ENTREVISTAS

María José Moreno: "Lo que más me gusta en este mundo es cantar"

28 / 11 / 2019 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 6 min

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María José Moreno María José Moreno © Marén Artist

La soprano granadina María José Moreno alterna una vida tranquila en Oleiros, el pequeño municipio de A Coruña donde tiene su hogar, con el ajetreado ritmo del mundo lírico. A sus espaldas ostenta una larga y exitosa carrera basada en el amor al canto y en un rigor profesional que le permite asumir un complejo repertorio cosechando éxitos. Ahora vuelve al Liceu como protagonista de Doña Francisquita. “Por Oleiros se está muy bien, aunque la verdad es que llevo tiempo sin pasar por casa. Ahí se está de maravilla, el mar, la tranquilidad… Es un contraste, sí, pero he vivido muchos años en Madrid así que estoy acostumbrada al ajetreo”, afirmó la soprano a ÓPERA ACTUAL. La verdad es que no para. La temporada pasada estuvo en Palma, Barcelona, Sevilla y Bilbao, comenzando este curso en Les Arts como la Contessa de Le nozze di Figaro, antes de esta Francisquita liceísta y de volver a interpretar, más adelante y en el Teatro de La Zarzuela, a Marola, la protagonista de La tabernera del puerto. Pero no se lamenta, sino todo lo contrario: “Son muchos años cantando, pero hago lo que más me gusta, y no me puedo quejar. Además me siento afortunada por venir a menudo al Liceu”.

ÓPERA ACTUAL: Su carrera profesional tuvo un inicio tardío, algo que no es muy habitual.

María José MORENO: SÍ, muy tardío. Descubrí muy tarde mi pasión por la música, y aunque en casa se cantaba mucho nunca se escuchaba música clásica.

Ó. A.: Muy joven se va a París. ¿Es allí donde descubre el mundo de la ópera?

J. M.: Ya antes escuchaba en la radio programas como El buzón de Radio 2, donde los oyentes pedían música a la carta, incluyendo arias de ópera o romanzas de zarzuela, y ahí descubrí que esto me gustaba. Recuerdo haber comprado, con lo poco que tenía, un coleccionable semanal sobre ópera. Cuando me marché a París tenía tiempo libre y empecé a ir a conciertos, evidentemente gratis porque yo era estudiante y no tenía dinero. ¡Me conozco todas las iglesias donde se hacían conciertos! Ahí me apunté a un coro y estuve cantando un año, pero ¡como contralto! Ya de regreso a España tuve claro que quería dedicarme al canto y me propuse estudiar.

Ó. A.: ¿En la Escuela Superior de Canto de Madrid?

J. M.: Sí, pero era tan tímida que en mi primera audición no me atreví a cantar. Fue al año siguiente, cuando ya estaba cantando en un coro, cuando me lancé y fui aceptada. Solo estuve un par de años, ya que comencé a cantar profesionalmente y me resultó imposible compaginar los estudios con la carrera. Al principio cantaba instintivamente, de natura, y posteriormente fui adquiriendo una base técnica y entendiendo por qué motivo hacía las cosas de un modo u otro. En la Escuela de Canto tuve la suerte de encontrar un profesor como Ramón Regidor, que marcó claramente cuál era mi repertorio, algo importantísimo. Aún hoy le consulto cuando me ofrecen un papel nuevo.

Ó. A.: Si algo caracteriza su carrera es que siempre ha sido rigurosa con su repertorio. Se ha mantenido estrictamente en el registro de lírico-ligera.

J. M.: Siempre he tenido mucho cuidado de cantar lo que podía, no lo que quería. En mis primeros años estuve en una compañía de zarzuela y el director me pedía muchos papeles a los que me negué, pues no eran para mi voz. Él me decía, “pero chica, ¿no quieres ganar dinero?” Y yo lo que quería era cantar muchos años. Claro, duré pocos meses en la compañía…

Ó. A.: Poco después llega su eclosión, un premio en el Concurso Viñas y su debut en el Teatro de La Zarzuela.

J. M.: En la Escuela de Canto se anunciaban audiciones para un reparto joven español de La fille du régiment en el Teatro de La Zarzuela y me presenté. Pasé una primera audición, de ahí me fui al Viñas y volví a Madrid con el premio. El papel de Marie me iba como anillo al dedo, y lo conseguí. Aquellas funciones fueron un impulso muy importantes para mi carrera. Luego todo fue muy rápido. En dos años estaba cantando en todas partes, con debuts en La Scala, la Ópera de Viena…

Ó. A.: Muchos cantantes españoles se quejan del trato que se les da en su propio país. ¿Considera que aquí no se les valora lo suficiente?

J. M.: Cuando empecé a cantar en España había muchos teatros de provincia que programaban ópera y zarzuela y ello te permitía cantar y coger experiencia. Luego, con la crisis, muchos cerraron. Gracias a Dios, algunos han vuelto a abrir, aunque con grandes dificultades. Por otra parte, en teatros como el Real, si no cantas en el extranjero, no te contratan. Da igual que cantes fantásticamente y el teatro se venga abajo cuando lo haces. Si no tienes carrera internacional en ese momento, por lo que sea, parece que no eres digno de cantar en el Real. ¡Eso me parece muy injusto! Prefieren contratar a un cantante extranjero, incluso para debutar un rol, algo impensable si se trata de un cantante español. En el Liceu, por ejemplo, tuve la suerte de tener un gran éxito con Cendrillon y quien contrataba en el interregno entre las direcciones artísticas de Joan Matabosch y Christina Scheppelmann, Ivan van Kalmhout, me ofreció Rigoletto y Lucia di Lammermoor. Esta última obra me abrió las puertas para que Scheppelmann me ofreciese Puritani y Francisquita. Curiosamente han sido directores artísticos extranjeros quienes me han abierto las puertas del Liceu. En cambio, en el extranjero, cuando audicionas, nadie te pregunta de dónde eres.

Francisquita Liceu Un momento de 'Doña Francisquita' con María José Moreno y Celso Albelo © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
Un momento de 'Le nozze di Figaro' que abrió la temporada de Les Arts © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO & Mikel PONCE

Ó. A.: Recientemente ha cantado la Contessa de Le nozze di Figaro y Micaëla de Carmen, dos papeles de perfil lírico. ¿Supone eso un paso hacia un nuevo repertorio.

J. M.: Hay que tener en cuenta que uno de los principales problemas de mi cuerda, la de lírico-ligera, es que cuando llegas a cierta edad, aunque cantes mejor que nunca y mantengas los agudos y la voz en buen estado, prefieren a intérpretes más jóvenes. Prefieren a una Gilda de 20 años. Es lógico y lo entiendo, pero para las cantantes que tenemos esta voz y una trayectoria eso conlleva una situación difícil. Ojalá mi voz hubiese evolucionado a más lírica, porque podría hacer más papeles y tener más oportunidades en otros repertorios. Hay voces que hacen esa evolución y otras, como la mía, que no. He cantado Susanna y creo que se adecúa más a mi voz que la Contessa, pero he querido probarme. Es un papel para mí un tanto pesante, más que Donna Anna de Don Giovanni, pero las críticas han sido buenas. También me han ofrecido varias veces La Traviata, sobre todo al inicio de mi carrera, pero siempre lo rechacé porque no sentía que fuese un rol para mi voz. Ahora lo haría, porque he ganado cuerpo sin perder los agudos, y creo tener la madurez para hacerlo. Lo que desearía ahora es poder cantar Maria Stuarda, Lakmé o Manon de Massenet. El repertorio francés me encanta y creo que encaja muy bien con mi voz. Y sí, recientemente canté Micaëla, que está al límite de mi vocalidad, pero me sentí muy cómoda. Lo que más me gusta en este mundo es cantar, y si lo que me ofrecen son estos roles y salen bien, pues adelante. En todo caso sé muy bien qué no es apropiado para mi voz.

Ó. A.: Francisquita sí que es ideal para su registro y le ofrece gran juego escénico.

J. M.: Sí, vocalmente es ideal para mí. Debuté Francisquita hace muchos años, en una producción de Emilio Sagi para el Teatro de La Zarzuela en los inicios de mi carrera. Y la última vez fue, precisamente, en el Liceu, en una producción de Luis Olmos, aunque solo pude cantar una función porque coincidió en fechas con una ópera que estaba haciendo en Pésaro. Además recuerdo que cuando cantaba en un coro participé en una producción del maestro Tamayo, en el Teatro Apolo de Madrid, y tuve la suerte de coincidir con Alfredo Kraus, que cantaba el rol protagonista. Teatralmente esta producción del Liceu es distinta a las demás porque los diálogos están cortados para los cantantes. Es una versión de Lluís Pasqual en la que hay un actor que declama los textos, que además no son los originales. Por ello no es una Doña Francisquita al uso, además de que se sitúa en tres épocas distintas. Me siento cómoda con la producción y lo hemos pasado muy bien en los ensayos. Con Pasqual he hecho Le Comte Ory en Pésaro e Il Turco in Italia y Don Giovanni en el Real.

Ó. A.: Una vez más compartirá escenario con Celso Albelo, con quien ya hizo I puritani en el Liceu. ¡Parecen pareja de hecho!

J. M.: ¡Sí! ¡Y yo encantada! Celso es un cantante fantástico, un gran compañero y tenemos muy buena compenetración. Además el resto del cast, con cantantes españoles, es sensacional. Seguro que lo pasaremos muy bien con esta Francisquita. ÓA