ENTREVISTAS

Carlos Álvarez, Yago en el Liceu: "Tras treinta años de carrera, he aprendido a cantar"

01 / 03 / 2021 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 3 min

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Carlos Álvarez El barítono español Carlos Álvarez como Yago en el 'Otello' verdiano © Staatsoper de Viena / Michael POHN
Otello Álvarez Carlos Álvarez como Yago junto al Cassio de Airam Hernández durante un ensayo de 'Otello' en el Liceu © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL

En la plenitud de una impresionante carrera, no cabe duda de que el barítono malagueño pasará a la historia como uno de los grandes de su generación y de la lírica española. Poseedor de una voz suntuosa, el Premio ÓPERA ACTUAL 2015 ha sabido construir una trayectoria artística modélica. Ahora, en plena madurez, vuelve al Gran Teatre del Liceu de Barcelona como Yago del Otello verdiano, una de sus más grandes creaciones. En esta entrevista profundiza en su visión del personaje y repasa los momentos clave de su carrera.

Este mes de marzo hará 32 años que estoy en activo y parece que fue ayer cuando debuté. Me considero un privilegiado por haber seguido cantando pese a las muchas cancelaciones en esta época de pandemia. La inactividad es dura porque el nuestro es un trabajo físico y necesita ejercitarse constantemente. No es lo mismo cantar en casa que en un teatro y la falta de entrenamiento se nota.

En el Liceu coincidiré con Dudamel tras aquel Don Giovanni en La Scala de 2006. Es de esos maestros que tienen la capacidad de entusiasmarte y con Otello tendremos la oportunidad de reencontrarnos ambos más maduros. Será un reto fascinante. Yago es ese tipo vil y genial que maquina en su interés cueste lo que cueste, como quien no rompe un plato. Los peores malvados, como Yago o Scarpia, son aquellos capaces de hacer el mal sin pestañear. Con el dedo meñique pueden crear un holocausto.

Yago es distinto vocalmente a los barítonos verdianos anteriores, está más cercano a personajes como Scarpia o Gérard de Andrea Chénier. Una evolución natural que lo acerca a ese verismo que está llamando a las puertas. Hay un componente muy descriptivo en su canto. Es el único personaje que rompe la cuarta pared, se dirige directamente al público y eso obliga a Verdi a que su cantabile tenga más densidad.

© Lobofotógrafos

El barítono malagueño Carlos Álvarez

He disfrutado mucho cantando Falstaff. En realidad, el papel cómico es Ford y no Falstaff. Con Falstaff Verdi nos dice: “Este soy yo y hasta aquí he llegado”. Tras esta obra, la historia europea y la ópera cambian. En mi opinión, Verdi es uno de los primeros críticos sociales de la ópera. Pone la realidad de su época en escena y la muestra sin cortapisas.

Si no hubiese coincidido con Alfonso Leoz mi carrera hubiese sido muy distinta. Ha influido decisivamente en cómo concibo mi trabajo y en mi forma de cantar. Yo era un chico con buena voz que desconocía las necesidades que exige una trayectoria seria y larga. Él me las enseñó. Creo que, tras 30 años de carrera, puedo decir que he aprendido a cantar. Cuando eres joven tienes fuerza, ímpetu y crees que puedes abordar cualquier cosa. Pero no es así. Tu voz debe estar preparada para resistir y poseer la ductilidad necesaria para afrontar tantos y tan diversos papeles. Y eso lo consigues con los años.

Mi negativa a cantar Rigoletto con Muti fue muy comentada, pero también dije no a otros papeles, como Scarpia. El mismo Muti, con quien luego he cantado varias veces, me dijo que le dolió en su momento, pero que tenía razón. Eso ha creado un gran respeto y admiración entre ambos.

Tras el parón por temas de salud, cuando volví a cantar Otello en Valencia rompí a llorar en el escenario. ¡No sabía si podría volver a hacerlo! Recuerdo decirle a mi mujer que, si no pudiese volver a los grandes papeles, me conformaría con hacer secundarios bien hechos. Cantar en un escenario produce una sensación de euforia como pocas en la vida. Haber interpretado una vez más La de manojo de rosas en el Teatro de La Zarzuela, tras hacerlo en 1990, tuvo un componente simbólico y enmarca una trayectoria, la historia que me ha permitido convertirme en el cantante que soy. Una bonita historia. ÓA