Verdi, Machado y un oasis de esperanza

Zaragoza

12 / 11 / 2019 - Miguél Ángel SANTOLARIA - Tiempo de lectura: 3 min

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Traviata Héloise Koempgen y David Baños en la célebre escena del brindis © Teatro Principal de Zaragoza
Traviata Un momento de la cuidada producción dirigida escénicamente por el tenor Aquiles Machado © Teatro Principal de Zaragoza

Teatro Principal

Verdi: LA TRAVIATA

Héloise Koempgen, David Baños, Giulio Boschetti, Nicolay Bachev, Roberta Mattelli. Dirección: Martim Mázik. Dirección de escena: Aquiles Machado. 11 de noviembre de 2019.

En una ciudad como Zaragoza, la quinta de España demográficamente hablando, simplemente el mencionar la palabra ópera resulta una utopía. El único coliseo en pie con capacidad para acoger un espectáculo lírico, el Teatro Principal, es una joya arquitectónica pero en los tiempos actuales resulta liliputiense. Meter en su reducido foso 40 músicos resultó un trabajo arduo, la caja escénica es reducida y apenas tiene un aforo de 850 personas. En pleno centro de Zaragoza se contemplan, para oprobio de todos, las ruinas del Teatro Fleta que para todos iba a ser el teatro de ópera que requería la ciudad y que al final resultó un fiasco de grandes dimensiones.

"Hay que destacar la dirección de escena del gran tenor hispano-venezolano, Aquiles Machado, quien recreó el ambiente de París de la época con creíble movilidad"

Esta desidia institucional, ayer tuvo un pequeño lapsus positivo y la representación de la emblemática ópera verdiana fue de una dignidad fuera de lo común. Los decorados, dentro de la austeridad, fueron correctos y la indumentaria teatral aceptable. Hay que destacar la dirección de escena del gran tenor hispano-venezolano, Aquiles Machado, quien recreó el ambiente de París de la época con creíble movilidad, sobre todo en las intérpretes femeninas, con vestidos muy apropiados para los bailes de moda como la polca y el galop. Machado, que ha interpretado a Alfredo en varias ocasiones, también recreó muy bien la fiesta en el palacete de Flora, con toreros, panderetas y castañuelas al compás de la seguidilla. El ambiente carnavalesco del principio del tercer acto resultó también muy logrado con una miscelánea de máscaras de un colorido fosforescente.

En el aspecto canoro sorprendió favorablemente la soprano francesa Héloise Koempgen, pasando de la coloratura del primer acto a la presencia de una soprano lírica plena, con un timbre de gran belleza acariciado por cálidas irisaciones solares. El tenor alicantino David Baños ha evolucionado positivamente y su recreación del enamorado Alfredo fue convincente, resultando admirable  su interpretación de “De’ miei volenti spiriti”, compenetrándose bien con la soprano en los dúos.

En el apartado baritonal, Giulio Boschetti, de voz potente, cumplió con veteranía con su rol. Los comprimarios cumplieron y el coro sonó acompasado, destacando el Ballet Español de Murcia. Martin Mazik estuvo aseado y eficaz controlando a la orquesta, apreciándose únicamente alguna descompensación en la percusión.

Un público ávido de estos eventos llenó a reventar el reducido espacio y aplaudió mucho, lo mismo a escena abierta que en el final. Un pequeño caramelo para un respetable que siempre se ha caracterizado por su amor al bel canto y que en la actualidad si quiere contemplar espectáculos de esta naturaleza tiene que viajar porque su ciudad es una isla desierta líricamente hablando.