¿Werther o Charlotte?

Mónaco

25 / 02 / 2022 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

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werther-omc-operaactual (3) Stéphanie d’Oustrac como Charlotte © OMC / Alain HANEL
werther-omc-operaactual (2) Jean-François Borras como Werther © OMC / Alain HANEL
werther-omc-operaactual (1) Una escena del montaje de Jean-Louis Grinda © OMC / Alain HANEL

Opéra de Monte-Carlo

Massenet: WERTHER

Jean-François Borras, Stéphanie d’Oustrac, Jean-François Lapointe, Marc Barrard, Reinaldo Macias, Philippe Ermelier, Jennifer Courcier. Dirección musical: Henrik Nánási. Dirección de escena: Jean-Louis Grinda. 22 de febrero.

Jean-Louis Grinda propuso una puesta en escena –ya vista en Valencia– de clara tendencia realista en particular por el vestuario –Rudy Saboungui– y el juego dramático –afín a los textos–, añadiendo de su propia cosecha elementos conceptuales que se destacan, unos más que otros, del fondo de la historia del joven romántico y la casada fiel. En este caso el director de escena recurrió por lo menos a tres de ellos: el ángel de la guarda (o mejor, de la muerte) acompaña al protagonista en ciertos pasajes del cuento, la camisa del héroe está manchada con su propia sangre desde el principio, a causa del pistoletazo final y, tal vez el elemento más importante, o por lo menos en el que más fijó su atención: el espejo roto, símbolo de fatalidad, de mal presagio de desgracia inminente. Puestos desde un buen principio los tres en el escenario, bien integrados en una escenografía particularmente cuidada y exigente de Rudy Saboungui, auguraron tragedia.

En el escenario fue sin lugar a dudas Stéphanie d’Oustrac –Charlotte– quien endosó la mayor responsabilidad para llevar a cabo la sórdida historia. La mezzo francesa revivió la tragedia en sus diferentes fases transformando vocalmente, dramáticamente el personaje con el paso del tiempo teatral, de manera sutil pero perceptible. Un verdadero trabajo de actriz. Emitió sin forzar la voz (al contrario de sus comprimarios masculinos), con el volumen justo y necesario en cada caso. Hizo de Charlotte un personaje muy creíble.

"Stéphanie d'Oustrac emitió sin forzar la voz, con el volumen justo y necesario en cada caso. Hizo de Charlotte un personaje muy creíble"

Jean-François Borras, fue un Werther en dos tiempos: encontró alguna dificultad en los agudos al principio de la noche, lo cual le obligó a forzar la voz (acuciado por la orquesta, dígase todo). Resultó un sonido metálico impropio de la ductilidad supuesta del personaje en aquel momento. Cuando luego, en el tercer acto las cosas se endurecieron, el tenor dio de sí cuanto podía y se puso al nivel de la mezzosoprano para dar un acto final de campanillas. ¿Qué decir de Jean-François Lapointe sino que por su porte y por su interpretación fue un Albert de lujo? Como lo fueron los tres compinches, patanes beodos, grandes actores –bien dirigidos– Marc Barrard en primer lugar (Le Bailli), Reinaldo Macías (Schmidt) y Philippe Ermelier (Johann), cantando los imposibles “Vivat Bacchus” una y otra vez con gracia y convicción. Jennifer Courcier trató a su personaje –Sophie– vocalmente con cortesía y justeza. Dramáticamente exageró tal vez el carácter aniñado de la joven que, delante de Werther su amor platónico, debía tal vez mostrarse un poco menos niña.

Henrik Nánási, dirigió poco menos que dando porrazos al aire, sin pensar que la sala Garnier de Monte-Carlo es de reducidas dimensiones y que el límite de alerta sonora está muy pronto alcanzado. A causa de las estridencias del foso se perdieron encantos musicales bien presentes en la escritura de Massenet.  * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en Francia de ÓPERA ACTUAL