de Mtsensk, la ópera más importante de toda la tradición rusa moderna, recibió durísimas acusaciones en el célebre editorial difamatorio publicado en Pravda –diario oficial del Partido Comunista– en 1936, con el que el compositor fue declarado enemigo del pueblo. Shostakóvich proyectaba una especie de Anillo del nibelungo soviético dedicado a la figura femenina, desde la Rusia campesina hasta la liberación de la mujer soviética, que finalmente se quedó en el tintero.

La nueva Lady Macbeth

La primera ópera del ciclo debía ser Lady Macbeth del distrito de Mtsensk, concebida en cuatro actos y con libreto de Aleksandr Preis y del propio compositor basados en la obra homónima de Nikolái Leskov. Su doble estreno en Leningrado el 22 de enero de 1934, y dos días después en Moscú, constituyó un éxito apoteósico: en enero de 1936 se representaron en Moscú tres producciones simultáneas de la obra, un hecho insólito, y con las localidades agotadas; el mismo año, ya se habían realizado 97 representaciones en dicha ciudad, y 83 en Leningrado. Katerina, infelizmente casada con el comerciante Zinovij, inicia una relación con Serguéi, capataz de la hacienda familiar. Para conseguir sus objetivos, Katerina mata a su marido y a su suegro, Boris. Descubierto el doble asesinato, los amantes son deportados a Siberia, donde Serguéi buscará una nueva conquista que Katerina, cegada por los celos, arrojará a las aguas heladas, provocando también su propia muerte.

© Opéra National de París / Bernd UHLIG

'Lady Macbeth de Mtsensk' en la producción de Warlikowski para la Opéra de París

La historia retrataba la lucha de clases y las consecuencias de la ideología soviética, describiendo a los protagonistas con una música acorde a cada uno: mientras los personajes que acompañan a Katerina se expresan con una música grotesca y simple, a la protagonista le corresponde una sonoridad embriagadora, de bellísima entonación. De esta manera, Katerina no era vista como una asesina sin escrúpulos, sino como una víctima del machismo y del sistema político ruso.
Bien fuese por ese motivo, por el tono burlesco con que se presentaba a los medios de seguridad o por la nefasta descripción de la institución familiar, Lady Macbeth del distrito de Mtsensk sufrió un duro ataque tras asistir Stalin a una representación en 1936. Pravda publicó un artículo titulado Caos en lugar de música en el que se condenaba una música en la que “los gritos y alaridos suplantan al canto” con la amenazadora frase “es un juego que puede terminar mal” incluida. Shostakovich fue acusado de retratar de “manera falsa” un entorno supuestamente feliz, acusaciones que truncaron una prometedora carrera operística, ya que el compositor evitó en lo sucesivo un género que adoraba.

"En 1962 Shostakóvich autocensuró su 'Lady Macbeth' recortando el libreto y añadiendo dos entreactos, titulándola 'Katerina Ismailova'. Hubo que esperar al año 1979 para que Mistislav Rostropóvich recuperase la versión original de 'Lady Macbeth de Mtsensk'"

La ópera muestra influencias veristas –historia violenta en un marco rural–, con modos eclesiásticos para describir el folclore, y ciertos tintes expresionistas. Los impulsos pasionales se expresan con una música de contrastes exagerados, que cambia bruscamente en paralelo a los deseos sexuales de los protagonistas. Katerina es anunciada con el clarinete o el oboe, y Serguéi suele aparecer con el violonchelo; a Boris le corresponde la sonoridad misteriosa y oscura del contrafagot, mientras que Zinovij se relaciona con la flauta. Los magníficos entreactos orquestales no solo sirven para el cambio de escenario, sino también para dar continuidad dramática y musical. El más famoso es el que describe el encuentro amoroso entre Katerina y Sérguei, con los glissandi de los trombones como traducción del clímax sexual, y una orquesta que dibuja la lascivia.
En 1962 Shostakóvich autocensuró la ópera recortando los textos peligrosos y añadiendo dos entreactos, titulándola Katerina Ismailova. Hubo que esperar al año 1979 para que Mistislav Rostropóvich –amigo, además, del compositor– recuperase la versión original de Lady Macbeth de Mtsensk.

Shostakóvich pertenecía a la Asociación de Música Contemporánea de Leningrado que promovía la divulgación de la vanguardias occidental y rusa. La revolución proletaria provocó el cierre de la institución, y grupos como la Asociación de Músicos Proletarios de Rusia controlaron toda la producción musical, subordinándola al gusto de las masas. Ya en los años veinte se modificaban los libretos operísticos para acercarlos al pueblo. Así, Tosca se convirtió en Vida para la comuna. Se buscaban temas históricos adecuados para el proletariado, e incluso se consideró la tradicional división entre solistas y coro como una división de clases que había que desterrar. La música debía representar el ruido de la maquinaria y la fuerza de la clase obrera.
Uno de los episodios más vergonzosos de la historia musical rusa, es el del decreto Zhdánov, resolución condenatoria del Comité Central del Partido. Andréi Zhdánov, miembro del Politburó, tenía como cometido ejercer un férreo control sobre los artistas, persiguiendo, descalificando y condenando lo que no se ajustaba a la ideología del realismo socialista. La música no pudo escapar a la dictadura, y en 1948 se publica el decreto en respuesta al estreno en 1947 de la ópera La gran amistad, del georgiano Vanó Muradeli, inicio de una serie de ataques desmesurados sobre compositores como Prokófiev, Khachaturian y el propio Shostakóvich, que vieron prohibidas algunas de sus obras y fueron obligados a retractarse públicamente.
El decreto condenaba el formalismo en la música como “fenómeno antinacional”, e “invitaba” a los compositores “a eliminar lo que debilite nuestra música y perjudique su desarrollo, asegurando el trabajo creador que promueva la cultura musical soviética, con el fin de conducir a la creación de obras de elevada calidad dignas del pueblo soviético”.
La respuesta de los compositores atacados no se hizo esperar: ¿Cómo pudo suceder que haya llegado el formalismo a mi arte? ¿Acaso puede existir algo más excelso y noble que componer música que sea comprendida por nuestro pueblo?, dijo Jachaturian. Shostakovich –que durante años durmió vestido y con la maleta preparada para fugarse si lo detenían, como era costumbre, en mitad de la noche– diría: “Agradezco profundamente toda la crítica contenida en la resolución. Trabajaré con más decisión aún en la descripción musical de las imágenes del heroico pueblo soviético”. Ironías de la vida, Shostakóvich, contrario a todo sistema dictatorial, en su sometimiento a los dictados comunistas se convirtió en el músico oficial de un régimen que detestaba.– ÓA

* Verónica MAYNÉS es musicóloga, pianista, profesora y crítica musical