Juliane Banse: Vida y viaje de una mujer

Vilabertran

23 / 08 / 2020 - Antoni Colomer - Tiempo de lectura: 3 min

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Juliane Banse La soprano Juliane Banse y el pianista Wolfram Rieger © Schubertiada de Vilabertran / David BORRAT

Schubertiada de Vilabertran

Recital JULIANE BANSE

Obras de Franz Schubert. Juliane Banse, soprano. Wolfram Rieger, piano. Canònica de Santa Maria de Vilabertran. 21 de agosto de 2020.

Hace veintiocho veranos arrancaba la Schubertiada a Vilabertran, certamen decisivo en la difusión y resurgimiento, en los últimos años, del repertorio liederístico en España. Aquel concierto inaugural corrió a cargo de una leyenda como Brigitte Fassbaender interpretando el Winterreise al lado de un joven pianista llamado Wolfram Rieger. En aquella misma edición se presentó, también, una joven soprano. Su nombre, Juliane Banse. Pocos podían pensar, en aquel momento, que ese pianista y esa soprano iban a ser parte fundamental de la historia de aquel festival ampurdanés que apenas nacía.

© Schubertiada de Vilabertran / David BORRAT

La soprano Juliane Banse y el pianista Wolfram Rieger

En plena madurez, ha decidido asumir el reto de interpretar 'Winterreise'

Banse llegó a Vilabertran siendo una soprano lírico ligera de bella voz y elegancia natural en el fraseo. En definitiva, la Sophie ideal para el Rosenkavalier straussiano, papel decisivo en sus primeros años. El recorrido ha sido largo y fructífero. Aquella Sophie ha cristalizado, transmutado en imponente Marschallin y, en plena madurez, ha decidido asumir el reto de interpretar Winterreise.  La soprano había coqueteado ya con el ciclo schubertiano en formatos alternativos, pero ha escogido el escenario de Vilabertran, al que ha subido hasta en veinte ocasiones, para lanzarse, por fin sin red, a ese abismo que supone el Viaje de invierno.

Más allá de discusiones bizantinas sobre la idoneidad o no de una intérprete femenina para este ciclo, cuestión cada vez más trasnochada, la de Juliane Banse fue la interpretación de una cantante en plenitud, tanto de sus medios vocales como por la madurez de su lectura. Desde la primera nota se percibió que estas canciones han ido madurando en el subconsciente de esta liederista durante largos años. La suya fue una versión de un dramatismo interiorizado, en la que cada palabra tuvo el peso exacto, con un fraseo esculpido con mimo y sabiduría. Tímbricamente, la soprano ha ganado en armónicos y por tanto en amplitud durante los últimos años, lo cual le permitió momentos de impacto en el despliegue vocal, así como suplir, de manera inteligente, un registro grave del que, lógicamente, carece.

Hay que tener en cuenta que los referentes femeninos en la interpretación de Winterreise, al menos los más recientes, son figuras de la talla de Christa Ludwig o Brigitte Fassbaender, mezzosopranos de timbre oscuro y sólidos graves. Incluso Joyce DiDonato, quien propuso su visión del ciclo la pasada edición, poseía un instrumento, en principio, más adecuado para esta obra. Pero a base de talento, de dominio absoluto del estilo y de compromiso, la soprano consiguió resultados artísticos y expresivos de altísimo nivel. Y era solo su primera vez.

El éxito global del ciclo no hubiese sido posible sin la participación de Wolfram Rieger, un “pianista liederista” al que hay que dar de comer a parte. Ningún acompañante de Lied en la actualidad, y muy pocos en el pasado, posee un ascendente, una trascendencia sobre el resultado final de un recital como Rieger. Desde el primer acorde, la puesta en marcha de Gute Nacht, hasta el vacío de Der Leiermann, Rieger se transforma en Deus ex machina que define tanto la perspectiva general como el más mínimo detalle tímbrico. Siempre el tempo acertado, tanto en la canción como en la pausa. Siempre el volumen idóneo, desde el pianissimo más sutil hasta el acorde más desgarrador. El hielo, los perros y los pájaros, los tilos y las flores, todo emerge con naturalidad del piano de Rieger. En definitiva, un despliegue de medios, conocimiento y talento absolutamente descomunales de un maestro entre maestros.