Venecia: La elegancia del Don Juan

13 / 07 / 2019 - Veronica MAYNÉS - Tiempo de lectura: 3 minutos

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La Fenice recuperó la acertada producción de 'Don Giovanni' de Damiano Michieletto © Gran Teatro La Fenice / Michele CROSERA
La Fenice recuperó la acertada producción de 'Don Giovanni' de Damiano Michieletto © Gran Teatro La Fenice / Michele CROSERA

Teatro La Fenice

Mozart: DON GIOVANNI

Alessio Arduini, Francesca Dotto, Juan Francisco Gatell, Attila Jun, Cristina Baggio, Omar Montanari, William Corrò, Giulia Semenzato. Dirección: Jonathan Webb. Dirección de escena: Damiano Michieletto. 29 de junio de 2019.

El Teatro La Fenice recuperó la excelente producción de Don Giovanni de Damiano Michieletto que, entre otros, ganó el Premio Abbiati 2011 por su escenografía y el vestuario. La regia, ante la escenografía de Paolo Fantin, sitúa a Don Giovanni como un personaje cuya poderosa fuerza centrípeta atrae irremediablemente a todo quien se le acerca, incluso después de ser devorado por las llamas infernales.

Para enfatizar la original idea, el escenario lo constituyen varias estancias de un palacio del Settecento, todas ellas muy similares entre sí, que van moviéndose continuamente de forma circular. Aunque la producción es brillante de por sí, el movimiento causa un doble efecto: atrapa e hipnotiza al espectador –convirtiéndose también en víctima del protagonista–, pero causa un fastidioso mareo visual que, además, desvía peligrosamente la atención musical hacia la escénica.

El vestuario de Carla Teti presenta una mirada renovada de la época en la que desarrolla la acción, sobrio y elegante, y en plena concordancia con los fondos color pastel, los personajes y su carácter. También la iluminación de Fabio Barettin, con las sombras que se distorsionan hasta lo grotesco, fortalece la posición del Don Juan como titiritero de sus secuaces. Alessio Arduini fue un Don Giovanni de bello timbre y matizada línea canora, aunque faltó credibilidad teatral y garra escénica para conquistar y someter al resto de protagonistas. Su fiel Leporello –Omar Montanari– destacó por la capacidad actoral y la fuerza de su canto; aun así, la idea de que tartamudease constantemente en el recitativo, creó un estrés innecesario al oyente. Attila Jun fue un Commendatore excelente, de voz con hermosas –y cavernosas– resonancias que otorgaron credibilidad a su personaje, además de su estudiada presencia escénica.

El rol de Donna Elvira fue asumido en el último momento por Claudia Pavone, quien mostró agudos recios y una amplia paleta sonora, cuya bellísima expresividad se resumió en la excelente interpretación que hizo de “Ah! Chi mi dice mai”. Juan Francisco Gatell, aunque apareció en escena un tanto titubeante, ofreció un momento de gloria en “Dalla sua pace”, deteniendo el metrónomo a voluntad para lograr un momento de reflexión pleno de matices conmovedores. Francesca Dotto fue una Donna Anna segura de sí misma en lo vocal, refinada en la expresión y convincente en lo teatral. Zerlina –Giulia Semenzato– y Masetto –William Corrò– aportaron el punto de frescura necesario para sus personajes.

La dirección de Jonathan Webb no logró reproducir los claroscuros obligados del dramma giocoso: hubo pocos contrastes entre lo cómico y lo trágico, falta de vigor, seducción y comicidad en las apariciones de Don Giovanni, poca imaginación para ir más allá de la partitura y, lo más grave, numerosos desajustes entre los solistas y la orquesta hasta el punto de no coincidir en el tempo de la ejecución y no mostrar flexibilidad para apoyar a los cantantes. Los ensayos han de servir para algo.