Valencia: Una 'Tabernera' de primera

28 / 10 / 2019 - César RUS - Tiempo de lectura: 3 min

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La tabernera del puerto Marina Monzó triunfó con su tabernera © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO
La tabernera del puerto Una imagen de la magnífica producción de Mario Gas © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO

Palau de Les Arts

Sorozábal: LA TABERNERA DEL PUERTO

Marina Monzó, Àngel Òdena, Antonio Gandía, Rubén Amoretti, Ruth González, Vicky Peña, Pep Molina. Dirección: Guillermo García-Calvo. Dirección de escena: Mario Gas. 27 de octubre 2019.

Esta Tabernera del puerto es sin duda uno de los mejores espectáculos de zarzuela programados en la historia de Les Arts, tanto por el nivel escénico del espectáculo como por el musical. Mario Gas firma un trabajo teatral exquisito. La propuesta es de concepción realista, pero no por ello tópica.

Lo costumbrista se reduce a lo necesario pero plasma, con gran eficiencia, el lumpen mundo portuario. Hay que destacar la escena inicial del tercer acto en la que, gracias a la tecnología y por medio de la combinación de proyecciones y movimiento escénico, logra dotar de realismo a la escena de naufragio.

"Musicalmente, Guillermo García-Calvo impuso el más absoluto rigor y Àngel Òdena fue un excelente Juan de Eguía por timbre, carácter y línea de canto"

Musicalmente Guillermo García-Calvo impuso el más absoluto rigor. En ese sentido, conviene subrayar la calidad de la escritura orquestal de la partitura de Sorozábal que, al contar con las excelencias de la Orquesta de la Comunitat, dio como resultado una brillantísima interpretación, algo que ya se pudo adivinar en el preludio con unas trompas precisas y de áurico color. Dicho lo cual, también hay que decir que faltó flexibilidad a la hora de conciliar su labor con el canto: en ocasiones, las dinámicas no eran adecuadas y no siempre anduvieron conjuntados con las voces. En eso tuvo que ver también la labor de los cantantes.

Por ejemplo, Àngel Òdena fue un excelente Juan de Eguía por timbre, carácter y línea de canto, pero no siempre preciso en la métrica, lo que generó desencuentros con la orquesta. Algo meramente anecdótico en su magnífica actuación.

La jovencísima soprano valenciana Marina Monzó fue una de las triunfadoras de la noche gracias a la frescura de una voz lírica con un carnoso centro. Cierto es que en un teatro como Les Arts hay que tener en cuenta las dimensiones de la sala y que la voz, en ocasiones (sobre todo al inicio), no superaba con facilidad el foso. En ese sentido, tiene que mejorar la proyección o bastaría con una articulación más marcada para que la voz llegase mejor al final de la sala.

El también valenciano Antonio Gandía fue un Leandro de canto aristocrático con una técnica, sencillamente, impoluta por impostación y emisión, además, combinada con un depurado y elegante fraseo. El cuarteto de lujo lo completó Rubén Amoretti quien impuso un Simpson simplemente de antología. Su versión de la romanza “Despierta negro” fue un ejemplo de canto superlativo con un uso de los reguladores magistral.

Menos convincentes resultaron los papeles secundarios. Ruth González como Abel estuvo carismática, simpática y creíble a nivel actoral, pero su canto no fue especialmente brillante. Algo similar cabría decir de la pareja de ancianos, los consagrados Pep Molina y Vicky Peña, quienes como actores resultaron excelentes, por simpatía y autenticidad, pero vocalmente no convencieron, especialmente ella, cuya intervención en el dúo cómico provocó risa, pero no fue por el efecto cómico…

Por último, hay que mencionar al Cor de la casa que, como siempre, no se quedó atrás en cuanto a excelencia respecto a la orquesta. Así pues, este espectáculo aportó un éxito que solo se puede comparar, en este género, con el logrado hace unos años con El rey que rabió o con Luisa Fernanda. Lo precios populares de estas funciones, además, lo hacen accesible a un público más amplio, si bien es cierto que no se llenó la sala, como sí ocurrió hace una semanas con Le nozze di Figaro.