ENTREVISTAS

Renée Fleming: ¿Por qué las divas no se retiran?

01 / 03 / 2020 - Helena MATHEOPOULOS - Tiempo de lectura: 5 min

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Fleming DECCA Renée Fleming © DECCA / Andrew ECCLES

El paso del tiempo suele ser un desafío para los grandes artistas. La famosa soprano estadounidense Renée Fleming es un soberbio ejemplo de cómo madurar con talento explorando nuevos retos que enriquezcan su trayectoria vital y artística y participando en programas vanguardistas que exploran la influencia de la música sobre la mente.

Por Helena MATHEOPOULOS*

* Agradecemos a Opera Now la reproducción de esta entrevista aparecida en diciembre en la revista inglesa.  www.operanow.co.uk

Renée Fleming es una de las divas más hermosas y estimadas de nuestros días. Su cremosa voz de soprano lírica ha hecho de ella una exponente ideal de la música de Mozart, Strauss y de la mayor parte del repertorio francés. Con la inteligencia y el conocimiento de sí misma que le son característicos decidió abandonar su repertorio de la escena operística en un momento perfecto para ser recordada como la intérprete ideal de los papeles en que destacó. Y aunque ha dejado de lado en cierto modo el repertorio operístico, está tan ocupada como siempre, reinventando su vida y su carrera de una manera totalmente inesperada. La vida de Fleming puede considerarse una clase magistral acerca de cómo distribuir el tiempo mientras explota nuevos objetivos para su talento y su energía al objeto de garantizarse una vida estimulante y remunerada en distintos niveles.

En este momento enfoca su actividad hacia obras escritas especialmente para ella, así como en asomarse al mundo de las comedias musicales americanas, tanto clásicas como contemporáneas, asegurándose al mismo tiempo nuevas asociaciones artísticas como la que tiene establecida con el pianista acompañante Evgeny Kissin, con quien precisamente realiza una gira por Europa entre el 12 y el 25 de marzo, en plazas tan destacadas como el Musikverein de Viena, el Festspielhaus de Baden-Baden, el Théâtre de Champs Elisées de Paris, en la sala Hércules de Múnich y en el Palacio de la Cultura de Dresde.

Al mismo tiempo se halla muy implicada en otros campos que le apasionan como el de las relaciones entre la música, la salud y la neurociencia. En los dos últimos años ha sido frecuentemente solicitada como portavoz y ha dado más de una veintena de conferencias sobre el tema La música y la mente en instituciones como la Universidad de Stanford, la MIT o el Wigmore Hall de Londres.

 

Música, salud y neurociencia

© Metropolitan Opera / Ken HOWARD

Renée Fleming en una foto promocional del 'Rosenkavalier' en el Met

Ello forma una parte tan importante en su vida que, como asesora artística del Kennedy Center de Washington ha puesto en marcha una colaboración con el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos, máximo valedor mundial de la investigación biomédica. Yo sentía curiosidad por saber qué había motivado la apasionada implicación de una estrella de la ópera en este campo de investigación tan novedoso. “Me interesé en el proyecto hará unos ocho años cuando, a través de diversos artículos publicados con cada vez mayor frecuencia, descubrí con cierta curiosidad que se estaban investigando una serie de experiencias musicales relacionadas con el poder y el efecto de la música sobre la mente.

Conocí al doctor Francis Collins, que dirigía el Instituto Nacional y que resultó ser un músico consumado. Le dije entonces que yo acababa de llegar al Kennedy Center y que sería interesante que ambos centros pudieran colaborar juntos para dar un mayor relieve a lo que se estaba haciendo en ese campo. Su inmediata respuesta fue afirmativa. “Lo que tratamos de hacer es básicamente llamar la atención hacia esta labor y proporcionar una base a los científicos. Yo lo encuentro fascinante y creo que el público sentirá el mismo interés en comprender por qué la música nos conmueve, provoca en nosotros respuestas inmediatas y por qué está implantada en la memoria hasta el punto de que en los enfermos mentales es lo último que se recuerda. También en qué tipo de terapias existen, qué saben las personas sobre la música y la mente. Ese es el tipo de información que aborda nuestro ciclo de conferencias”.

“Nos ocupamos de la financiación para la investigación en el Kennedy Center programamos unas fechas para que científicos, músicos y especialistas en terapia musical puedan reunirse y presentar sus trabajos para llegar a una programación que pueda ser útil para el público”.

Comedia Musical

© DECCA

Renée Fleming en un cartel promociona de su CD 'Brodway'

La soprano estadounidense ha reinventado su carrera musical con incursiones en el mundo de la comedia musical, que empezaron con Nettie Fowler en la producción de Broadway en 2018 de Carousel de Rodgers y Hammesrtein, cuya grabación obtuvo la nominación para los premios Grammy. Vino seguidamente The light in the Piazza de Adam Gettel, que tras sus representaciones veraniegas londinenses en junio de 2019 se presentó tanto en la Ópera de Los Ángeles como en la Lyric Opera de Chicago. “Hay una conexión interesante entre estos musicals –señala- puesto que Adam Gettel, el autor de The light in the Piazza, es el nieto de Richard Rogers, el compositor de Carousel, así que en el fondo todo queda un poco en familia.”
Fleming participó en abril de 2019 en el estreno de Norma Jean Baker of Troy, una obra basada en la figura de Marilyn Monroe de la poeta canadiense Anne Carson encargada para la inauguración de The Shed (El cobertizo), el nuevo espacio de espectacular arquitectura en Hudson Yards, en Nueva York, y en la que Katie Mitchell llevó la dirección escénica y el actor Ben Wishaw el primer papel protagonista. “Tanto Ben como yo somos admiradores de Anne Carson y sus ideas y su concepción del lenguaje son impresionantes. Ve a Marilyn Monroe como una especie de Elena de Troya, toda una leyenda, y Katie Mitchell la dirigió como si fuera una especie de poema representado. La acción se sitúa en 1963 y Ben representaba a un jefe de oficina obsesionado con Monroe y con una vida poco satisfactoria. Yo hacía el papel de su secretaria de tardes, una estenotipista que ve desarrollarse toda la acción. Paul Clark escribió una música fenomenal para mí. Yo canté en casi tres cuartas partes de la obra y en la segunda parte todo el sonido que no era el de mi voz o el texto hablado de Ben – incluidos los fuegos artificiales, las canciones de la radio o los ventiladores eléctricos- eran creaciones sobre impresiones digitales de mi voz. Fue muy hermoso y Ben Whishaw estuvo fenomenal. Me hubiera gustado seguir haciéndola, pero el problema es que Ben está tan solicitado que tiene pendientes de su participación hasta quince películas.”
En el Festival anual de Tanglewood en las Berkshire Hills de Massachusetts, protagonizó una nueva obra escrita para ella por el autor ganador de un Pulitzer Kevin Puts titulada The Brightness of Light (La brillantez de la luz) y basada en las cartas de la icónica artista americana Georgia O’Keeffe y de su marido, el fotógrafo Alfred Stieglitz, que fue interpretado por el barítono Rodney Gilfry. “Es la relación de su vida juntos según reflejan sus cartas, con la adición de otros muchos elementos como fotografías o pinturas”. Después de su estreno en Tanglewood, la obra ha viajado a Denver y al Kennedy Center de Washington. Puts será también el compositor de una nueva obra, también pensada para Fleming, y encargada por la Metropolitan Opera con Yannick Nézet Séguin como mentor, para una temporada todavía a concretar y de cuyo argumento no se sabe nada aún. Y nos desveló un nuevo y ambicioso proyecto, el de una Penelope con libreto de Tom Stoppard y música del ya fallecido André Previn, que contará con la participación de la pianista Simone Dinnerstein, del Emerson Quartet y de la actriz de cine Uma Thurman como narradora. Con tantas obras para aprender en rápida sucesión da la sensación de que la soprano está ahora tan ocupada como cuando dedicaba todo su tiempo a la ópera.

© Metropolitan Opera / Ken HOWARD

Como una espectacular Thais en el Met

Grandes hitos de la carrera

Examinando su larga y plenamente exitosa carrera operística, ¿qué momentos considera realmente especiales en ella? “Adoro las nuevas producciones en que intervine en la época de Hughes Gall en la Ópera de París: Capriccio, la Rusalka con Robert Carsen y un Rosenkavalier con un reparto de ensueño que incluía a Susan Graham, Barbara Bonney y Franz Hawlata. También el haber cantado Desdemona con Plácido Domingo en el Met en 1995 fue muy importante en mi carrera. En realidad, allí empezó su proyección.  (Y con razón: su Desdemona fue una de las más grandes que hayan podido oírse). Y también el Rosenkavalier, tanto en el Met como en Covent Garden, fue muy emocionante”.

 

© Metropolitan Opera / Ken HOWARD

Como Rusalka en el Met en 2011

De hecho, fue cuando estaba cantando la Mariscala en la Ópera de París en diciembre de 1977 cuando conocí a Renée Fleming. Una Mariscala joven en aquel entonces con sus 38 años, resultaba ya ideal para el papel: melancólica, conmovedora y con una gran sensibilidad en la emisión. ¿Ha cambiado esa concepción con el paso de los años? “Absolutamente. Yo estaba en la treintena cuando empecé a cantar la parte, lo que es ideal para un papel en el que puedes crecer porque nunca te cansarás de él y siempre le encontrarás cosas nuevas. Y la Mariscala es así. También lo es Margaret Johnson en Piazza, con la riqueza que representa el viaje interno que realiza en un par de días, algo realmente extraordinario. La Blanche Dubois de Un tranvía llamado deseo es igualmente maravillosa. Me encantó.”

Uno de los motivos de discusión actualmente es el director de escena. Le pregunté a Fleming qué es lo que distingue a un buen régisseur. “¡Una buena pregunta! Hay muchos tipos de director de escena y yo no soy quien para contestarla porque no he hecho muchas nuevas producciones del repertorio habitual. La mayoría de montajes en que intervine eran reposiciones. Con Robert Carsen sí trabajé mucho. También el Capriccio de Viena fue fantástico, con el director de escena suizo-italiano Marco Arturo Marelli, con quien trabajé también en varias reposiciones. Fue una maravilla. David McVicar también ha sido fabuloso. No me importa si se trata de la producción más loca posible siempre que arroje una nueva luz sobre una obra ya conocida y estimada. Yo soy asesora de la Lyric Opera de Chicago y he visto muchas de las producciones de David, a quien admiro mucho y lamento no haber podido coincidir con él. Es un ejemplo de la persona que conoce perfectamente una obra y que puede aportar a la misma algo interesante para el público y para los intérpretes. Resulta siempre estimulante encontrar nuevos aspectos en obras como por ejemplo La Bohème que todo el mundo conoce. A mí no me gusta ver siempre las mismas cosas y hay moldes que tienen ya muchos años de antigüedad. El ver y disfrutar de una obra ya clásica escenificada de manera distinta a la habitual puede resultar mucho más atractivo”.

Según su punto de vista ¿Qué es lo que hace a un gran artista? “Ante todo la voz, el instrumento. Es muy hermoso contar con un instrumento que es único. Y luego está la dimensión artística. Claro que la técnica es la base de todo canto de calidad. Pero cuando hablo de dimensión artística me refiero a la constancia en el trabajo para conseguir un refinamiento cada vez mayor, una mejor variedad en la expresión y una búsqueda constante de unos resultados mejores. Eso es lo que los hace grandes artistas”.

¿Hay algún papel que quisiera hacer antes de dejar el canto? “Bueno, siempre hubiera querido tener la voz adecuada para cantar Tosca. Pero no la tengo, como tampoco la tengo para Salome, Butterfly o Isolda, personajes que me encantan pero que no pertenecen a mi tipo de voz. Siempre he tenido una voz lírica y a ella me he atenido. Obviamente, el color de la voz es relevante para escoger el repertorio adecuado. De hecho, yo he podido hacer y he hecho repertorio belcantista, pero los únicos papeles verdianos de mi repertorio han sido Desdemona y Amelia Grimaldi. Y hasta aquí he llegado. Tampoco he hecho obras veristas y aunque técnicamente hubiera podido cantar la Mimì de La Bohème, me faltaba el color adecuado para hacerlo. El auténtico sonido italiano tiene una capacidad de impacto particular que no existe en mi voz y nunca me ha gustado forzar la voz para conseguir algo que no está en ella. No hubiera disfrutado con ello, así que ¿por qué hacerlo? Yo he tenido la inmensa fortuna de haber realizado una carrera y una vida de una gran riqueza y además he tenido a dos hijas a las que me siento muy unida”.  ÓA