'Zarqa Al Yamama', la ópera saudí de tintes occidentales

Riad

03 / 05 / 2024 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 3 min

Print Friendly, PDF & Email
arabia saudita Estreno absoluto en Riad de la nueva ópera 'Zarqa Al Yamama' © Centro Cultural Rey Fahad
arabia saudita Estreno absoluto en Riad de la nueva ópera 'Zarqa Al Yamama' © Centro Cultural Rey Fahad
arabia saudita Estreno absoluto en Riad de la nueva ópera 'Zarqa Al Yamama' © Centro Cultural Rey Fahad

Centro Cultural Rey Fahad

Lee Bradshaw: ZARQA AL YAMAMA

Estreno absoluto

Sarah Connolly, Serena Farnocchia, Amelia Wawrzon, Aleksandar Stefanovski, George von Bergen, Paride Cataldo, Khayran Al Zahrani, Eleen Al Jumala, Reemaz Oqbi, Sawsan Albahiti. Dirección musical: Pablo González. Dirección de escena: Daniele Finzi Pasca. 25 de abril de 2024.

El Centro Cultural Rey Fahad en Riad fue testigo de un acontecimiento sin precedentes en la historia cultural de Arabia Saudita: el estreno de Zarqa Al Yamama, proclamada como la primera ópera autóctona. Este esfuerzo forma parte de una iniciativa más amplia del reino por posicionarse como una fuerza cultural a nivel mundial, lo cual incluye la construcción de un nuevo teatro de ópera previsto para 2029, la Royal Opera House de Riad. Pero, antes, la ciudad costera de Jeddah se avanzará en 2027 abriendo el primer escenario operístico saudí. Mientras tanto, Zarqa Al Yamama, con partitura del australiano Lee Bradshaw, emergió como un audaz tapiz de colaboración internacional con talentos de diversos rincones del mundo, dirigida por la batuta española de Pablo González y con dirección escénica del suizo Daniele Finzi Pasca.

El libreto, obra del poeta saudí Saleh Zamanan, toma como base una de las leyendas más evocadoras de Arabia Saudita; la historia sigue a Zarqa, una vidente de ojos azules que puede prever eventos futuros, pero cuyas advertencias sobre una inminente invasión son ignoradas llevando a la devastación de su tribu. Esta narrativa potente y rica en imágenes culturales proporciona un terreno fértil para un drama operístico.

Sin embargo, a pesar del entusiasmo, la importancia de este estreno y la magnitud del proyecto, hubo sombras y luces. La música de Bradshaw resultó el talón de Aquiles de la propuesta: aunque la obra intenta incorporar influencias árabes —casi imperceptibles, salvo dos momentos metidos con calzador de una niña youtuber, Eleen Al Jumaia, cantando melodías saudíes acompañada de dos instrumentos tradicionales—, muchas partes de la composición parecieron no alcanzar la profundidad emocional ni la cohesión estilística esperadas, a menudo resonando como un eco diluido de Stravinsky o, incluso, de Shostakovich, más que como un sonido auténticamente nuevo y vibrante. Además, se decidió que esta producción estuviera amplificada, aspecto que atenta contra la esencia misma de la ópera. Habría que plantear en futuros estrenos, más si se les quiere dar el embalaje histórico deseado, que el equipo creador esté al nivel de las expectativas del mundo de la lírica. O, también, buscar en el talento local, hecho que ya vendrá, con las inminentes políticas educativas de música y artes escénicas que el país está desarrollando, a pesar de las críticas más conservadoras.

"La mezzosoprano británica Sarah Connolly, en el papel de Zarqa, destacó por una interpretación emotiva y su habilidad para adaptarse a los distintos desafíos, entre ellos el de cantar en árabe"

Vocalmente, la mezzosoprano británica Sarah Connolly, en el papel de Zarqa, destacó por una interpretación emotiva y su habilidad para adaptarse a los distintos desafíos, entre ellos el de cantar en árabe, reto que al parecer cumplió con nota. Serena Farnocchia, reconocida soprano italiana, fue un verdadero lujo como Hazila, un rol que interpretó desde el corazón y con las fantásticas condiciones vocales que le caracterizan. Por su parte, la soprano australiana Amelia Wawrzon fue una muy dulce y siempre timbrada Afira, que pecó de un exceso de vibrato, incluso molesto. El tenor italiano Paride Cataldo destacó como Ben Afar Al Aswad, ofreciendo momentos de brillantez lírica y con gran robustez canora. Muy bien los jóvenes cantantes saudíes Reemaz Oqbi y Sawsan Albahiti (Bridesmaid I y II) y Khayran Al Zahrani (Naoufel), quienes prosiguieron sus estudios vocales en Europa.

El coro, compuesto por miembros del Coro Filarmónico Checo de Brno, y los Dresden Symphoniker, estuvieron dirigidos con compromiso por Pablo González, añadieron una dimensión vibrante y energética a la producción, aunque lucharon por superar las limitaciones de la partitura.

Visualmente, la ópera fue un festín para los ojos: la dirección de escena de Finzi Pasca, conocido por su capacidad para conjurar imágenes espectaculares y emotivas, junto con los vibrantes diseños de escenario y los innovadores efectos visuales, ayudaron a transportar al público a un mundo de antigua leyenda y conflicto dramático. El regista suizo diseñó con fidelidad una puesta en escena hipnótica, con escenografía de Luigi Ferrigno —esa ballena gigante que simbolizaba lo eterno—, teatralmente muy efectiva y brillantes y emotivos efectos, juegos de sombras, iluminación y proyecciones muy dramáticas o la escena de la acumulación de cadáveres durante la confrontación de ambas tribus.  * Albert GARRIGA, colaborador de ÓPERA ACTUAL