Valencia: Penella, entre el tabú y la caricatura

11 / 04 / 2019 - César RUS - Tiempo de lectura: 3 minutos

Las melodías de tintes folclóricos no acabaron de encajar en una trama dura a pesar del ingenioso montaje de Emilio López © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO y Mikel PONCE
Las melodías de tintes folclóricos no acabaron de encajar en una trama dura a pesar del ingenioso montaje de Emilio López © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO y Mikel PONCE
Las melodías de tintes folclóricos no acabaron de encajar en una trama dura a pesar del ingenioso montaje de Emilio López © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO y Mikel PONCE

Palau de Les Arts

Penella LA MALQUERIDA

Sandra Ferrández, César Méndez, Vicent Romero, María Caballero, José Enrique Requena, Andrea Orjuela, Nacho Fresneda, Victoria Salvador. Dirección: Santiago Serrate. Dirección de escena: Emilio López. 11 de abril de 2019.

Había expectación por ver La Malquerida en Valencia, ciudad natal del compositor. La producción venía de los Teatros del Canal –estrenada en 2017– y este mes llegó al Teatre Martin i Soler del Palau de Les Arts; dicha expectación acabó plasmándose en cierta decepción. Jacinto Benavente escribió este drama rural en 1913 y con él logró bastantes éxitos; fue llevada al cine en dos ocasiones y es una de las obras más interpretadas del Nobel. Sin embargo, en zarzuela no acaba de funcionar. Conviene recordar que la trama presenta temas duros y cercanos al tabú, pues relata como un padrastro (Esteban) está obsesionada por su hijastra (Acacia) hasta el punto de asesinar al prometido de la chica.

Lo que para parámetros actuales sería un caso de acoso o abuso, aquí se torna en un dramón de tintes freudianos cuando Acacia confiesa que en lo íntimo desea a Esteban. Esa trama, que es casi una síntesis de Salome y Elektra musicada con el lenguaje de la zarzuela resulta definitivamente poco creíble y casi grotesca a ojos actuales. No es que la música sea de poca calidad, simplemente no resulta adecuada para un drama tan duro. Las melodías de tintes folclóricos, los ritmos y las armonías de la zarzuela hacían de la situación escénica una caricatura. Además, Penella no renuncia a los recursos tópicos, como el dúo cómico, que en una trama así resulta extemporáneo.

© Palau de Les Arts / Miguel LORENZO y Mikel PONCE

La propuesta de Emilio López sitúa la trama en un espacio móvil ambientado en México

No contribuyó a dignificar la obra el director Santiago Serrate con una conducción obvia que hizo sonar a la excelsa Orquestra de la Comunitat Valenciana como una orquestina de compañía zarzuelera de segunda. Por cierto, en la música se incluyeron dos romanzas que no pertenecen a esta obra, sino a Hermano Lobo y Curro Gallardo. Desde el punto de vista escénico, Emilio López toma la obra con cariño; sitúa la acción en México, donde murió Penella y donde Benavente trabajó en una de las adaptaciones de esta obra al cine. La decisión es un acierto, como también lo es crear un espacio móvil en el cual desarrollar las escenas; un espacio construido con una estética propia de este género. Pero lo más destacado fue su trabajo con cantantes y actores para dotar de credibilidad a la trama; cierto es que no todos los cantantes se prestaron con la misma entrega, y algunos en las partes habladas parecían algo ausentes, pero el trabajo del director valenciano fue de primerísima factura.

Del reparto destacó Sandra Ferrández (Raimunda) por su entrega y convicción en la defensa de la obra, tanto en las partes cantadas como las habladas. Los otros tres papeles principales se encomendaron a estudiantes del Centre de Perfeccionament de Les Arts. El barítono César Méndez (Esteban) tuvo que enfrentarse a una partitura escrita en una tesitura más bien aguda, reto del que salió más que bien parado. María Caballero hizo lo propio con Acacia, dotándola de lirismo y buen canto. El tenor valenciano Vicent Romero encarnó a un atormentado y compungido Norberto con arrojo vocal y escénico. Del resto del reparto destacaron los actores Nacho Fresneda (Rubio) y Victoria Salvador (Juliana).