ENTREVISTAS

Patricia Illera, mezzosoprano: "Ojalá consigamos que nuestro arte se valore como se merece"

21 / 05 / 2024 - Aniol COSTA-PAU - Tiempo de lectura: 5 min

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Patricia Illera La mezzosoprano Patricia Illera © Fabián MORASSUT

La Opéra-Théâtre de Metz Métropole cierra su temporada en junio con el debut de la mezzosoprano española Patricia Illera. La artista participará los días 2, 4 y 6 de junio en un doble programa: El amor brujo, una de las obras más famosas de Manuel de Falla, en la que interpretará la parte solista; y La vida breve, en la que se vestirá de Carmela. En el podio estará el maestro madrileño José Miguel Pérez-Sierra.

Patricia Illera es una de las intérpretes líricas en pleno ascenso del panorama español. La mezzosoprano se formó en la Escuela Superior de Canto de Madrid y completó sus estudios en Estados Unidos bajo la tutela de la soprano americana Carol Vaness. Ha cantado recientemente en la Ópera de A Coruña (ver crítica en este enlace), la Ópera de Las Palmas, el Teatro de La Zarzuela, los Teatros del Canal o el Musical Arts Center (USA) y, entre su repertorio, destacan los roles de Paloma de El Barberillo de Lavapiés, Luisa Fernanda, Carmen, Lola de Cavalleria rusticana o la barroca reina Dido, de Dido and Aeneas. Del 2 al 6 de junio, debutará en la Opéra-Théâtre de Metz Métropole con el doble programa El amor brujo y La vida breve, dirigido escénicamente por Paul-Èmile Fourny y con la lectura musical de José Miguel Pérez-Sierra. Asimismo, entre sus próximos proyectos se encuentran Carmen de Bizet, Suzuki en Madama Butterfly o  la tercera dama de Die Zauberflöte, a finales de diciembre, en el Eduard-von-Winterstein-Theater de Annaberg, en el que será su debut en Alemania.

¿Qué supone para ti debutar en un teatro europeo como la Opéra de Metz?

Es un proyecto que me hace especial ilusión porque es mi debut en Francia y en Metz, uno de los teatros de ópera en activo más antiguos de Europa, y de los más valorados por la calidad de sus producciones. Pero, además, me presento con dos obras que adoro, y me encanta que en el extranjero valoren y programen a compositores españoles.

¿Es difícil cantar este doble programa de Falla en una misma función?

La realidad es que nuestro trabajo es físicamente bastante exigente, pero creo que, una vez te metes en el papel, las preocupaciones desaparecen y empiezas a disfrutar de lo que haces. Y, contigo, disfruta el público. Así, lo difícil se hace fácil.

¿Cómo definirías estas dos piezas?

Hay algo que, desde mi punto de vista, representa mucho a Falla, y es la incorporación del costumbrismo y el folclore andaluz como elemento exótico en un lenguaje musical bañado de influencias impresionistas. Esto multiplica la expresividad de sus obras y las convierte en una absoluta genialidad.

¿Qué es lo que más te seduce de El amor brujo?

Creo que no hay persona en el mundo que, habiendo escuchado la danza ritual del fuego de El amor brujo, no se haya enamorado de su música. La manera en la que Falla juega con la instrumentación y aporta colores con la poli-modalidad, centrándose en el modo frigio, permiten pintar perfectamente la atmósfera y cautivar al oyente. Eso, junto a los textos de María Lejárraga, convierten El Amor Brujo en una obra maestra. Si a esta genialidad le sumas la propuesta del coreógrafo Gilles Schamber, con el que estamos trabajando, tienes un espectáculo brillante. Gilles introduce a Candela en las coreografías, haciéndola interaccionar con el resto de personajes y convirtiéndola en el hilo conductor de la trama (estoy prácticamente todo el rato en escena). Estoy segura de que al público le va a emocionar.

¿Y de La vida breve?

La vida breve siempre me ha gustado, pero ahora que he tenido la oportunidad de adentrarme más en ella, estoy absolutamente maravillada, especialmente teniendo en cuenta que Falla, cuando la compuso, no llegaba a los 30 años. Y es que en su música puedes ver absolutamente todo: desde el calor granaíno que sufren los trabajadores de la fragua, a la delicadeza de la vida burguesa. Sin embargo, lo más sorprendente es la manera en que es capaz de plasmar las emociones de los personajes, con una veracidad tal que engancha.

© Fabián MORASSUT

La mezzosoprano Patricia Illera

El papel de Carmela teóricamente lo interpreta una soprano. ¿Cómo es cantarlo siendo mezzo?

La verdad es que Carmela es un rol bastante central, por lo que la escritura no es un problema. Quizá lo más difícil es hacer el cambio de un personaje a otro, porque son completamente distintos, pero por suerte tengo todo el primer acto de la ópera para transformarme.

¿Cómo te sientes al dar a conocer la música española fuera del país?

Muchos compositores españoles son de una calidad excepcional, pero tengo la sensación de que están bastante olvidados. Lo que más me gusta de hacer este programa es que, interpretando nuestra música, permitimos que mucha gente se acerque a ella y queden igual de maravillados que nosotros. De hecho, mi experiencia, por ejemplo en Estados Unidos, es que cuando alguien escucha por primera vez Falla, Albéniz o Granados, se enamoran. Ojalá consigamos que nuestro arte empiece a valorarse como se merece.

¿Cómo ha sido trabajar con José Miguel Pérez-Sierra, director musical del Teatro de La Zarzuela?

El maestro Pérez-Sierra me encanta. Es una persona con una sensibilidad especial para la música, pero que además se documenta muchísimo antes de abordar cualquier proyecto, así que cada decisión que toma está fundamentada histórica y estilísticamente y, por supuesto, sustentada en el texto, el contexto y la emoción de los personajes. Además, comprende al cantante: entiende nuestras individualidades y nos ayuda a sacar lo mejor de nosotros mismos. Así hacer música es muchísimo más fácil, y se disfruta más.

¿Cuándo empezó tu pasión por la música?

De pequeña estudié guitarra, y formé parte de varios coros, así que pude acercarme a la música clásica muy pronto. Pero cuando comencé a estudiar Medicina los horarios de clase y la exigencia de estudio hicieron que me desligara por completo de este mundo. No fue hasta los últimos años de carrera que volví a cantar y redescubrí que la música vocal me apasionaba. La decisión la tomé definitivamente con mi primera producción escenificada en los Teatros del Canal. Me di cuenta de que no hay espectáculo que pueda llegar más al corazón que la ópera. Este es mi destino, es para lo que estoy aquí.

¿Cuáles son los personajes, óperas o compositores que más han marcado tu carrera?

La respuesta es fácil: Carmen de Bizet. Fue el primer rol que hice en Estados Unidos, en el Operastudio de la Universidad de Indiana donde estaba estudiando, y me sentí como en una súper producción. Los medios con los que cuentan allí son espectaculares: desde el teatro, de escenario similar al Metropolitan Opera y con una capacidad de 1.400 butacas; a los especialistas y coaches que ponen a tu disposición, vestuario, peluquería, maquillaje, utilería, maquinaria, regiduría, iluminación, coro, orquesta… Todo era de una calidad excepcional. Aprendí muchísimo. Otro personaje que me marcó fue Dido, de Dido and Aeneas de Purcell; con ella entendí muchas cosas de mí misma, de mi voz, del gesto… Y también percibí que expresar una emoción de manera contenida puede ser igual de efectivo que desgarrar las vestiduras. Hipnotizante.

¿Y los que te gustaría interpretar en un futuro?

Me encantaría poder cantar Charlotte de Werther: es un rol en el que llevo trabajando un tiempo, que vocalmente me va y que considero un reto interpretativo al que me apetece lanzarme. También me gustaría hacer la Maddalena de Rigoletto, que ya he cantado en versión de concierto, pero que moriría por interpretar en escena. Y, ya pensando en compositores españoles, Aurora la Beltrana de Doña Francisquita me fascina y, por supuesto, Salud en La vida breve. Adoro los personajes que me permiten explorar mis horizontes como actriz.– ÓA