Historia de la Ópera

ÓA 221. Historia de la Ópera (XXVIII) La lírica en España (X)

La historia y los protagonistas del género

01 / 02 / 2019 - Verónica MAYNÉS - Tiempo de lectura: 10 minutos

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© Teatro de La Zarzuela / Jesús ALCÁNTARA

La nueva hornada de compositores españoles tiene a dos creadores catalanes y dos madrileños como referentes en cuanto a creación lírica. Xavier Benguerel y Josep Maria Mestres Quadreny se colocaron en el punto de mira de la vanguardia, mientras José Luis Turina y Tomás Marco siguen abriendo camino con sus últimas apuestas para el teatro musical.

La producción de Xavier Benguerel i Godó (Barcelona, 1931-2017) cuenta con una especial dedicación al instrumento por excelencia, la voz, a pesar de su poca experiencia en el campo propiamente operístico. Su formación recibió influencias de los impresionistas franceses, pero también de Stravinsky y Bartók, de la Segunda Escuela de Viena, del serialismo y las técnicas aleatorias, entre otras muchas corrientes estéticas. Su corpus incluye obra sinfónica, música de cámara, cantata y ópera, además de piezas para instrumento solista. Fue Cantata d’Amic i Amat –estrenada en Colonia en 1960 y compuesta según el método serial– la obra que le impulsó internacionalmente y que supuso un paso importante en su carrera como creador.

Ya desde sus inicios, Benguerel mostró interés por utilizar un lenguaje común entre sonido y palabra, además de aprovechar los recursos de la voz para acusar el sentido dramático de la música. Cuando llegó Spleen, ópera de cámara compuesta en 1981 y estrenada en 1984 en el Teatre Condal de Barcelona, Benguerel conocía y había experimentado con los más variados y novedosos procedimientos técnicos. El argumento de Spleen, escrito por Lluís Permanyer, gira en torno a la angustia existencial experimentada por un artista que recurre a la droga para salir de su crisis creativa. El libreto permite una traducción musical de gran impacto expresivo, convirtiendo la palabra en una alucinación sonora que se separa totalmente de modelos y escuelas tradicionales. Los instrumentos de la orquesta participan magistralmente en la descripción de la trama, yendo más allá del texto y acercando al oyente la compleja psicología de los protagonistas del drama.

Jo, Dalí

Una escena del espectacular montaje de La Fura dels Baus de la ópera de José Luis Turina DQ, Don Quijote en Barcelona en su estreno en el Liceu barcelonés

El gran formato operístico le llegó cuando el Ministerio de Cultura le encargó una ópera para conmemorar el centenario del nacimiento de Salvador Dalí, en 2004. Varias circunstancias retrasaron el estreno de Jo, Dalí hasta 2011, en el Teatro de La Zarzuela de Madrid, título que más tarde viajaría al Liceu barcelonés, donde Benguerel en 1988 había estrenado una versión escenificada de su oratorio Llibre Vermell inspirado en un cancionero medieval del Monasterio de Montserrat. Pero en Jo, Dalí, Benguerel se enfrentaba al teatro musical con todas sus consecuencias. Con libreto de Jaime Salom en catalán, español e inglés, la ópera se estructura en cuatro actos y trece escenas que se suceden de forma cronológica, desde el encuentro de Dalí y Gala en París hasta la muerte del pintor. El texto se centra en la relación sentimental y artística entre el genio y su musa, una relación de amor y odio, celos y admiración, que además plantea nuevamente una reflexión sobre la función del creador en el mundo contemporáneo desde el punto de vista psicológico y humano. El propio Benguerel había manifestado que la ópera se desarrollaba a partir de lo que el libreto plantea, siendo las palabras las impulsoras de la acción musical y dramática. La obra presenta una música contrapuntística de gran variedad rítmica y considerable fuerza teatral, con una orquesta de más de ochenta instrumentistas que subrayan lo que acontece en el escenario, con especial protagonismo de la percusión y los metales.

La antiópera

La formación científica de Josep Maria Mestres Quadreny (Manresa, 1929) es el punto de partida de gran parte de su obra musical. Su interés por la renovación creativa incluye un complejo método de trabajo que aúna aleatoriedad científica, estadística y estructura, incorporando innovadoras técnicas de vanguardia en las que el azar cobra protagonismo. “La música, al perder el hilo conductor de la melodía, es concebida bajo la idea de campo, lo que conduce a su comprensión global; y esto coincide con la ciencia”, dirá el autor catalán. Entre sus numerosas piezas escénicas se incluye sus óperas El ganxo y Cap de mirar. Descrita por el propio autor como una antióperaEl ganxo (1958, para voz y orquesta de cámara y en un acto) es un manifiesto futurista contra los espectáculos tradicionales, y una de las primeras colaboraciones del músico con el poeta surrealista Joan Brossa, autor del libreto. Lejos de los argumentos convencionales, El ganxo es un espectáculo teatral que incluye acción escénica, música y magia, entre otras sorpresas. Con ella poeta y músico quisieron lidiar contra el ambiente retrógrado de los escenarios de la época, hecho que pospuso su estreno hasta 2006. En 1991 vio la luz Cap de mirar, también con libreto de Brossa. Las notas del poeta en el libreto dan fe del carácter innovador de la obra al describirla como “ópera en tres actos,­ divididos en un número de cuadros entre tres y cinco a decidir. No necesariamente serán cantados, y algunos irán estructurados con toda clase de géneros parateatrales y elementos heterogéneos como proyecciones, tiro al blanco, gimnasia, magia, concurso de belleza, lucha oriental o acciones visuales varias. La configuración de la obra no está basada en ningún argumento lineal. Se trata de crear una realidad teatral que vaya surgiendo en el transcurso de la representación y de utilizar el espacio escénico de forma diferente para obtener un diseño del espectáculo que suponga un paso adelante en el desarrollo del teatro de ópera contemporáneo”.

La Tierra sin libros

Otra aportación a la ópera contemporánea en España es la del madrileño José Luis Turina (1952). De las diferentes incursiones en el género teatral, destaca especialmente la óperaDQ, Don Quijote en Barcelona estrenada en el Liceu en 2000 y escrita por encargo de la compañía teatral La Fura dels Baus y libreto de Justo Navarro. La original propuesta contextualiza la acción en el año 3000, en un mundo en el que ha desaparecido el libro y que transporta al protagonista hasta Barcelona en 2004, momento en el que se celebra el 400º aniversario de la célebre novela cervantina que da título a la ópera. El abanico de posibilidades escénicas y musicales que depara es inmenso: desde los métodos tradicionales hasta la inclusión de procedimientos electroacústicos con la participación de compositores anónimos por internet, respetando la modernidad de la obra de Cervantes y su intención paródica. En cuanto a esto último, brillante es la parodia que Turina hace de la ópera como género mediante el uso de procedimientos tradicionales en ciertos momentos y personajes, o a través de las citas a autores como Wagner. La confrontación literaria entre futuro y pasado se traspasa a los pentagramas como una convivencia entre música de vanguardia y tradicional, presentando al héroe cervantino cantando la nostalgia de su época con un lenguaje tonal y utilizando una retórica que delata su pertenencia al pasado. La participación orquestal otorga especial importancia a instrumentos como el arpa, el piano y la percusión, y se acompaña con música pregrabada para reforzar la densidad sonora de la escena.

Marco y la ópera

Tomás Marco (Madrid, 1942) también dedicó una ópera a la figura cervantina. Compuesta en 2003 por encargo de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones, El caballero de la triste figura –ópera de cámara en siete escenas, prólogo y epílogo– se estrenó en 2005 en el Teatro Circo de Albacete. El compositor confeccionó el libreto, una síntesis de la novela que incluye fragmentos literarios originales y algunos de los episodios más representativos, como el de los molinos o el enfrentamiento con el Caballero de la Blanca Luna. El éxito de la composición radica en el ingenio de Marco para mantener el equilibrio cervantino entre humor, ironía y destino, presentando al protagonista desde el punto de vista filosófico y humano, y aprovechando el vuelo poético al que se presta un personaje de tamaña fantasía. Los elementos barrocos y modernos conviven en una creación que logra una lúcida descripción del entrañable caballero andante.

Poco después, otro personaje literario inspiraría a Marco una nueva ópera, Tenorio, escrita entre 2008 y 2009 por encargo del Estío Musical Burgalés y estrenada en 2017 en El Escorial, en versión de concierto. El autor –que en abril de 2018 iba a estrenar en Madrid su zarzuelaPolicías y ladrones y que una huelga frustró– ofrece una visión atemporal del famoso seductor, una especie de compendio que se inspira principalmente en la versión de Zorrilla, pero también en las de Lord Byron, Molière­ o Tirso de Molina, sin olvidar la adaptación que hizo Lorenzo da Ponte para Mozart. El autor propone una consideración del mito sin caer en la condena o la salvación, sino como reflexión sobre los interrogantes que plantea el amor. La ópera sigue la estructura tradicional –solistas, un coro que comenta la acción y una orquesta apoyando los movimientos escénicos–, y combina elementos melódicos y armónicos contemporáneos con otros con ciertas reminiscencias sonoras del madrigal renacentista.

Otras de las aportaciones de Tomás Marco a la lírica es su ópera El viaje circular (2002) estrenada en el Festival Internacional de Alicante, basada en algunos episodios de la Odiseay escrita para orquesta de cámara incluyendo saxos, percusión, teclados, piano y guitarra eléctrica. El compositor plantea el viaje como una reflexión musical, literaria y escénica, y no solo desde el punto de vista geográfico sino también filosófico,­ abstracto y espiritual. Las seis escenas aparecen retratadas con gran eficacia dramática, ordenadas de forma particular para ser integradas en un todo circula, y con algunos intermedios musicales. Resta al oyente sacar sus conclusiones: la atemporalidad de un viaje existencial como respuesta a todos los interrogantes, desde Homero hasta la actualidad.- ÓA

* Verónica MAYNÉS es musicóloga, pianista, profesora y crítica musical