Verona: 'Traviata' en memoria de Zeffirelli

26 / 06 / 2019 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 3 min

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El Festival de la Arena de Verona se inauguró el 21 de junio con una 'Traviata' póstuma de Franco Zeffirelli © Fondazione Arena di Verona
El Festival de la Arena de Verona se inauguró el 21 de junio con una 'Traviata' póstuma de Franco Zeffirelli © Fondazione Arena di Verona
El Festival de la Arena de Verona se inauguró el 21 de junio con una 'Traviata' póstuma de Franco Zeffirelli © Fondazione Arena di Verona

Festival Arena de Verona

Verdi: LA TRAVIATA

Nueva producción. Velada inaugural

Aleksandra Kurzak, Leo Nucci, Pavel Petrov, Gianfranco Montresor, Alessandra Volpe, Daniela Mazzucato, Max René Cosotti. Dirección: Daniel Oren. Dirección de escena: Franco Zeffirelli. 21 de junio de 2019.

Trece millones de telespectadores, conexión con Mundovisión, la presencia del Jefe del Estado Sergio Mattarella y de personalidades varias, el vasto espacio de la Arena de Verona colmado hasta los topes: buenas razones para que la sovrintendente Cecilia Gasdia pudiera sentirse orgullosa. La muerte de Franco Zeffirelli, ocurrida el sábado 15 de junio, pudo recibir así el debido homenaje de los asistentes y de los presentes en la distancia por este último legado artístico, una Traviata que, aunque realizada por el regista colaborador Massimo Luconi y el escenógrafo Carlo Centrolavigna, representa plenamente el estilo y el espíritu del maestro, fallecido a la venerable edad de 96 años.

"Fiel a la trama y a la ambientación, la del tiempo de su estreno, el espectáculo de Zeffirelli es tan grandilocuente como lo exige el espacio casi infinito de la Arena, con respeto absoluto al texto y a la música"

Fiel a la trama y a la ambientación, la del tiempo de su estreno en La Fenice en 1835, el espectáculo es tan grandilocuente como lo exige este espacio casi infinito de la Arena, en el cual no suelen tener efecto los experimentos en el campo de la puesta en escena y donde el público, formado mayoritariamente por extranjeros, exige la tradición a la italiana, con el respeto absoluto al texto y a la música. No ha habido decepciones a este respecto, porque todo ha funcionado a las mil maravillas, aunque se haya llegado a las últimas etapas de la preparación, caso habitual en Italia, con mucho apremio, más comprensible en este caso por la dolorosa circunstancia sobrevenida.

Un vestuario rico y cromáticamente adecuado de Maurizio Millenotti, la coreografía acertadísima de Giuseppe Picone, primer bailarían asimismo en la fiesta de Flora (un cuadro merecidamente aplaudido a scena aperta) y el sugestivo diseño de luces de Paolo Mazzon, configuraban un trabajo típico de Zeffirelli para la Arena, siempre destinado a complacer. Musicalmente, sin embargo, el éxito fue igualmente grande ante un público deseoso de aplaudir arias y números de conjunto que obligó a bisar el célebre brindis a la hora de los aplausos finales con el maestro Daniel Oren animando a los espectadores a seguir el ritmo. La orquesta, hay que decirlo, se mostró en gran forma, así como el coro preparado por Vito Lombardi, guiados todos por un Oren de batuta segura y atenta siempre a salir al paso de la posibilidad, siempre posible en la Arena, de un eventual desliz. Con tempi lentos en general pero de efecto seguro el maestro, con evidentes problemas en la deambulación, llevó a cabo una operación en muchos sentidos heroica.

El Festival no podía comenzar mejor y en esta primera función gustó mucho la bella Violetta de Aleksandra Kurzak, pródiga en el temperamento y en la pasión, capaz de mantener un considerable Mi bemol (no escrito) para rematar la cabaletta y de vocalizar un arrebatado “Amami, Alfredo” para culminar con un emocionante tercer acto de trágica intensidad. Algún problema de afinación pudo ser atribuido al nerviosismo del debut, pero en cualquier caso la intérprete salió victoriosa del empeño. El mismo discurso de victoria anticipada puede hacerse en el caso de Leo Nucci, que no renuncia a la temprana edad de 77 años a dar zarpazos de vocalidad y de temperamento. Para él cualquier adjetivo sería insuficiente.

Correcto el muy joven tenor Pavel Petrov, que exhibió un gallardo Do agudo, nota que suele omitirse habitualmente al final de la cabaletta del segundo acto. Hay que rendirse al valor por su parte de afrontar este compromiso en el que puede aún considerarse una fosa de leones, aunque ya no se sacrifiquen en ella cristianos o gladiadores. Ganador de un concurso Operalia, posee una voz de hermoso timbre, aunque probablemente pueda lucir más en espacios cerrados que en la pompa areniana.

Bueno el nivel de los papeles menores, donde se pudo apreciar el buen hacer de Alessnadra Volpe (Flota Bervoix), Gianfranco Montresor (Barón Douphol), Daniel Giulianini (Mqrués d’Obigny),el joven bajo Romano del Zovo (Doctor Grenvil) y el tenor Carlo Bosi como Gaston. Una vez citado Stefano Rinaldi Miliani en los papeles restantes (Commissionario y criado de Flora), hay que hacer especial referencia a dos auténticas perlas: la Annina de Daniela Mazuzcato, fraseada con su clase de auténtica artista, y el Giuseppe de Max René Cosotti, que en sus breves frases dio toda una clase de proyección del sonido.

Una vez superado el fragor mediático, es procedente recordar a Zeffirelli por lo que solía hacer mejor: el extremo cuidado en el detalle.

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