Verdi y los problemas del siglo XXI

Valencia

22 / 04 / 2024 - César RUS - Tiempo de lectura: 3 min

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verdi villalobos Anna Pirozzi y Francesco Meli en 'Un ballo in maschera' © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO & Mikel PONCE
verdi villalobos Marina Monzó como Oscar en 'Un ballo in maschera' © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO & Mikel PONCE
verdi villalobos La nueva producción de Rafael R. Villalobos de 'Un ballo in maschera' © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO & Mikel PONCE

Palau de Les Arts

Verdi: UN BALLO IN MASCHERA

Nueva producción

Francesco Meli, Anna Pirozzi, Franco Vassallo,  Agnieszka Rehlis, Marina Monzó, Antonio Lozano, Toni Marsol, Thomas Viñals, Irakli Pkhaladze, Javier Castañeda. Orquesta de la Comunitat Valenciana. Cor de la Generalitat. Dirección musical: Antonino Fogliani. Dirección de escena: Rafael R. Villalobos. 21 de abril de 2024.

El estreno de la producción de Un ballo in maschera a cargo de Rafael R. Villalobos (ver previa en este enlace) era uno de los acontecimientos de la temporada lírica valenciana, debido también a que se contaba con un reparto de primer nivel. A tenor de las eufóricas ovaciones al terminar la función, las expectativas del público se cumplieron. No hubo, eso sí, unanimidad, pues también se coló alguna contestación al director de escena, pero fue más anecdótica que significativa; en esta ocasión, Villalobos no provocó rechazo, lo cual no significa que convenciese a todo el mundo.

Su propuesta escénica se mueve en un espacio entre urbano, doméstico e industrial, coloreado con el excelente vestuario de Lorenzo Caprile. En ese marco, sitúa la escena entre los años 80 y 90 del pasado siglo en Estados Unidos e introduce el elemento político, algo que no es novedoso en esta ópera, aunque sí lo es el tratamiento que se le asignó a los personajes secundarios de Ulrica y Óscar, a través de ellos el regista cuestiona temas como la apropiación cultural y la identidad de género. En el caso de Ulrica, el personaje aparece doblado: una empresaria blanca que explota a una chica negra que hace las veces de adivina, una perspectiva muy estimulante aunque queda poco clara. Más completo resulta el desarrollo que hace del personaje de Oscar, que aquí se convierte casi en el protagonista. Hay que recordar que Verdi elige un personaje travestido siguiendo el modelo de la ópera de Auber en la que se inspira; eso le sirve al director de escena para mostrar a un chico trans realizando su transición. Al inicio aparece como mujer y finalmente realiza el paso en el baile final. Además, propone la idea de que sea hijo de Renato y Amelia, lo que brinda como resultado una desgarradora tensión entre Renato y Oscar. En la realización de estas ideas algunas quedan confusas, como la no-entrada de Oscar en el acto tercero, pero también encuentra momentos de genial inspiración, como cuando congela la escena en el breve dúo entre ambos personajes en el baile: potencia ese efecto de zoom que tiene a veces Verdi.

"Anna Pirozzi fue una Amelia de poderosos medios vocales que destacó en las partes dramáticas, por encima de las líricas"

El Palau de Les Arts consiguió componer un reparto de primera categoría empezando por la pareja protagonista. Francesco Meli posee una de las mejores voces de tenor lírico-spinto de la actualidad; su metal genuino es su principal arma y se mueve cómodo en el papel que ilustra con medias voces y efectos dramáticos; por cierto, cantó la octava grave en “Di tu se fedele”. Anna Pirozzi fue una Amelia de poderosos medios vocales que destacó en las partes dramáticas por encima de las líricas; ofreció un retrato del personaje de tintes heroicos y destacó a la hora de enfrentarse a las masas en los concertantes. Franco Vassallo elaboró una evolución de Renato que va del amigo fiel al hombre que reacciona con cierta ira ante la traición, algo que supo plasmar en los colores de la voz; todo ello, siempre con un canto noble y poderoso. Agnieszka Rehlis fue una Ulrica de buen canto gracias a una voz lírica y clara, pero le faltó mayor autoridad en el registro grave. Marina Monzó brilló con luz propia gracias a una producción que le confiere un extraordinario protagonismo a su rol y que ella supo aprovechar. Su baile del tercer acto, además, fue deslumbrante, como también lo fueron cada una de sus intervenciones vocales.

Antonino Fogliani supo sacar partido de los siempre excelentes cuerpos estables del teatro, controló las dinámicas y toda su dirección estuvo sustentada sobre una inmejorable precisión, pero también aportó personalidad consiguiendo atmósferas evocadoras, especialmente en el segundo acto del que firmó una excelente versión.  * César RUS, corresponsal en Valencia de ÓPERA ACTUAL