Valladolid: Flórez, brillante y sin riesgos

27 / 05 / 2019 - Agustín ACHÚCARRO - Tiempo de lectura: 2 minutos

Print Friendly, PDF & Email
Juan Diego Flórez fue la estrella del concierto extraordinario de la OSCyL que interpretó junto a junto a la soprano Fatma Said © OSCyL / Miguel SANTOS
Juan Diego Flórez fue la estrella del concierto extraordinario de la OSCyL que interpretó junto a junto a la soprano Fatma Said © OSCyL / Miguel SANTOS

Auditorio Miguel Delibes

Concierto JUAN DIEGO FLÓREZ

Oberturas, arias y dúos de Thomas, Gounod, Donizetti, Massenet, Mascagni y Puccini. Fatma Said, soprano. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Dirección: Guillermo García Calvo. Concierto extraordinario de la Sinfónica de Castilla y León. 10 de mayo de 2019.

La sola presencia de Juan Diego Flórez, que llegó a Valladolid junto a la soprano Fatma Said, creó una expectación inusitada que se puso de manifiesto nada más aparecer el tenor en el escenario de un auditorio en el que precisamente no se prodigan las figuras de la lírica. Flórez, que durante mayo realizó una gira por diversas ciudades españolas (en algunas en recital en solitario, en otras en concierto y acompañado) basó el programa en la ópera francesa, el bel canto romántico italiano y una aproximación final al Puccini de La Bohème, repertorio donde jugó sus bazas: atento a los matices, sobrado en los agudos, aunque en este aspecto no hizo el menor exceso, y con una emisión equilibrada.

El cantante fraseó “Ah! Lève-toi soleil” de manera fascinante, mientras que a “Tombe degli avi miei…”, a pesar de sus indudables valores, pudo darle mayor tensión y enfatizar ciertos matices. Impecable su “Salut, demeure chaste et pure” con un legato, un sentido de la melodía y una dejación admirable, y menos convincente su “Che gelida manina” algo empequeñecida por una coloración no muy variada y un recogimiento que pudo ser excesivo.

La soprano Fatma Said partió de un registro central bien templado y una soltura que le permitió dar la réplica oportuna al tenor en los dúos, en donde ambos se conjuntaron perfectamente, dándose cada uno su espacio. En las arias las cosas variaron algo para la soprano, empezando por las fioriture, a veces no del todo precisas, como en el caso de “Je veux vivre”; efectos en los que consiguió mejores resultados en el aria de Manon.

La Orquesta Sinfónica de Castilla y León bajo la dirección de Guillermo García Calvo estuvo irregular: sonó excesiva la obertura de La Favorita, con escasez de matices, y en no pocas arias, como en la de Edgardo, que pide por momentos sonidos más oscuros, no llegaron a alcanzar ni una coloración, ni un sentido de la melodía enjundiosos. Se plegaron con fortuna a las necesidades de las voces, de manera muy notable en los dúos. Uno de sus mejores momentos pudo llegar en la interpretación del Intermedio de El amigo Fritz. Por muy habitual que pueda ser no benefició al resultado final el hecho de que hubiera solo un ensayo por parte de los cantantes y que fuera la misma tarde del concierto.

La tanda de bises comenzó con Juan Diego Flórez a la guitarra interpretando canciones populares. Tras éstas llevó al público a una entrega sin reservas, con un tenor desmelenado, en particular con «Granada» y “Torero quiero ser”. Un triunfo de un Juan Diego Flórez que, por encima del valor de su actuación, pareció medir sus esfuerzos sin dar más de lo estrictamente preciso, lo que provocó que no alcanzara ese nivel que le hace por derecho propio estar en el Olimpo de las voces.