Venecia: Dos novedades en la Bienal

07 / 10 / 2019 - Mauro MARIANI - Tiempo de lectura: 3 min

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Una escena del estreno de Lucia Ronchetti © Bienal de Venecia / Andrea AVEZZÙ
Una escena del estreno de Lucia Ronchetti © Bienal de Venecia / Andrea AVEZZÙ
Un momento de la ópera de Filippo Perocco © Bienal de Venecia / Andrea AVEZZÙ

Festival de Música Contemporánea - Biennale

Filippo Perocco: COME FOGLIA OPACA / Lucia Ronchetti: THE PIRATE WHO DOES NOT KNOW THE VALUE OF PI

Estreno absoluto

Livia Rado, Esther-Elisabeth Rispens. Dirección: Filippo Perocco. Dirección de escena: Antonio Pocetti. Teatro del Arsenale, 28 de septiembre de 2019.

El Festival de Música Contemporánea de la Bienal de Venecia ofreció en la misma velada el estreno absoluto de dos óperas en un acto encargadas a dos de los más apreciados compositores de ópera italianos, aunque quizá sería más exacto en este caso hablar de teatro musical antes que de ópera en el sentido tradicional, como Filippo Perocco, que en 2017 ganó el premio de la crítica italiana al mejor compositor del año, y Lucia Ronchetti, la compositora contemporánea de ópera más representada en Europa y que estuvo también en la reapertura de la Staatsoper de Berlín en 2017 después de su largo período de restauración.

"El director de escena Antonio Pocetti ideó una acción reducida a los mínimos, que se adecuaba muy bien al tono casi onírico de la música"

Ambas óperas se hicieron apreciar, aun siendo muy distintas entre sí. Tenían en común al autor de los textos, el poeta ruso-americano Eugene Ostashevsky, cuya poesía resulta muy particular, como la relativa a las manos –las manos sienten, hablan, son como un retrato de la persona como la cara y aún más– escogidas por Perocco para Come foglia opaca. El compositor escribió una música refinada y fascinante que sigue el estatismo del texto, y el director de escena Antonio Pocetti ideó una acción reducida a los mínimos, que se adecuaba muy bien al tono casi onírico de la música. La protagonista aparece dormida al principio para levantarse, luego y moverse como una sonámbula en un difícil recorrido entre diversas plataformas de diversa altura e inclinación, para finalmente volver a inmovilizarse en una posición fetal: todo muy sencillo pero sugestivo. La única intérprete en escena, Licia Rado. Estuvo perfecta como cantante y como actriz.

Para su ópera The pirate who does not know the value of Pi Ronchetti eligió nueve poesías que tienen como protagonista a un papagayo que habla y que ha naufragado en una isla desierta junto a algunos piratas. También en este caso la acción es prácticamente inexistente, pero Ronchetti tiene un extraordinario sentido del teatro y transforma cada una de las poesías en una pequeña escena dramática, utilizando hábilmente todos los medios puestos a su disposición. De la partitura hecha con pocos sonidos de Perocco se pasa aquí a la música vivaz y caótica de Ronchetti, que mezcla todos los estilos desde la canción popular al madrigal antiguo con resultados sorprendentes. Hay una sola protagonista, la estupenda y simpática Esther-Elisabeth Rispens, que interpreta ya sea al papagayo o al pirata, aunque la compositora exige mucho a los instrumentistas, que además tocar tienen que hablar, cantar y emitir sonidos indeterminados. También aquí el director escénico Pocetti desarrolló un trabajo magnífico. Bien realizada la escenografía casi abstracta de Antonino Viola, consistente en una estructura en madera y sábanas azules que sugerían de manera eficaz los restos de la nave naufragada y las olas del mar. Perocco dirigió al Ensemble Arsenale de manera atenta y precisa tanto en su propia ópera como en la de Ronchetti.