Wagner: TRISTAN UND ISOLDE

DVD

04 / 02 / 2020 - Verónica MAYNÉS - Tiempo de lectura: 3 min

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WAGNER, Richard (1813 – 1883)

Tristan und Isolde

Selección ÓPERA ACTUAL

Andreas Schager, Rachel Nicholls, Michelle Breedt, Brett Polegato, John Relyea. Orquesta y coro del Teatro Opera de Roma. Dirección: Daniele Gatti. Dirección de escena: Pierre Audi. C-Major. 752208. 3 DVD. 2019.

Esta producción de Tristan und Isolde con escenografía de Pierre Audi, merece grandes elogios no sólo por las intervenciones vocales sino, principalmente, por la excepcional lectura de Daniele Gatti. El director hace suya la idea wagneriana de la Gesamtkunstwerk, obra de arte total que integra todos los elementos, permaneciendo atento a la dramaturgia para destacar momentos climáticos desde el punto de vista teatral, y subrayarlos con una orquesta conmovedora por su delicadeza expresiva.

Gatti utiliza tempi flexibles, que se dilatan cuando el drama lo requiere –como en el preludio y la muerte de Isolde–, y en concordancia con la evolución psicológica de los protagonistas. La orquesta alcanza momentos de acongojante expresividad, como los avisos de Brangäne a los amantes en el segundo acto, que presentan individualidades solísticas y planos sonoros jamás antes escuchados –con un tratamiento casi camerístico de la grandiosa orquesta–, o el hipnótico dúo de amor, y la preciosa intervención del corno inglés en el inolvidable preludio del tercer acto. Los solistas se rinden cómodamente a los caprichos de la batuta directora, como Rachel Nicholls al perfilar una Isolde intimista, con un fiato que desafía los pausados tempi de Gatti, sobreagudos envidiables y dosificación y progresión de las dinámicas acongojante, atributos apreciables en su difícil –y lenta transfiguración. El Tristan de Andreas Schager exhibe una caleidoscópica paleta sonora rica en contrastes y de maravillosa expresión, convincente de principio a fin en cuanto a la evolución psicológica y sonora de su personaje. Michelle Breedt –Brangäne– rivaliza con Isolde en cuanto a la belleza de su línea canora, patente en los magníficos avisos del segundo acto, y en las intervenciones del primero.

Brett Polegato –Kurwenal– y John Relyea como Marke, están a la altura musical y hondura dramática de sus compañeros de fatigas. La puesta en escena incide en la extraña relación entre la realidad y lo metafísico, con movimientos de personajes que transmiten el contenido emocional de los mismos, y un escenario minimalista cuya abstracción acelera el drama interior de los protagonistas. El primer acto se desarrolla en un barco; en el segundo, un universo marino petrificado sirve de cementerio en el que se mueven dos amantes muertos en vida y cuya dimensión se transfigura en la muerte; al tercero corresponde un espacio oscuro con rocas y un sarcófago. Los amantes nunca se tocan porque su amor pertenece al plano metafísico, separado de la realidad terrenal, decisión escénica acorde con un lenguaje musical cuyo cromatismo marca la diferencia entre dos mundos antagónicos e irreconciliables.

La muerte de Isolde, con la protagonista completamente a oscuras y una fuente de luz en la que se disuelve perpetuándose en el infinito, habla por sí misma: la transfiguración de amor, el disolverse en el otro y acabar con la dualidad, el consumar el ansiado deseo cerrando –y abriendo– el ciclo de la naturaleza, el día y la noche, la vida y la muerte.

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