'Wozzeck' triunfa con Goerne en su regreso al Liceu

Barcelona

23 / 05 / 2022 - Fernando SANS RIVIÈRE - Tiempo de lectura: 4 min

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Wozzeck Kentridge Liceu 'Wozzeck' en el Liceu, en la producción de William Kentridge y con Matthias Goerne como protagonista © Gran Teatre del Liceu / A. BOFILL
Wozzeck Kentridge Liceu 'Wozzeck' en el Liceu, en la producción de William Kentridge y con Matthias Goerne como protagonista © Gran Teatre del Liceu / A. BOFILL
Wozzeck Kentridge Liceu 'Wozzeck' en el Liceu, en la producción de William Kentridge y con Matthias Goerne como protagonista © Gran Teatre del Liceu / A. BOFILL
Wozzeck Kentridge Liceu 'Wozzeck' en el Liceu, en la producción de William Kentridge y con Matthias Goerne como protagonista © Gran Teatre del Liceu / A. BOFILL

Gran Teatre del Liceu

Berg: WOZZECK

Matthias Goerne, Annemarie Kremer, Torsten Kerl, Peter Tantsits, Mikeldi Atxalandabaso, Peter Rose, Rinat Shaham, Beñat Egiarte. Orquestra Simfònica del Gran Teatro del Liceo. Dirección musical: Josep Pons. Dirección de escena: William Kentridge. 22 de mayo de 2022.

La apuesta del Gran Teatre del Liceu por convertirse en un coliseo de las artes está muy unida a esta propuesta de la ópera de Alban Berg firmada por el artista plástico surafricano William Kentridge para el Festival de Salzburgo (2017) cuando iniciaba su mandato como intendente Markus Hinterhäuser. La producción ha obtenido un gran éxito en su estreno barcelonés gracias también a estar arropada por una dirección musical de gran transparencia y vitalidad a cargo de Josep Pons al frente de la Simfònica del Liceu que ofrece una gran conjunción y por un elenco de gran calidad encabezado por un Matthias Goerne que también estuvo presente en el estreno de la producción en Salzburgo y que en esta ocasión estuvo sobresaliente a nivel canoro e interpretativo.

La abigarrada producción ideada por Kentridge traslada la obra a la I Guerra Mundial, con edificios en ruinas y una miserable población que trata de sobrevivir a la terrible situación bélica entre frágiles y caóticas estructuras de madera que definen, a grosso modo, los diferentes espacios de la truculenta trama operística. Todo ello inundado por las ilustraciones y dibujos de Kentridge que van variando sutilmente o de forma llamativa a medida que avanza la acción y jugando desde el inicio con proyecciones cinematográficas y animadas de Catherine Meyburgh y Kim Gunning que van intercalándose o superponiéndose a los dibujos con un excelente efecto. A ello se unen los numerosos personajes que se mueven por el conglomerado de estructuras e imágenes de una escenografía que funciona de forma magistral y caótica firmada por Sabine Theunissen, un vestuario excelente, con profusión de máscaras de gas, a cargo de Greta Goiris y una excelente iluminación de Urs Schönebaum.

Wozzeck Kentridge Liceu © Gran Teatre del Liceu / A. BOFILL
Wozzeck Kentridge Liceu © Gran Teatre del Liceu / A. BOFILL
Wozzeck Kentridge Liceu © Gran Teatre del Liceu / A. BOFILL

Este título estrenado en Berlín en 1924, después de la I Guerra Mundial e inspirado en el Woyzeck teatral del dramaturgo Georg Büchner, uno de los pilares del teatro centroeuropeo, sobrevive en el repertorio internacional gracias a su potencia musical entre el expresionismo (muy bien traducido al trabajo videográfico y los dibujos de Kentridge) y un dodecafonismo impactante que hoy no colisiona como entonces ante el espectador avezado en el repertorio verista y posteriores.

El trabajo de Goerne a nivel vocal es extraordinario gracias a un canto siempre atento al la expresividad del texto y el contexto escénico de la trama gracias a unas cualidades vocales magníficas para el personaje. Quizás su físico, grande y fuerte, contrasta con lo esperado de este soldado alienado y abusado por todos que padece un grave desequilibrio emocional y mental, pero con su interpretación el barítono alemán consigue transmitir con enorme solvencia todas las contradicciones del rol. Estuvo muy bien secundado por el disparatado Capitán de Mikeldi Atxalandabaso, el despreciable Doctor de Peter Rose y el ilusorio Tambor Mayor de Torsten Kerl.

La soprano Annemarie Kremer, que debutaba en el Liceu, ofreció una destacada Marie, bien trabajada actoralmente y con una proyección suficiente para un personaje complejo y con más aristas de las que parece poseer. Muy adecuado el resto del reparto, con un correcto Andrés del también debutante Peter Tansits y muy apreciables tanto la Margret de Rinat Shaham como el Loco de Beñat Eguiarte. Mención especial merece la idea de presentar al hijo de Wozzcek y Marie como una marioneta, haciéndolo más visible e incluso más vulnerable, especialmente en la escena final en la que se columpia, en este caso, sobre una muleta que reemplaza al caballito de cartón del original consiguiendo un gran efecto. La velada fue muy aplaudida por un público entusiasta que premió de forma unánime dada la excelencia de todo el equipo creativo y musical, con especial mención de la Simfònica y el Coro del Liceu, además del Coro Vivaldi.  * Fernando SANS RIVIÈRE, director de ÓPERA ACTUAL