Una 'Traviata' íntima en las termas de Caracalla

Roma

24 / 07 / 2025 - Mauro MARIANI - Tiempo de lectura: 3 min

roma verdi Corinne Winters como Violetta © Opera di Roma / Fabrizio SANSONI
roma verdi La nueva producción de 'La Traviata' de Slava Daubnerova © Opera di Roma / Fabrizio SANSONI
roma verdi La nueva producción de 'La Traviata' de Slava Daubnerova © Opera di Roma / Fabrizio SANSONI

Teatro dell'Opera - Caracalla Festival

Verdi: LA TRAVIATA

Nueva producción

Corinne Winters, Piotr Buszewski, Luca Micheletti. Dirección musical: Francesco Lanzillotta. Dirección de escena: Sláva Daubnerová. Termas de Caracalla, 19 de julio de 2025.

El espectáculo más esperado del Caracalla Festival —la temporada veraniega de óperas, ballets y conciertos del Teatro dell’Opera de Roma— fue este año La Traviata, drama íntimo que transcurre íntegramente en residencias de la alta sociedad parisina de mediados del siglo XIX, y que por ello parece poco adecuado para espacios inmensos como los de las termas de la Roma imperial. Pero la directora de escena Sláva Daubnerová logró recrear una Traviata íntima, centrada en los sentimientos más auténticos y profundos de Violetta.

El escenógrafo Alexandre Corazzola redujo la amplitud del escenario, ocupando todo el lado derecho con el colosal busto de una mujer desnuda, sin cabeza ni un brazo, que recuerda a una escultura clásica —sirviendo así como nexo entre la escenografía moderna y las ruinas de la antigua Roma— pero que al mismo tiempo representa a Violetta, ya que sostiene entre los dedos un cigarrillo, como hace la protagonista a lo largo de la ópera, fumando constantemente como si quisiera acelerar la acción de la tuberculosis que la llevará a la muerte. El resto del escenario está casi vacío, salvo por algunos muebles que sirven para situar la acción.

Daubnerová utiliza un lenguaje teatral moderno, pero, a diferencia de otros colegas, no traiciona a Verdi con invenciones rebuscadas. La narración se centra en Violetta, “en su soledad, en el sufrimiento causado por el estigma social de la enfermedad y la prostitución”, como dice la joven directora escénica eslovaca. La protagonista lleva durante gran parte de la ópera un ceñido body negro, no para hacerla parecer sexy, sino para mostrar que está expuesta, indefensa frente a los abusos de esos burgueses moralistas y biempensantes, todos —hombres y mujeres— vestidos con trajes negros decimonónicos.

"Esta puesta en escena no habría sido posible sin Corinne Winters, no porque su físico le permita estar en escena con solo un body, sino porque es una actriz formidable y, sobre todo, una gran cantante"

Daubnerová exige de Violetta una interpretación intensa y dramática, ahondando en su psicología, como hace el propio Verdi: algo que era nuevo y absolutamente moderno en una ópera de aquellos años. Esta puesta en escena no habría sido posible sin Corinne Winters, no porque su físico le permita estar en escena con solo un body, sino porque es una actriz formidable y, sobre todo, una gran cantante: no tiene ninguna dificultad con las complejas agilidades belcantistas de “Sempre libera”, pero además es insuperable al dar un profundo significado a cada nota.

Los demás personajes no tienen relevancia individual, como si no tuvieran vida propia y fuesen solo recuerdos y pensamientos de Violetta. Aquí Alfredo es un hombre insulso, que adquiere importancia solo porque Violetta se ilusiona con la posibilidad de un amor verdadero junto a él. Por eso, el timbre sin encanto y el fraseo rígido e inexpresivo de Piotr Buszewski resultaron paradójicamente ideales para el rol. Giorgio Germont fue interpretado por Luca Micheletti, impecable tanto vocal como escénicamente; también es algo rígido, pero esto le va al personaje.

Otro gran protagonista fue el maestro Francesco Lanzillotta; sus tempi fueron ligeramente más lentos y las dinámicas más contenidas de lo habitual, lo que le permitió explorar el alma de Violetta y destacar innumerables detalles orquestales, pequeños pero esenciales para retratar a un personaje que no es superficialmente melodramático, sino dramático en el sentido más verdadero. La dirección no se limitó a detalles aislados, sino que tuvo también un gran aliento dramático, como en el acto final: profundamente humano, doloroso, trágico, desgarrador, sin un solo momento de caída de tensión.  * Mauro MARIANI, corresponsal en Roma de ÓPERA ACTUAL

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