Una 'Traviata' en el corazón de Italia dirigida por un chileno y un alemán

Macerata

03 / 08 / 2021 - Mauro MARIANI - Tiempo de lectura: 2 min

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Traviata Macerata / operaactual.com Una escena de esta 'Traviata' dirigida por Bortolameolli y Brockhaus © Festival de Macerata / TABOCCHINI-ZANCONI
Traviata Macerata / operaactual.com Una escena de esta 'Traviata' dirigida por Bortolameolli y Brockhaus © Festival de Macerata / TABOCCHINI-ZANCONI
Traviata Macerata / operaactual.com Una escena de esta 'Traviata' dirigida por Bortolameolli y Brockhaus © Festival de Macerata / TABOCCHINI-ZANCONI
Traviata Macerata / operaactual.com Una escena de esta 'Traviata' dirigida por Bortolameolli y Brockhaus © Festival de Macerata / TABOCCHINI-ZANCONI

Macerata Opera Festival

Verdi: LA TRAVIATA

Conmemoración del Centenario del Festival

Claudia Pavone, Marco Ciaponi, Sergio Vitale, Estibaliz Martyn. Dirección musical: Paolo Bortolameolli. Dirección de escena: Henning Brockhaus. Arena Sferisterio, 31 de julio de 2021.

Así como el pasado año el Festival de Macerata se redujo y limitó sus intérpretes a aquellos de nacionalidad italiana, este año se aprecia una breve apertura internacional al recibir en el podio al joven director chileno Paolo Bortolameolli, así como al director de escena alemán Henning Brockhaus, muy activo en diversos teatros del país transalpino. Ambos han sido los responsables de esta Traviata que celebra el centenario del certamen lírico estival de Macerata, un montaje que se presentó en el Sferisterio en 1992 y que fue repuesto muchas veces no solo en Macerata sino también en muchos otros teatros italianos y extranjeros. Se le ha definido como «la Traviata de los espejos», ya que el elemento dominante del espectáculo es un enorme espejo inclinado en 45º sobre el escenario de manera que el público puede ver a los personajes en escena y también su imagen reflejada. De este modo, cada personaje da a la vez la impresión de ser seres vivos e imaginarios, diluyendo así los límites entre sueño y realidad. El autor de la escenografía fue el gran Josef Svoboda, fallecido en 2002, que alineándose con las ideas del modernismo y del futurismo, consideraba la escenografía no como un simple marco, sino como un elemento que tenía que participar activamente en el espectáculo teatral.

Este espejo, en realidad, no está nunca inmóvil sino que al final se eleva y refleja la imagen de la platea, de modo que los espectadores quedan así de alguna manera integrados en la representación y se ven implicados emocionalmente en ese trágico momento, sintiéndose corresponsables de la muerte de Violetta, víctima no solo de la tuberculosis sino también de la hipocresía de la sociedad burguesa. Podía temerse que después de casi 30 años el espectáculo se hubiera convertido en un monumento del pasado, perdiendo su capacidad de sorprender al espectador, pero lo cierto es que sigue siendo efectivo y emocionante.

"Claudia Pavone convenció porque su interpretación se basaba en los sutiles matices psicológicos del personaje y no en grandes desahogos melodramáticos"

La dirección escénica de Brockhaus es tradicional, pero no trivial, y cede a la escenografía el papel de protagonista. Para esta reposición el regista alemán realizó algunas modificaciones, la más evidente de las cuales fue la de dar a las fiestas de Violetta y de Flora un vertiginoso ritmo de danza –la coreografía era de Valentina Escobar–  que contagia a todos los invitados, dominados por el frenesí de gozar de los placeres de la vida. Este montaje histórico fue adjudicado a cantantes jóvenes, algunos de los cuales ni siquiera habían nacido en 1992, quienes ofrecieron una bellísima interpretación, más por el frescor y la espontaneidad de su interpretación que por condiciones estrictamente vocales. A Claudia Pavone hubiera podido pedírsele un mayor aliento en frases apasionadas como «Non sapete quale affetto» o «Amami, Alfredo» , pero su interpretación convenció precisamente porque se basaba en los sutiles matices psicológicos y no en los grandes desahogos melodramáticos de ciertas Violettas excesivamente  matronales. En segundo plano quedaron los límites de una voz de soprano ligera de timbre agradable, pero que en los momentos de mayor dramatismo tenían que recurrir a un vibrato excesivo.

Del mismo modo Marco Ciaponi, aun sin el squillo que puedan exhibir otros tenores  en el aria y cabaletta de principios del segundo acto, resultó muy creíble como joven provinciano entusiasta, ingenuo e indefenso, poco preparado para las insidias de la vida mundana de una gran metrópoli. Sergio Vitale evidenció cómo ese Giorgio Germont que Verdi pintó como un burgués moralista y rígido no puede ser tan insensible como para no sentir compasión por Violetta y afecto hacia su hijo. Entre los comprimarios merece ser destacada la Annina de Estibaliz Martyn.

Contribuía fundamentalmente a tan bella ejecución la concertación de Paolo Bortolameolli. El joven director ítalo-chileno está desarrollando una brillante carrera en Estados Unidos, especialmente en el campo sinfónico, y posiblemente por ello dirigió los cuatro grandes cuadros en que se divide La Traviata como cuatro movimientos de un gran fresco sonoro que expresó con gran profundidad, sin apoyarse en exceso en los momentos de mayor efecto y siguiendo paso a paso el camino que conduce a Violetta a su trágico final. * Mauro MARIANI, corresponsal en Roma de ÓPERA ACTUAL