Yoncheva en su debut liceísta

Barcelona

02 / 05 / 2022 - Marcelo CERVELLÓ - Tiempo de lectura: 3 min

Print Friendly, PDF & Email
Sonya Yoncheva, en un momento del recital © Gran Teatre del Liceu / Toni BOFILL
yoncheva-operaactual-liceu (2) Sonya Yoncheva, en un momento del recital © Gran Teatre del Liceu / Toni BOFILL
yoncheva-operaactual-liceu (3) Sonya Yoncheva y el director Nayden Todorov © Gran Teatre del Liceu / Toni BOFILL

Gran Teatre del Liceu

Concierto de SONYA YONCHEVA

Debut en el Liceu

Obras de Verdi y Puccini. Orquestra Simfònica del Gran Teatre del Liceu. Dirección: Nayden Todorov. 30 de abril de 2022.

Los vociómanos –admítase el término, porque sus especímenes existen, y no son pocos– debieron salir el pasado mes de noviembre del Palau de la Música Catalana con tanto o más hambre de la que traían al entrar en el concierto del ciclo Grans Veus. Habían oído a Sonya Yoncheva, sí, pero no exactamente en lo que hubieran querido. El refinamiento en la elección del repertorio entonces propuesto entre ella y la Cappella Mediterranea era indiscutible, pero no se correspondía exactamente con las expectativas suscitadas por la presencia de la soprano búlgara, una de las estrellas operísticas del momento.

"Musicalidad absoluta, fraseo de una riqueza que sabe realzar los textos y un registro agudo seguro y afinado fueron suficientes para llevar al público al éxtasis"

Ahora, en su debut el Liceu, las cosas han sido distintas. Seis arias de ópera –ocho, si entran en el cómputo las añadidas fuera de programa y ello sin incluir el bis de “In quelle trine morbide”– con muchos momentos punta y con el sostén de una orquesta que se lució en oberturas e intermedios bien elegidos, daban para mucho y ofrecían un panorama que no hay ópera que pueda igualar. Esta vez, Yoncheva venía con todo. El resultado artístico fue memorable. No tuvo necesidad la cantante de apoyarse en un volumen o en la suculencia de una emisión que no es la suya para demostrar el lugar que ocupa en el actual panorama lírico. Musicalidad absoluta, fraseo de una riqueza que sabe realzar los textos y un registro agudo seguro y afinado fueron suficientes para llevar al público al éxtasis, desde la inicial aria de Don Carlos en el original francés hasta el aclamado “Un bel dì vedremo” del final, pasando por una versión de “Se come voi piccina io fossi” que suscitó en la sala un entusiasmo tan inesperado como merecido.

Su concepto de la sfumatura vocal brillaría en la salida de Carmen añadida al programa de forma definitiva, aun timándose simpáticamente con el maestro y su “Babbino caro” fue irresistible a pesar de una ligera indecisión en el texto. Nayden Todorov no tuvo escrúpulo alguno en subrayar las grandes expansiones melódicas o los ritmos agitados –su Tregenda fue fervorosamente celebrada– para corroborar el buen nivel actual de la Simfònica liceísta. En cualquier caso, el espectador había oído en este caso lo que había ido a oír. Una velada excelente.  * Marcelo CERVELLÓ, corresponsal en Barcelona de ÓPERA ACTUAL