ENTREVISTAS

Stefano Pace, director general y artístico de la Opéra Royal de Wallonie-Liège

01 / 10 / 2021 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 5 min

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Stefano pace lieja operaactual Stefano Pace © Opéra Royal de Wallonie-Liège

La Opéra Royal de Wallonie de Lieja, en Bélgica, abrió el proceso regular de selección para sustituir a su director general y artístico, Stefano Mazzonis di Pralafera, que falleció poco después acelerando el proceso. En junio, Stefano Pace, un gestor con Adn teatral, era elegido para ocupar el cargo en los próximos años. Su misión: la mirada puesta siempre en los jóvenes y la ampliación a nuevos repertorios, como el español.

El, hasta ahora, intendente del Teatro Verdi de Trieste (Italia), Stefano Pace, acomete su nuevo empeño con enérgica frescura. “Mantener el nivel y mejorarlo” son las máximas del nuevo director general de la Opéra Royal de Wallonie (ORW) de Lieja, en Bélgica, en la que tienen cabida grandes voces y directores, pero no el Regietheater, tan característico de la escena alemana. Romano, nacido en 1958, hijo de escenógrafo y nieto de actores, Pace estudió arquitectura y desde los 19 años empezó a trabajar con nombres ilustres como Jonathan Kent, Maurice Béjart o John Dexter, entre otros. Por ahí donde pasa, se le recuerda. La Opéra de Paris, el Palau de Les Arts (Valencia), el Covent Garden (Londres) o el Teatro Verdi (Trieste), son prueba de ello.

ÓPERA ACTUAL: ¿Cómo fue su introducción en el mundo operístico?

Stefano PACE: Nací en una familia de teatro y vi mi primera ópera, Lucia di Lammermoor, en el Teatro Massimo Bellini de Catania, donde mi padre era director técnico. Mis veranos eran giras con mi padre por teatros y escenarios al aire libre. Nuestra máxima distracción era pasar el tiempo viendo teatro, ópera y opereta. Comencé de manera natural, primero ayudando a mi padre y haciendo un poco de todo –maquetas, pintando, construyendo– y a los 19 hice mi primer proyecto y a los 22 años ya estaba en cinco o seis títulos por temporada. Fue entonces cuando, estudiando arquitectura, me di cuenta de que mi vocación era el teatro y decidí concentrar mis estudios para hacerlo mejor. A los 30 años conocí a Hugues Gall, en Ginebra, cuando estaba haciendo la escenografía para Falstaff. Seguí colaborando con él y, unos años después, cuando fue nombrado director de la Opéra de Paris, me ofreció formar parte de su equipo técnico. Seguí ahí todos los años de Gall hasta los primeros de Gerard Mortier. Siendo miembro del comité de dirección en París aprendí mucho sobre gestión y dirección artística. Seguía las audiciones de los cantantes, trabajaba junto a James Conlon… Al final tenía a mi cargo a más de 700 personas. En ese momento pensé en nuevos retos, y fue entonces cuando me fui al Palau de Les Arts en Valencia.

ÓA: ¿Cómo le fue en España?

S. P.: Dejé parte de mi corazón en Valencia. Fueron tres años maravillosos, que me llenaron de alegría, de energía… Rejuvenecí. Pude empezar de cero, elegir todo el personal a mi cargo, el equipo de producción, el técnico… Se trataba de un equipo joven, entusiasta, con alto grado de preparación intelectual. En seis meses conseguimos un equipo de un nivel profesional tan alto que raramente se podría encontrar en otro teatro del mundo.

© Opéra Royal de Wallonie-Liège

La Royal Opera de Wallonie-Liège

ÓA: También pasó por la Royal Opera House de Londres…

S. P.: Sí, estuve en el comité artístico con una buena colaboración con el maestro Pappano y con Kasper Holten viví una muy buena y enriquecedora experiencia. Me permitió estar en contacto con grandes artistas de nuestro tiempo, como también sucedió en París. Como director técnico establecí una relación muy estrecha con directores de escena que me permitió poder cortar ideas demasiado raras... Establecí una relación de intercambio de puntos de vista con cantantes y directores de orquesta. Asistí a todos los ensayos. En cinco años pude participar en 200 producciones de ópera, ballet, programas para jóvenes… Todo muy intenso y satisfactorio.

ÓA: Por la repentina muerte de Stefano Mazzonis di Pralafera, el proceso de selección en la ORW se tuvo que acelerar. ¿Cómo lo ha vivido?

S. P.: El proceso estaba previsto antes del fallecimiento de Stefano. Incluso hablé con él una semana antes de su muerte. Me sorprendió tristemente todo esto, porque no conocía la gravedad de su estado de salud. Al final he venido a Lieja en para dar otro paso adelante en mi vida profesional. Es un teatro que ya conocía por su calidad humana, su alto nivel profesional. A Lieja me une una larga relación que se inició a los 12 años, siendo la primera ciudad a la que viajé fuera de Italia y donde empecé a practicar el francés. Ahora asumo este nuevo reto con la intención de apoyar a los jóvenes profesionales y trabajar para ayudar al cambio generacional. Tuve la suerte, con 35 años, de desarrollar un puesto de responsabilidad en París y esa oportunidad quiero dársela a otros jóvenes.

ÓA: ¿Cuál es el concepto con el que quiere aterrizar en Lieja?

S. P.: Aunque no sea un concepto artístico como tal, para mí la calidad –de las voces, de la dirección, de la puesta en escena– y la elegancia son fundamentales. Y, por supuesto, la coherencia entre la obra y lo que se ve sobre el escenario. No es posible ver algo en escena que resulte incongruente con la música, con la obra original. La partitura y el libreto explican muy bien lo que se quiere decir. Lo que no es posible es que, para poder entender el espectáculo, el público tenga que leer y tener siempre claro lo que al director de escena le pase por la cabeza. No soy contrario a una actualización de la ópera cuando tienes una justificación sólida, con conceptos muy vinculados a cuanto sucede en la historia. No creo en direcciones trash, provocadoras, consecuencia de historias personales, como hacen algunos directores alemanes. Es como si hablamos de erotismo y de pornografía. En estos casos, la mejor opción es una ópera de un compositor contemporáneo.

“Me gusta hablar mucho con el director musical y con el de escena; no hay nada más desagradable que en el primer ensayo ya haya un conflicto”

ÓA: ¿Cuál cree que es el mayor reto al que se enfrenta en Lieja?

S. P.: El desafío cuando se llega por primera vez a un teatro como director general y artístico, no solo es mantener el nivel que ya tiene, sino mejorarlo. Es como cuando llegas a un equipo de futbol y tienes que ganar más partidos y más títulos. Como aficionado a este deporte, como mi amigo Antonio Pappano que es un gran aficionado al Chelsea, veo muchos paralelismos entre ópera y futbol. La profesionalidad, la evolución y una anticipación al público del mañana… Para que no sea eso de que la ópera es para viejos, o como eso de cualquier tiempo pasado fue mejor

ÓA: ¿Grandes voces o Regietheater?

S. P.: Sin duda, grandes voces. No soy nada amigo del Regietheater. En la ópera la música se escribió basada en un libreto. En esto soy muy intervencionista. Me gusta hablar muchísimo con el director musical y con el de escena porque no hay nada más desagradable que en el primer ensayo conjunto ya haya un conflicto. He visto cosas muy embarazosas.

ÓA: ¿Cuál cree que es el papel de la ORW a nivel internacional?

S. P.: Es un teatro muy importante, con cantantes muy destacados y producciones de relevancia. Mazzonis decidió dedicarlo al repertorio italiano y francés, y yo voy a proponer repertorios más internacionales, como el ruso, checo, alemán y español. Valencia me marcó especialmente y, por ejemplo, quiero traer obras de Vicente Martín y Soler. También zarzuelas como Luisa Fernanda o una ópera española como El gato montés si puedo tener a un tenor como Javier Camarena. En definitiva, quiero dar al público una visión más amplia de todo el repertorio lírico. ÓA

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