Verdi, la guerra civil y las vísperas romanas

Roma

21 / 12 / 2019 - Mauro MARIANI - Tiempo de lectura: 3 min

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El magnífico Michele Pertusi, en el centro de la imagen © Opera di Roma / Yasuko KAGEYAMA
John Osborn (Henri), Roberta Mantegna (Hélène) y Roberto Frontali (Montfort) en una escena del montaje © Opera di Roma / Yasuko KAGEYAMA
Aplausos y abucheos para la austera y elegante producción de Valentina Carrasco, colaboradora de La Fura dels Baus © Opera di Roma / Yasuko KAGEYAMA

Teatro dell’Opera

Verdi: LES VÊPRES SICILIENNES

Nueva producción

Roberta Mantegna, John Osborn, Roberto Frontali, Michele Pertusi, Alessio Verna, Saverio Fiore. Dirección: Daniele Gatti. Dirección de escena: Valentina Carrasco. 10 de diciembre de 2019.

Les vêpres siciliennes fue la primera ópera de Verdi para París y puso en ella todo el empeño necesario para adecuar su arte a la grand opéra, prestando especial atención a la orquesta, descubriendo que podía así añadir mucho al discurso de las voces, profundizando en la psicología de los personajes de una manera más rica de lo que exigía la ópera italiana de entonces, donde los buenos lo eran totalmente y los malos eran malísimos. Se comprenderá así lo determinante que era la presencia en el podio de Daniele Gatti que dirigió de forma espléndida la ouverture y los bailes pero que se distinguió especialmente en el acompañamiento de las voces. Mientras otros directores buscan tiempos precipitados y las fogosas sonoridades verdianas, Gatti consiguió otras cosas realmente reveladoras. Ejemplo de ello fue la gran aria de Monfort a principios del tercer acto, cuando la orquesta iluminó el alma atormentada del gobernador francés de Sicilia, tirano despiadado, pero también padre amante. No solo aquí sino a lo largo de las tres horas y media de esta ópera fue el suyo un delicado trabajo de cincel al frente de una orquesta que le siguió de forma excelente.

"Grandioso estuvo Roberto Frontali (Monfort), perfecto por estilo y vocalidad, y admirable por su suprema autoridad como intérprete"

No se hubiera podido obtener ese resultado, no obstante, de no haberse contado con unos cantantes de relieve. Estuvo grandioso Roberto Frontali como Monfort, perfecto por estilo y vocalidad, y admirable por su suprema autoridad como intérprete. Lo mismo puede decirse de Michele Pertusi, que reveló en el papel de Procida el fondo cínico del en apariencia generoso patriota, dispuesto siempre a servirse de cualquier medio para conseguir sus propósitos, incluido el pueblo al que dice querer liberar de la opresión. John Osborn (Henry), perfecto vocal y estilísticamente, secundó las indicaciones de Verdi incluso en los menores detalles. Más joven a impulsiva, Roberta Mantegna se apoyó sobre toda en una voz que conoce su máximo esplendor y que conquista con su belleza como Hélène. De todos modos, debería dejar momentáneamente de lado este tipo de papeles demasiado dramáticos y gravosos. Bien los personajes menores.

La escenografía de Richard Peduzzi sugería una ciudad geométrica e intemporal, pero el vestuario de Luis F. Carvalho traía inequívocamente a la memoria los uniformes franquistas. De hecho, la directora de escena Valentina Carrasco transformó la generosa lucha patriótica contra el extranjero en una feroz y despiadada guerra civil, con torturas en la torre-prisión, ejecuciones sumarias y cadáveres arrojados a la calle y retirados a escondidas, con el estupro de las mujeres por parte de los soldados franceses, estimulados sin embargo por Procida, el jefe de los sicilianos, a fin de obligar a los suyos a rebelarse frente a tanta violencia. No se trata aquí del bien opuesto al mal, sino del mal total. Gran éxito, pero también algún abucheo para la regista y sus colaboradores.