Zúrich: Un 'Turco' para el recuerdo

27 / 05 / 2019 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 3 minutos

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La acertada producción de Jan Philip Gogler trasladó la acción original de la ópera de Rossini a un complejo de apartamentos que sirven como escenario principal © Opernhaus Zurich / Hans Jörg MICHEL
La acertada producción de Jan Philip Gogler trasladó la acción original de la ópera de Rossini a un complejo de apartamentos que sirven como escenario principal © Opernhaus Zurich / Hans Jörg MICHEL
La acertada producción de Jan Philip Gogler trasladó la acción original de la ópera de Rossini a un complejo de apartamentos que sirven como escenario principal © Opernhaus Zurich / Hans Jörg MICHEL
La acertada producción de Jan Philip Gogler trasladó la acción original de la ópera de Rossini a un complejo de apartamentos que sirven como escenario principal © Opernhaus Zurich / Hans Jörg MICHEL
La acertada producción de Jan Philip Gogler trasladó la acción original de la ópera de Rossini a un complejo de apartamentos que sirven como escenario principal © Opernhaus Zurich / Hans Jörg MICHEL

Opernhaus Zurich

Rossini: IL TURCO IN ITALIA

Julie Fuchs, Nahuel di Pierro, Renato Girolami, Edgardo Rocha, Pietro Spagnoli, Rebeca Olvera, Nathan Haller. Philarmonia Zurich. Zusatschor Opernhaus Zurich. Dirección: Enrique Mazzola. Dirección de escena: Jan Philip Gogler. 18 de mayo de 2019.

Rossini escribió Il Turco in Italia en 1814 justo después del éxito de L’italiana in Algeri. Considerada erróneamente como una continuación de esta segunda, el argumento bien podría considerarse inspirado en el Così mozartiano. La verdad es que Rossini compuso una de sus obras musicalmente más originales, a pesar de las aportaciones de otros compositores en los recitativos y en algún conjunto.

Su obertura es armónicamente dispar a lo que el Cisne de Pesaro tenía acostumbrado a su público, con ese largo pasaje de trompa solista, aquí extrañamente desafinado. Pero Rossini compuso una de sus más brillantes piezas con escenas, cavatine, duetti, terzetti, escenas con coro o ese magnífico finale primo. Una joya que en Zúrich brilló sobre manera, y es que hubo inspiración por los cuatro costados.

La brillante producción de Jan Philip Gogler situó la acción en un complejo de apartamentos, probablemente napolitanos, donde la mordacidad estaba al servicio de un ingenioso texto teatral que casaba a las mil maravillas con la actualización del regista. Gogler demostró así que el juego del desengaño amoroso está a la orden del día y se adapta bien al libreto que relata el remoloneo de una italiana descocada ante la carne fresca del sexy turco recién llegado al edificio. Jugó también a las mil maravillas un espacio escénico diseñado por Ben Baur muy dinámico de puertas abriéndose y cerrando y mostrando el delante y detrás de cada recoveco del edificio. Magnífico también el concepto del poeta-director de cine que solo logra inspirarse con lo que acontece en casa de sus vecinos.

Uno de nuestros directores más internacionales, Enrique Mazzola, volvió a demostrar que es un gran experto en bel canto y que Rossini le va perfecto. Después del pequeño desajuste con la trompa solista Mazzola mostró su conocimiento en el repertorio, en ese cuidado de las dinámicas y el juego cromático, consiguiendo un sonido excelso y muy italiano de la Philharmonia Zurich. Cada número era un gozo y brillantemente resulto. Fue, sin duda el eje principal al que se sostuvo este Turco y que ha sido, sin duda, una de las mejores producciones de la temporada de la Opernhaus.

 

Julie Fuchs, brillante Fiorilla, junto al Selim de Nahuel di Pierro, el Don Geronio de Renato Girolami y el Narciso (al fondo) de Edgardo Rocha

Vocalmente también se contó con un muy sólido reparto, empezando por el Selim de Nahuel di Pierro, quien se apuntó un importante éxito personal gracias a una voz bien proyectada, técnicamente implacable y musicalmente exquisita. A su lado, la soprano francesa Julie Fuchs (Fiorilla) fue una pura delicia; su control técnico es apabullante, pero también lo es su intencionalidad musical además de su capacidad teatral y vis cómica. Escucharla en todos los números fue un verdadero regalo, pero, claro está, dejó mudo al respetable después de la gran escena «Squallida veste e bruna».

Edgardo Rocha (Narciso) gustó mucho por esa voz de gran calidad, con una depurada proyección y ese bellísimo squillo, a pesar de alguna imprecisión en la coloratura; en todo caso, estuvo magnífico en «Tu seconda il mio disegno». De hilarante comicidad resultó el Geronio de Renato Girolami, que demostró sabiduría y entrega en el clásico rol de bajo-barítono bufo. También Pietro Spagnoli como el poeta Prosdocimo estuvo entregado a la causa. Y es que la calidad se contagió de todo el elenco y así la soprano mexicana Rebeca Olvera (Zaida) y el Albazar de Nathan Haller estuvieron también formidables, logrando todos un nivel superlativo.