ENTREVISTAS

Samuel Mariño, 'sopranista': "En mis conciertos quiero inspirar al público a sentirse libre"

16 / 03 / 2024 - Aniol COSTA-PAU - Tiempo de lectura: 5 min

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Samuel Mariño © Universal Music

El sopranista venezolano Samuel Mariño, además de poseer una de las voces más atractivas del panorama lírico actual, se ha distinguido también por ser uno de los cantantes más atrevidos, trasgresores y reivindicativos sobre el escenario. Su voz incluso a seducido al sello Decca, que le ha fichado en exclusiva.

Firme defensor de la estética queer y la diversidad en el mundo de la ópera, Samuel Mariño es sopranista, un hombre capaz de cantar en la tesitura de soprano, y que vive sus recitales de ópera barroca como un show de disfraces, travestismo y virtuosismo vocal, sumando cada vez más adeptos por todo el mundo, sobre todo entre las nuevas generaciones.

Nacido en Caracas en 1993, empezó estudios de danza, piano y voz en Venezuela hasta que, el 2013, continuó su formación vocal en el Conservatorio de París. Durante la adolescencia, la voz de Mariño no desarrolló la típica mutación y retuvo el timbre agudo, con el que ahora destaca como cantante.

Ha cantado en solitario en teatros de renombre y el 19 y 20 de marzo ofrecerá dos recitales en España, primero en el Auditorio de Castellón de la Plana y después en los Teatros del Canal de Madrid, junto a la orquesta de la Ópera de Versalles. Además de su faceta como solista de conciertos y recitales, Mariño ya ha grabado su primer disco en solitario (Decca) y ya ha protagonizado también sus primeras incursiones en la ópera escenificada, como en el Festival de Glyndebourne del año pasado, a la espera de dar conocer nuevos compromisos la próxima temporada.

¿Qué diferencia un sopranista de un contratenor?

Musicalmente, el contratenor suele cantar en la línea de mezzosoprano, mientras que el sopranista es un hombre que llega al registro de soprano. No es habitual, por lo que siempre cuando canto invito al público a cerrar los ojos y a olvidarse de que soy un hombre para que se fijen únicamente en el timbre.

Y, como hombre con voz de soprano, ¿puedes llegar a todos los tipos de timbre de soprano, o debes restringirte a la coloratura y al barroco, sin tanta exigencia de volumen?

A mí me encanta cantar música barroca, pero también repertorio del clasicismo o de finales del siglo XIX, aunque la mayoría de directores de teatro y de festivales quieren que cante solo barroco; me encasillan por un prejuicio erróneo. Conozco mis límites, evidentemente, sobre todo en cuanto volumen o proyección, pero creo que también podría cantar, por ejemplo, Sophie de Rosenkavalier o Susanna de Le nozze di Figaro.

Para llegar a ser sopranista, ¿es necesario una condición biológica en la voz o basta con técnica y entrenamiento?

Tengo colegas que han llegado a ser sopranistas, pero su voz natural es de tenor o barítono. En mi caso, sin embargo, no tengo mucha opción, ya que por condición biológica mi laringe no baja más y mi registro y condición es este. Aun así, la técnica es muy importante, porque para llegar a cantar repertorio de castrati sin el cambio hormonal de la castración, requiere mucha dificultad.

¿Hay muchos prejuicios de género e identidad sexual en al mundo de ópera?

Absolutamente. Todavía se siguen haciendo producciones en las que la mujer es solo objeto del deseo de los hombres y nunca hay oportunidades para parejas gays, lesbianas o divorciados, que forman parte de la realidad, pero no aparecen representados. Yo no voy a la ópera muy a menudo porque no me siento identificado con estas historias. Si queremos que el público joven llene la sala, además de hacer descuentos, falta adaptar los temas a la actualidad.

© Universal Music

El 'sopranista' Samuel Mariño

Quizá los programadores teman a los pitidos y abucheos del público más conservador contra propuestas transgresoras.

Claro, pero hay que correr riesgos. Nunca hay mala publicidad, lo importante es que una ópera genere reacción, sea negativa o positiva. En mis recitales busco provocación y espectáculo, porque yo he crecido con Britney Spears, Beyoncé y Lady Gaga y me gusta ese tipo de show, ¿por qué tengo que hacer un concierto vestido con traje negro?

Y a los que te dicen que vas contra el espíritu original de los compositores del siglo XVII, ¿qué les dirías?

A los compositores le encantaba que los intérpretes versionaran sus obras. No he encontrado ningún tratado que diga lo contrario. Me parece una excusa de una sociedad extremadamente conservadora, que detesta todo lo que es diferente. Yo quiero transmitir la libertad de expresarse como cada uno quiera. En el colegio me hacían mucho bullying por cómo hablaba y cómo me expresaba, así que ahora quiero hacerlo en libertad. Quiero inspirar al público a sentirse libre y mostrar cómo yo me siento libre cantando.

¿Aspiras a ser el referente para nuevos cantantes que echaste en falta durante tu formación?

Cuando yo estudiaba descubrí cantantes extraordinarios, como Cecilia Bartoli, Renée Fleming o Franco Fagioli, pero eran todos europeos, blancos y de buena familia; bueno Franco es argentino… El caso es que no había ninguna representación de lo queer, de la disidencia sexual; por eso quiero ser pionero y abrir espacio para las personas que se sienten diferentes, sea de la manera que sea. Mi padre, por ejemplo, va en silla ruedas, ¿y cómo puede ser posible que nunca haya trabajado un cantante en silla de ruedas? Amo la música y para que no muera hay que incorporar toda la diversidad.

"En mis recitales busco provocación y espectáculo, porque yo he crecido con Britney Spears, Beyoncé y Lady Gaga y me gusta este tipo de show, ¿por qué tengo que hacer un concierto vestido con traje negro?"

Te sales del cánon tradicional de la música clásica, en el que todo debe ser bello, serio y perfecto…

A veces un personaje simplemente no tiene que sonar bien, estamos haciendo teatro. ¿Dónde pone que el sonido debe ser perfecto? El objetivo es trasladar emociones al público para que sienta emociones, no estamos haciendo música para ascensores, la ópera cuesta mucho dinero, es un arte muy noble que yo quiero llevar al extremo.

En tus recitales la performance es muy importante. ¿Te gustaría trasladar tu estética a un montaje escenificado y participar más a menudo en producciones de óperas completas?

Tengo ofertas para hacer ópera barroca, pero normalmente digo que no porque las producciones realmente me tienen que gustar. Representa un compromiso, porque requieren unas seis semanas de ensayos y solo quiero involucrarme si de verdad el proyecto me motiva. Tengo la suerte de poder hacer recitales y que la gente quiera venir a verme, así que afortunadamente puedo escoger.

¿Y qué nuevos personajes te gustaría poder representar en escena en un futuro? 

Me gustaría hacer algo de Shakespeare. Existe una versión de Otello de Rossini, con un rol de Desdémona que cantó Maria Malibran, que me encantaría interpretar, o el Hamlet, de Ambroise Thomas.– ÓA