Joyas refinadas y eternas

Oviedo

09 / 02 / 2021 - Diana DÍAZ - Tiempo de lectura: 4 min

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Pêcheurs Larissa Alice Wissel, magnífica protagonista © Ópera de Oviedo
Pêcheurs Los cantantes del segundo reparto, con mascarillas, en el ensayo general © Ópera de Oviedo
Pêcheurs La producción de Yoshi Oïda profundiza en los sentimientos de los personajes © Ópera de Oviedo

Ópera de Oviedo

Bizet: LES PÊCHEURS DE PERLES

Viernes de Ópera

Larissa Alice Wissel, Luis Gomes, Valdis Jansons, David Lagares. Dirección: José Miguel Pérez-Sierra. Dirección de escena: Yoshi Oïda. Teatro Campoamor, 5 de febrero de 2021.

Con las seis funciones de Les pêcheurs de perles se hizo pleno en el Teatro Campoamor. De septiembre a febrero la Ópera de Oviedo ha logrado ofrecer completa su programación lírica. Algo insólito en estos tiempos de pandemia, que tanto ha mermado la actividad cultural. Así, es necesario reconocer una labor de equipo que, con gran empuje, ha obrado casi lo imposible. Tampoco faltaron los Viernes de ópera con reparto alternativo (ver crítica del primer reparto) en tres de los cinco títulos, incluyendo esta ópera de Bizet, que buena parte del público ha descubierto gracias al cartel lírico asturiano. La factura de esta obra de juventud del autor de Carmen no dejó indiferentes, con la sensibilidad dramática que aflora en la parte musical bajo dirección de José Miguel Pérez-Sierra, de vuelta al frente de Oviedo Filarmonía. Les pêcheurs tiene una fuerza casi hipnótica, que provoca su poder melódico y una exquisita paleta orquestal, bajo las formas de la ópera romántica.

En su síntesis, la escenografía de Tom Schenk ayuda a potenciar las cualidades musicales de la obra. El efecto de plasticidad que logra con la mezcla de tonos, gana profundidad con la perspectiva, los reflejos y las luces. Se trata de una especie de tapiz sugerente que deja volar la imaginación hacia las tierras exóticas en las que se desarrolla un argumento que solo brilla a través de la música. Así lo consideró el director Yoshi Oïda, en tanto las emociones humanas más comunes se despliegan con toda su poesía a través del arte. Es el caso de los sentimientos encontrados que sufre el jefe de pescadores, Zurga, debido a la traición de su amigo Nadir. Ambos deciden renunciar al amor, pero se verán en un triángulo amoroso con la casta sacerdotisa.

"El barítono letón Valdis Jansons ofreció una actuación muy sólida en la evolución de su personaje, de los celos a la aceptación y perdón hacia la pareja, con un final conmovedor"

En el Viernes de Ópera Zurga fue Valdis Jansons, voz todavía casi por descubrir en los teatros españoles. El barítono letón ofreció una actuación muy sólida en la evolución de su personaje, de los celos a la aceptación y perdón hacia la pareja, con un final conmovedor. Baste recordar el inicio de tercer acto, con un fraseo generoso y expresivo, mientras asomaba el arrepentimiento del amigo. A su lado, el Nadir de Luis Gomes convenció en el dúo con Zurga de primer acto, que premió el público. Sin embargo, el tenor portugués –que tampoco se prodiga en España–, resultó más efectivo en el segundo acto, junto a su amada Leïla. Ciertamente, su actuación fue irregular en un papel complejo vocalmente, que costó ajustar en cuanto a registro y volúmenes, si bien se trata de una voz con fuerza desde el escenario. Con todo, merece destacarse la fina romanza de Nadir «Je crois entendre encore» que aplaudió el público, reconociendo la dificultad de fraseo y registro en la interpretación de esta página en la voz de Gomes.

Por su parte, Larissa Alice Wissel lució un dominio vocal importante, pero se impuso en el segundo acto, por sus medios expresivos. En este acto la soprano defendió fragmentos de referencia de la ópera, tras el reconocimiento de su amado, destacando la cavatina «Comme autrefois». Así, en compañía del gran sacerdote de Brahmā, la cantante suiza mostró un fraseo más expresivo con amplios medios vocales. Su actuación fue in crescendo en el tercer acto, donde funcionó muy bien el dúo con Zurga, mientras Leïla intentaba salvar la vida de Nadir. La gravedad y el tormento que transmitió el dúo, enfrentado, fue quizá el mejor momento de la velada, hasta el delicado cierre de la primera escena, cuando la sacerdotisa entrega el collar al pescador. También en el segundo acto captó atenciones el Nourabad de David Lagares, con medios vocales muy firmes; no en vano es un nombre que se establece en los teatros españoles los últimos años.

También hay que destacar el papel del coro para dar variedad y fluidez a la obra de Bizet. A la riqueza de sonoridades contribuyó en buena parte el Coro de la Ópera de Oviedo que dirige Esteban Urzelai: para hacer brillar el primer acto ante la decisión de la sacerdotisa, o para estremecer al público con el canto a Brahman en el acto siguiente. Quizá las sensaciones que permite el arte musical, aun determinadas por la experiencia de cada uno, sean lugares comunes para el reencuentro de la sociedad; como esa realidad inmutable y suprema que inspira el brahmán hindú, más allá del mundo sensible.