Valencia: Nucci, debut y triunfo

13 / 05 / 2019 - César RUS - Tiempo de lectura: 2 minutos

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Junto a Leo Nucci, el tenor Celso Albelo firmó un Duca de primerísima factura en esta producción de Emilio Sagi © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO
Junto a Leo Nucci, el tenor Celso Albelo firmó un Duca de primerísima factura en esta producción de Emilio Sagi © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO
Junto a Leo Nucci, el tenor Celso Albelo firmó un Duca de primerísima factura en esta producción de Emilio Sagi © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO
Junto a Leo Nucci, el tenor Celso Albelo firmó un Duca de primerísima factura en esta producción de Emilio Sagi © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO

Palau de Les Arts

Verdi: RIGOLETTO

Primer bis en la historia de Les Arts

Leo Nucci, Celso Albelo, Maria Grazia Schiavo, Marco Spotti, Nino Surguladze, Marta Di Stefano, Gabriele Sagona, Alberto Bonifazio. Dirección: Roberto Abbado. Dirección de escena: Emilio Sagi. 11 y 19 de mayo de 2019.

Leo Nucci a sus 77 años debutó a lo grande en el Palau de Les Arts con Rigoletto, tal vez el papel más emblemático de su carrera. Era la tercera vez que el legendario barítono italiano –Premio ÓPERA ACTUAL 2013– estaba anunciado en el coliseo valenciano, pues ya se canceló hace años un concierto con motivo de las obras en Les Arts para reponer el trencadís y también estuvo programado para interpretar Nabucco, compromiso que finalmente no realizó por problemas de salud. Los admiradores del cantante todavía dudaban hasta días antes del estreno si finalmente vendría esta vez, pero al final llegó el momento y su mítico Rigoletto no defraudó regalando al público –y a sí mismo– el bis de “Sì, vendetta” que se ha convertido en uno de sus emblemas y que en este caso sirvió tanto para confirmar el éxito de su debut, como para protagonizar el primer bis de la historia de este teatro. Coprotagonista de la hazaña fue la soprano Maria Grazia Schiavo, pues no hay que olvidar que el pasaje que se repitió es un fragmento de un dúo.

Del Rigoletto de Leo Nucci poco se puede añadir: lleva décadas siendo referencia absoluta en el papel. No obstante, no se puede obviar el hecho de que a su edad parece milagroso cantar a ese nivel, con esa facilidad de proyección, solvencia en el agudo y control de los reguladores. Afortunadamente no se quedó atrás el resto del reparto, con un nutrido grupo de excelentes cantantes entre los que se estableció una evidente química vocal.

El segundo barítono del reparto fue Vladimir Stoyanov. El día 19 dio muestras de su notable calidad vocal con una línea de canto lírica y plena, especialmente en el centro; destacó particularmente en los dúos con Gilda por la delicadeza de su canto con el que arropó a su colega. Además, en escena fue un Rigoletto más noble y humano.

© Palau de Les Arts / Miguel LORENZO

Leo Nucci reafirmó el éxito de su debut en València regalando el bis de "Sì, vendetta"

Celso Albelo firmó un Duca de primerísima factura, con una voz pletórica, lírica y clara; su facilidad para el agudo es célebre, pero también hay que subrayar la elegancia aristocrática del fraseo; por si fuera poco, cerró su actuación con una impecable e impresionante sfumatura del si natural. Maria Grazia Schiavo ofreció una Gilda más lírica que ligera, lo cual se agradece, pues permite dotar al personaje de una mayor gama de colores; fue la suya una interpretación marcada por la elegancia, aunque se le vio siempre apurada en el sobreagudo. Algo similar se podría afirmar de Marco Spotti, dueño de un canto ligado y bien articulado que le sirvió para perfilar un Sparafucile algo esquivo. Nino Surguladze como Maddalena convenció tanto por voz, como en escena, por su carnalidad y sensualidad.

Roberto Abbado condujo una lectura orquestal llena de delicadeza y matices tímbricos y dinámicos; por ejemplo, se pudo apreciar el pizzicato del dúo final que tan difícil es de percibir en muchas interpretaciones consiguiendo que la Orquestra de la Comunitat sonase flexible y atenta a los cantantes, detalle que pocas veces hace el conjunto valenciano. En esas circunstancias se pudo explotar todo su potencial y excelencia, en medio de la cual, la leve entrada en falso del clarinete al final de “La dona è mobile” quedó como simpática anécdota.

Emilio Sagi construye una escena de líneas sencillas y claras en un espacio atemporal (como suele ocurrir en sus producciones) que a veces recordaba una especie de motel. En su visión de la ópera el sexo está omnipresente incluso donde no se lo espera, como entre el Duca y Giovanna o en una incestuosa relación entre Sparafucile y Maddalena; esto último puede servir para justificar que Sparafucile ceda a la petición de su hermana… Pero no deja de chocar.