Venecia: La llegada de los hombres-máquina

11 / 10 / 2019 - Mauro MARIANI - Tiempo de lectura: 2 min

Print Friendly, PDF & Email
Una escena del estreno de ‘Thinking Things’ en la Bienal © Biennale d'Arte
Una escena del estreno de ‘Thinking Things’ en la Bienal © Biennale d'Arte
Una escena del estreno de ‘Thinking Things’ en la Bienal © Biennale d'Arte

Festival de Música Contemporánea - Biennale

Giorgio Aperghis: THINKING THINGS

Estreno en Italia

Johanne Saunier, Donatienne Michel-Dansac, Richard Dubelski, Lionel Peintre. Dirección musical y escénica: Giorgio Aperghis. Teatro alle tese, 1 de octubre de 2019.

Desde hace años George Aperghis desarrolla un tipo de ópera en la cual la música instrumental y electrónica, el canto, el teatro y el cine se entrelazan indisolublemente. Es así como en algunos momentos de Thinking Things, representada en el Festival de Música Contemporánea de la Bienal de Venecia en la producción que se estrenó en el Ircam de París en 2017, el límite entre el canto y el texto hablado se anula, porque las palabras no son cantadas pero cada una de las sílabas es pronunciada con una altura y una dirección diversas, creando algo único que está entre el canto y el recitado y que requiere de una particular forma de virtuosismo por parte del intérprete. En esta obra, no menos abolida resulta la frontera entre la forma teatral y la cinematográfica, porque a menudo puede verse simultáneamente a los protagonistas y a sus imágenes grabadas en directo y reproducidas de tal modo que no se acierta a distinguir los personajes reales de los creados virtualmente.

"Aperghis imagina un mundo futuro cuyos habitantes son hombres-máquina que viven encerrados en espacios muy restringidos"

Esta confusión entre realidad concreta y realidad virtual tiene su función en el argumento de Thinking Things, que transporta al espectador a un mundo en el que los límites entre el hombre y la máquina han sido abolidos por la cibernética por medio de la sustitución de partes del cuerpo por prótesis electrónicas. El tema del cyborg no es nuevo, pero hoy en día es aún más inquietante porque lo que hasta hace unos años era solo el argumento de las películas de ciencia ficción podría ser una realidad dentro de poco tiempo. Aperghis imagina este mundo futuro, cuyos habitantes son hombres-máquina que viven encerrados en espacios muy restringidos. Pero el autor mezcla con esta sensación de angustia algunos momentos de ironía sutil. En esta pesadilla inserta también recuerdos de tiempos pasados, como algunos espléndidos versos de Racine que describen a un horrendo monstruo marino, un ser mitológico que muy bien pudiera representar al que nacerá de la cibernética. ¿O quizá es que Aperghis quiere contraponer la belleza de la poesía al mundo inhumano que espera al hombre del futuro?

El final es apocalíptico: unos sonidos electrónicos que rozan lo insoportable por su fuerza y su aspereza aniquilan a los espectadores, mientras los personajes se quedan inmóviles como en una vieja foto de familia, con el padre y la madre sentados en el diván y entre ellos un pequeño y monstruoso hijo-robot. Es como un sueño angustioso pero al final, tras un instante de silencio, el público muestra su aprobación con aplausos calurosos.

Merecen elogio los cuatro intérpretes, Johanne Saunier, Donatienne Michel-Dansac, Richard Dubelski y Lionel Peintre, excelentes en el uso de sus voces en todas estas modalidades del canto y del hablado. George Aperghis se cupó personalmente de las direcciones musical y escénica con la ayuda de diversos colaboradores entre los cuales se puede citar al escenógrafo Daniel Levy y al creador del robot, Gaël Langevin.