Washington: Un 'Otello' muy gris

30 / 10 / 2019 - Esperanza BERROCAL - Tiempo de lectura: 3 min

Print Friendly, PDF & Email
Otello Washington Un momento del montaje de David Alden de 'Otello' © WNO / Scott SUCHMAN
Otello Washington Leah Crocetto (Desdemona) y Russell Thomas (Otello) en la WNO © WNO / Scott SUCHMAN

Washington National Opera

Verdi: OTELLO

Inauguración de la temporada

Leah Crocetto, Russell Thomas, George Gagnidze, Deborah Nansteel, Zach Borichevsky, Alexander McKissick, Hunter Enoch, Wei Wu, Claudia Agüero Mariño. Dirección: Daniele Callegari. Dirección de escena: David Alden. Kennedy Center, 26 de octubre.

Casi veinte años ha tardado en regresar Otello al escenario de la WNO. Las expectativas eran altas ante el título verdiano, que además inauguraba la temporada 2019-2020. Sin embargo, la producción de David Alden –originalmente creada para la English National Opera como una coproducción de la Royal Swedish Opera y el Teatro Real de Madrid– no brindó el marco necesario para un espectáculo coherente y lucido.

"La concepción de una sola escenografía para los cuatro actos no es nueva y en ocasiones es válida, pero 'Otello' requiere una fuerza escénica acumulativa de tensión"

La concepción de una sola escenografía para los cuatro actos no es nueva y en ocasiones es válida, pero Otello requiere una fuerza escénica acumulativa de tensión que lleva al dramático desenlace de la muerte de Desdemona. Faltó pues ambiente para el íntimo y desgarrador Credo de Iago, frescura para la serenata a Desdemona en el inexistente jardín ─complicado aún más por la insólita posición del coro detrás del telón─ y, sobre todo, credibilidad para el estrangulamiento de Desdemona en el suelo (y no sobre el lecho de bodas) que más bien pareció un momento de pasión incontrolado entre los dos personajes protagonistas.

La acertada iluminación de Andrew Cutbush salvó algunos momentos de una producción por lo demás grisácea con un vestuario indefinido entre decimonónico y de principios del siglo XX (Jon Morrell) que se ensañó en la caracterización de Rodrigo y Emilia con una indescriptible vestimenta. Hubo otros detalles de dudosa justificación, como el baile en la escena de la pelea en el primer acto (no obstante, bien resuelto por la madrileña Claudia Agüero Mariño) o el cuestionable retablo de una Madonna al que Otello se aferró en el soliloquio del tercer acto.

En lo vocal, el anhelado regreso de Leah Crocetto como Desdemona y el debut de Russell Thomas como Otello se justificaron a medida que avanzaba la noche y la interpretación alcanzaba el nivel esperado. Crocetto ofreció una Desdemona de cálida voz, sobre todo en el registro medio, y con el volumen apropiado. Tras un tímido despegue en el primer y segundo actos, irradió confianza en el segundo dúo con Otello en el tercero y conmovió en el «Ave María».

Thomas aportó una personificación creíble de Otello en su evolución psicológica, consumido en última instancia por los celos y el rencor. En  lirismo, color y proyección, resolvió sólidamente su parte vocal. El protagonismo de Iago, pilar fundamental en esta ópera, quedó patente en la fuerza vocal y escénica de George Gagnidze, un barítono de timbre rotundo y presencia irrefutable. El tenor Zach Borichevsky, en su debut con la WNO, resolvió un Cassio de atractiva presencia escénica y voz adecuada.

Deborah Nansteel, habitual en la WNO, solventó en lo vocal el personaje de Emilia muy a pesar de una dirección que la dejó aislada en el escenario y que no facilitó su complicidad emocional con Desdemona. El buen hacer de  Wei Wu (Ludovico), Hunter Enoch (Montano/Heraldo) y Alexander McKissick (Roderigo) dejó en evidencia, una vez más, la valía del programa de jóvenes cantantes Domingo-Cafritz.

La batuta de Daniele Callegari  mantuvo la energía necesaria en la orquesta apoyando la tensión dramática de la partitura verdiana.