Andrè Schuen: Apuntando alto

Vilabertran

24 / 08 / 2020 - Antoni Colomer - Tiempo de lectura: 3 min

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Schuen / operaactual.com El barítono Andrè Schuen en la Schubertiada de Vilabertran en su edición 2020 © Schubertiada de Vilabertran / Silvia PUJALTE

Schubertiada de Vilabertran

Recital ANDRÈ SCHUEN

Obras de Gustav Mahler y Franz Schubert.  Andrè Schuen, barítono. Daniel Heide, piano. Canònica de Santa Maria de Vilabertran. 22 de agosto.

Con apenas 36 años, el barítono Andrè Schuen se ha convertido en una de los cantantes con mayor proyección de su generación. Nacido en el Tirol, zona fronteriza entre Austria e Italia, Schuen atesora el don de combinar la sensibilidad de ambas culturas y de dominar los dos idiomas con absoluta naturalidad, algo que se puede percibir en sus interpretaciones tanto liederísticas como operísticas. Magnífico Olivier en el extraordinario Cappriccio del Teatro Real, los papeles mozartianos como Guglielmo (ver crítica y grabación completa de Così fan tutte del Festival de Salzburgo 2020), Papageno o Don Giovanni parecen escritos para su voz, de una calidad y belleza extraordinarias.

© Schubertiada de Vilabertran / Silvia PUJALTE

El pianista Daniel Heide y el barítono Andrè Schuen

Una voz de una calidad y belleza extraordinarias

Posee Schuen un timbre aterciopelado y oscuro de bajo barítono que domina a placer a través de unos recursos técnicos solidísimos. Eso le permite moldear el sonido, desde el pianissimo más sutil hasta el forte más feroz, con una naturalidad y homogeneidad impactante. Perfectamente apoyada en las resonancias de la máscara, la emisión posee una proyección y una morbidez admirables. La Schubertiada de Vilabertran, siempre atenta a los jóvenes valores, lo presentó ya hace un par de años con Die Schöne Müllerin, y entonces ya causó impacto. Ahora, meteóricamente consolidado, ha vuelto al ciclo ampurdanés al lado de su inseparable acompañante, Daniel Heide, con un programa principalmente centrado en las canciones de Gustav Mahler con una pequeña concesión a la inevitable cuota schubertiana.

Se inició el recital con los Lieder eines fahrenden Gesellen del compositor bohemio, en las que el cantante exhibió todas las cualidades referidas más arriba. Dicción impecable, fraseo elegante, juego de dinámicas amplio y total adecuación estilística. A pesar de eso, su interpretación de estas canciones, especialmente las tres primeras, adoleció de un cierto distanciamiento que restó impacto a una versión que cogió mayor vuelo con una introspectiva «Die zwei blauen augen». El universo mahleriano, incluidas las canciones, requieren una madurez, una serie de experiencias vitales que, debido a su juventud, Schuen aún no posee. Sin duda, con el paso de los años su visión será más profunda y con mayores recovecos expresivos.

Sin solución de continuidad, pianista y cantante arrancaron el bloque central dedicado a Schubert. Tres canciones entre las que destacó la central, una Du bist die Ruth fraseada con delectación, con una messa di voce y un legato pluscuamperfectos. Daniel Heide al piano, las acompañó, como durante todo el recital, con atención a todas las inflexiones del cantante, que conoce al dedillo, aunque sin especial implicación expresiva.

Era entonces el turno de lo que debía ser el bloque final, de nuevo centrado en Mahler y sus Rückert Lieder, que se mantuvieron en los parámetros expresivos de los Fahrenden Gesellen. A destacar el impresionante crescendo dramático de «Um Mitternacht» y los etéreos pianissimi de «Ich bin der Welt abhanden gekommen2. Pero el entusiasmo de un público entregado provocó que el recital se alargara sobre la base de generosas propinas. Hasta cinco llegó a regalar el barítono de La valle, entre ellas bellísimas versiones de Morgen, de Strauss y, muy especialmente, de Fischers Liebesglück, de Schubert.

Ovación final de gala para un cantante al que el exigente público de Vilabertran ya adora y al que la dirección del festival debe mimar y fidelizar pues, sin duda, apunta a ser uno de los grandes liederistas del futuro.