ENTREVISTAS

Speranza Scappucci: "Mi punto de partida siempre es la palabra"

06 / 12 / 2020 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 3 min

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Speranza Scappucci La directora italiana Speranza Scappucci © Dario ACOSTA
Speranza Scappucci Speranza Scappucci dirige 'La Traviata' en el Liceu © Yasuko KAGEYAMA

Principal directora invitada de la Opéra Royal de Wallonie (Lieja, Bélgica), Speranza Scappucci se ha hecho un nombre a nivel internacional gracias a sus vigorosas interpretaciones verdianas, herederas de la tradición de Toscanini o Muti, pero también por una flexibilidad que le permite abordar con éxito tanto obras de Puccini como ópera francesa, así como repertorio barroco y sinfónico. Presencia cada vez más habitual en los teatros más importantes del mundo, la directora romana lucha para que no le encasillen en un repertorio o género determinado. En conversación con ÓA deja claras algunas de sus ideas y objetivos.

Durante estos difíciles últimos meses he podido dirigir Così fan tutte en Toulouse y conciertos sinfónicos. La Traviata en el Liceu es mi segunda producción tras el confinamiento. Por desgracia, esta crisis global ha coincidido con debuts importantes en San Francisco, París y el Metropolitan de Nueva York que se han cancelado.

El debut en el Met tenía un componente sentimental para mí, pues estudié en la Juilliard School y pasé muchos años en el teatro como repertorista. Al empezar mi carrera como directora, uno de mis objetivos era dirigir allí. Tenía firmado el contrato para debutar con La Traviata, pero habrá que esperar. Lo haré con otro título que aún no puedo desvelar.

"He aprendido de Muti, sobretodo, un método de trabajo para controlar los diversos elementos de una producción"

He aprendido mucho de Riccardo Muti. Sobre todo que la elección del tempo está intrínsecamente ligado a la palabra, tanto en Verdi, Mozart o cualquier autor. De él, más que aspectos técnicos, adopté un método de trabajo y saber controlar los diversos y variados elementos de una producción operística. También me aconsejó alternar repertorio sinfónico y operístico pues existe un cierto prejuicio hacia los directores de ópera, que para mí es el más difícil. ¡Dirigir Le nozze di Figaro es como dirigir varias sinfonías de Mozart!

Con Verdi hay que partir siempre de la palabra, pero también buscar un equilibrio entre sus indicaciones y la tradición. No me refiero tanto a los agudos como a ciertos recursos expresivos, siempre que no vayan contra el texto. La orquesta debe guiar a las voces, nunca acompañarlas. Es importante combinar la tensión rítmica de ciertas situaciones con la expansión lírica de otros momentos.

Me hubiese gustado hacer una Traviata integral en el Liceu, pero debido a la situación no es posible. Si dirijo una nueva producción soy radical con los cortes, pero si se trata de una ya existente soy más flexible. Por otra parte, cuando trabajas, por ejemplo, con varias sopranos distintas que se alternan en un mismo papel, hay que adaptarse y conseguir que cada una encuentre su espacio y se sienta libre, siempre dentro de una idea dramatúrgica determinada.

Cuando me enfrento a una nueva producción trato de estar presente en los ensayos escénicos desde el principio y si tengo que intervenir lo hago porque, en la ópera, la música debe condicionar todo el resto. Es importante trabajar a fondo con los cantantes y aportarles ideas. Tengo la ventaja de haber sido pianista repertorista, una escuela que te enseña a saber cuándo y cómo decir lo que quieres a los cantantes. A menudo, la preponderancia del elemento escénico es culpa de directores musicales que llegan muy tarde a los ensayos.

Adoro a Puccini, un compositor que considero maltratado y que, a mi modo de ver, se interpreta de manera demasiado sentimental. La música de Puccini, si sigues sus indicaciones, es de por sí expresiva y no hace falta añadirle nada.

El año próximo, en Lieja, tengo proyectos centrados en la música rusa y alemana que me hacen especial ilusión. Amo profundamente la música rusa y durante el confinamiento he empezado a estudiar el idioma. Para mí es imprescindible partir de la palabra para entender el carácter de la música.