Verona: No hay Arena sin 'Aida'

27 / 06 / 2019 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 3 min

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Con la reposición de la histórica 'Aida' de la Arena llegó la consagración de Anna Pirozzi como una de las mejores intérpretes del personaje protagonista © Fondazione Arena di Verona / ENNEVI
Con la reposición de la histórica 'Aida' de la Arena llegó la consagración de Anna Pirozzi como una de las mejores intérpretes del personaje protagonista © Fondazione Arena di Verona / ENNEVI
Con la reposición de la histórica 'Aida' de la Arena llegó la consagración de Anna Pirozzi como una de las mejores intérpretes del personaje protagonista © Fondazione Arena di Verona / ENNEVI
Con la reposición de la histórica 'Aida' de la Arena llegó la consagración de Anna Pirozzi como una de las mejores intérpretes del personaje protagonista © Fondazione Arena di Verona / ENNEVI
Con la reposición de la histórica 'Aida' de la Arena llegó la consagración de Anna Pirozzi como una de las mejores intérpretes del personaje protagonista © Fondazione Arena di Verona / ENNEVI

Festival Arena de Verona

Verdi: AIDA

Anna Pirozzi, Violeta Urmana, Murat Karahan, Amartuvshin Enkhbat, Dmitry Beloseskij, Romano dal Zovo, Carlo Bosi, Yao Bo Hui. Dirección: Francesco Ivan Ciampa. Dirección de escena: Gianfranco De Bosio. 23 de junio de 2019.

Setecientas funciones de Aida, que se dice pronto, son las ofrecidas en la Arena desde el 10 de agosto de 1913, una historia que ha consolidado el título verdiano como el preferido del público del Festival veronés. El hecho se comprobaba una vez más con unas gradas repletas, incluidas las localidades de escasa visibilidad, hasta casi rebasar la zona dedicada a escenificar el espectáculo. El problema, ante una asistencia tan masiva, lo constituyó el sistema de control por escáner del Metal Detector, en vigor desde hace unos años para prevenir  actos de terrorismo y que acaba por determinar retrasos en el comienzo de las funciones de más de media hora. Cuando Radames, Aida y Amneris estaban ya cantando el terceto del primer acto aún estaba entrando público a las localidades más altas.

"La dirección escénica de Gianfranco De Bosio, de 96 años y que salió a saludar en silla de ruedas, resultó sencillamente ideal con su eficacia para mover las masas y para subrayar las escenas intimistas"

Un público entusiasta y hambriento de ópera, entendida en el sentido más tradicional de la palabra, se mostró dispuesto a aplaudir en todo momento y no solo en la escena del triunfo, donde se temió lo peor al iniciarse un aplauso ritmado, al que por suerte no se unió la mayoría de los 15.000 espectadores. Un espectáculo perfecto, que reponía la histórica Aida de la Arena, muy naïve y con algún toque irónico en la espléndida coreografía de Susanna Egri (hay que recordar que se trata de una señora de 92 años) que comprende además de los clásicos moretti en zamarra marrón y las “sacerdotisas” con plumas que parecen salidas del Lido parisino, a unos guerreros egipcios calzados con botas blancas y a las inevitables majorettes. Una delicia de kitsch conscientemente provocado que el público apreció debidamente. La dirección escénica de Gianfranco De Bosio, de 96 años y que salió a saludar en silla de ruedas con una marcha que por poco no da con él en el foso de la orquesta, resultó sencillamente ideal con su eficacia para mover las masas que invaden la escena y el graderío posterior y para subrayar las escenas intimistas como el acto del Nilo y la escena de la tumba.

Musicalmente, y no sirve de nada negarlo, dio la impresión de que esta era la auténtica inauguración, dos días después de la fecha oficial con esa Traviata póstuma de Zeffirelli. Francesco Ivan Ciampa no solo estuvo a la altura de la ardua tarea –es siempre una empresa ciclópea dirigir esta ópera en la Arena– sino que mantuvo en todo momento el control de la espléndida orquesta y del igualmente ideal coro preparado por Vito Lombardi, con el debido equilibrio entre orquesta y escena y buscando siempre matices y subrayados dramáticos sin dejar margen al énfasis pompier o al efecto grosero. Fue justamente ovacionado.

Brillaron en el reparto el vibrante mensajero de Carlo Bosi, la inspiradísima Sacerdotisa de Yao Bo Hui y el imponente y sonoro Faraón de Romano dal Zovo. El bajo ruso Dmitry Beloseskij fue un autoritario Ramfis, mientras que el barítono mongol Amartuvshin Enkhbat dibujaba un Amonasro como hacía tiempo que no se oía, por el sonido profundo y aterciopelado de su instrumento, auténticamente baritonal, y la penetración de su fraseo, con una dicción que podría dar envidia a los mismos italianos.

La soprano italiana Anna Pirozzi como Aida y el barítono mongol Amartuvshin Enkhbat como Amonasro

Violeta Urmana volvía a revestir de fulgor vocal el papel de Amneris, del que supo traducir matices e intenciones, desde la rabia y la sed de venganza a los tonos seductores de la mujer enamorada. Bravissima. Debutaba el papel de Radames el tenor turco Murat Karahan, con un bellísimo timbre y un penetrante agudo que supo sostener con gallardía. Apreciable también su perfil interpretativo, con un fraseo intencionado y una envidiable capacidad para la emisión en piani y pianissimi. Anna Pirozzi dejó claro que en un papel como el de Aida hoy en día no tiene rival: la suya es sencillamente perfecta por identificación interpretativa y por el canto alado de que es capaz, siempre en busca del efecto de la parola scenica, fascinante en las gradaciones dinámicas y espectacular en el sector agudo, donde la voz se libera en arcadas de sonido que superan a solistas y coro en los concertantes. Fue recibida, obvio es decirlo, con un huracán de aplausos y de esos silbidos que, hay que recordarlo, en la Arena son signo de la mayor de las complacencias.

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