ENTREVISTAS

Katerina Tretyakova, soprano: “Los grandes directores son los que aman y dialogan con los cantantes”

01 / 06 / 2021 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 4 min

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Katerina Tretyakova La soprano rusa Katerina Tretyakova © Dietmar SCHOLZ
Katerina Tretyakova La soprano rusa Katerina Tretyakova © Dimitri Zimmer

Afincada en Barcelona y con una ascendente carrera internacional, la soprano rusa Katerina Tretyakova vuelve al Liceu para interpretar Musetta de La bohème tras su Juliette de 2019 y el éxito que supuso su debut en la Berliner Staatsoper con La traviata. Poseedora de una bella voz de lírico ligera con claro margen de expansión, una sólida técnica y gran presencia escénica, Tretyakova tiene muy claro cuáles son los pasos a seguir y los tempos de su carrera.

La primera vez que canté en el Liceu fue en el Concurso Tenor Viñas [ganó la edición de 2013] y siempre me ha parecido una sala preciosa con una acústica magnífica. Debuté con Oscar de Un ballo in maschera, un papel que ya no era para mí, pero con un gran cast. Luego vino Roméo et Juliette, de la que tengo un gran recuerdo, y ahora vuelvo con La Bohème. Tengo curiosidad por ver la propuesta de Àlex Ollé. He cantado Musetta en Seúl y Hamburgo. Tiene un punto exhibicionista, a lo Marilyn Monroe, y, como ella, un gran corazón. Vocalmente es muy central, y me siento muy cómoda. Si has cantado Lucia o Violetta, Musetta es un regalo.

Nací en Rusia, pero crecí en una pequeña ciudad de Lituania. Con 12 años gané un talent show a dúo con Olga Peretyatko. Estudié música en Vilnius y empecé dirigiendo coros. Me gustaba, pero me atraía más expresarme a través de mi individualidad. Me ofrecieron seriamente cantar pop, que me encanta, pero me parecía más interesante el canto clásico.

Tuve la suerte, y ahora me doy cuenta cuando doy clases, de haber tenido una profesora como Giedre Kaukaite. Me proporcionó una sólida base técnica que ha sido decisiva y me aconsejó bien. Mi idea era ir a estudiar a Italia, pero me hizo ver que Salzburgo era mejor opción porque la escuela belcantista me la había enseñado ella. Allí estuve dos años y debuté en el Festival con Apollo et Hyacinthus de Mozart. Esa etapa me hizo entender qué debía trabajar para conseguir una carrera internacional.

En 2010 entré en el Opera Studio de Hamburgo y formé parte de la compañía hasta 2016. Ahí debuté Lucia, Violetta o Gilda, y con pocos ensayos. Es importante tener seguridad escénica y vocal para asumir esa dinámica de trabajo. Además, Hamburgo tiene una sala de acústica difícil, o sea que cuando vas a teatros con buena acústica todo te parece más fácil.

Mi Traviata en la Staatsoper de Berlín fue un momento muy especial. Me llamaron dos semanas antes, pero es un rol que había cantado y en el que me siento muy cómoda. Me lo ofrecían desde muy joven, pero decidí esperar. Ahora encaja perfectamente con mi voz. También me han propuesto a menudo Mimì, pero prefiero roles con los que pueda dar lo mejor de mí. Además, si incorporas personajes más dramáticos dejan de ofrecerte pape les como Gilda, y por ahora también quiero seguir con este repertorio.

Admiro a muchos cantantes y aprendo de todos. Cantando La Bohème con Anja Harteros descubrí algo importante. Ella cantaba según su idea mientras Simone Young, una gran directora, se adaptaba, creando juntas algo especial. Decidí hacer lo mismo: no seguir al director sino expresar lo que yo sentía. Al final, Young vino a felicitarme. Eso hacen los grandes directores, dialogar musicalmente con los cantantes, amarlos y unirse a ellos para crear momentos extraordinarios.

Ha sido un año terrible, con cancelaciones dolorosas. Como un Fidelio en París, también con Simone Young. Es admirable cómo los teatros españoles han apostado por abrir con medidas sanitarias ejemplares muy superiores a las que vivimos en un vuelo o en los transportes públicos. Por eso no entiendo por qué siguen cerrados tantos teatros. Hay que cambiar esa mentalidad. ÓA